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Ir al psicólogo: ¿cosa de locos o cosa de todos?

Escrito por: Raquel Trillo Pascual y Sara Pérez González

La pandemia que llevamos viviendo casi tres años no sólo ha tenido impacto en nuestra vida a nivel social. Es evidente que una de las grandes perjudicadas ha sido nuestra salud mental, cuestión que antes de la pandemia no se valoraba ni la mitad que actualmente. Por ello, acudir al psicólogo es crucial. 

Lo que nadie puede negar es que desde siempre el hecho de ir al psicólogo estaba considerado algo grave, incluso para algunos “el remedio para los locos”. Años atrás, la frase “hoy tengo psicólogo” llamaba la atención o sorprendía al resto. Hoy en día no solo se escuchan frases como ”ayer mi psicólogo me dijo” o “mañana tengo cita con mi psicólogo” sino que el hecho de querer ir se está normalizando cada vez más. Pero, poder acudir, ¿está realmente al alcance de todos?

¿Es tan fácil? 

A pesar de que la salud es un derecho público, universal y gratuito en España, lamentablemente la mental “no lo es”. En la sanidad pública, hay 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes. Las largas listas de espera y la atención a este tipo de necesidades hacen que solo algunos afortunados puedan disfrutar de ella. No es accesible para todos. Podría decirse que ir al psicólogo hoy en día es un lujo, algo de privilegiados.

Es inadmisible que aquellos que tengan una dificultad económica (muchas veces conllevando también una discriminación social), no puedan permitirse el hecho de ir al psicólogo. Esto atenta también contra el concepto de “meritocracia” que se escucha hoy en día, porque no existen las mismas oportunidades para todos. No cualquiera puede acceder a un psicólogo, lo que provoca que no partan de la misma base ni puedan progresar de la misma manera. Es un problema de base y sistemático.

Según el Colegio General de Psicólogos la lista de espera es de cuatro o cinco meses en primeras consultas. Esto es, para la salud mental, una catástrofe. Hay veces que no hay tanto tiempo. Si aún después de tomar la desgraciadamente difícil pero muy acertada decisión de por fin ir al psicólogo pero lo que hacen es darnos meses de espera, en realidad no hay una ayuda sino un sentimiento incluso de frustración mayor, destacando como consecuencia los datos del suicidio en España.

En 2020 fueron 3.941 personas las que se suicidaron, suponiendo así según el Observatorio del Suicidio, el máximo histórico. El suicidio es ya la primera causa de muerte tras los tumores en el caso de los jóvenes de 15 a 29 años y la primera de los varones de dicha edad. Además, por los datos que proporciona el Ministerio de Sanidad podemos observar que las hospitalizaciones por autolesiones en la población de 10 a 24 años se han triplicado en las últimas décadas.

Es algo grave, que cada vez va en aumento, que no se puede posponer para “más tarde”. Es una urgencia social poner el foco en el problema y empezar a actuar para mitigarlo. En el caso de la salud mental, como con cualquier enfermedad, cuanto antes se detecte, mejor y más fácil será la búsqueda de soluciones, antes de que sea demasiado tarde.

Nos estamos quedando sin fuerzas

Es evidente que convivir con una pandemia no trae muchas cosas buenas, por no decir ninguna. Al contrario, ahora son muchas las personas, sea de la edad que sean, se levantan desganadas, sin actitud, cada vez con menos ambiciones e invadidos por la desgana e incluso por la depresión. 

Desde el miedo a ser contagiados, a contagiar a su entorno, a perder el trabajo, hasta el miedo a morir, es lo que está presente en nuestra sociedad y en todo el mundo. Ya es hora de que normalicemos que estar mal, es una consecuencia de lo que estamos viviendo. Frenar la pandemia no depende del todo de nosotros , pero cómo tratamos las consecuencias que nos provoca sí, de hecho, sólo está en nuestra mano. 

Muchos defienden que hablar con un especialista no les va a dar la fórmula que solucione sus problemas, y tienen razón, ojalá tuvieran ese poder. Sin embargo, el simple hecho de verbalizar y comunicar lo que te ocurre en el momento ya es un paso muy avanzado en el camino de superar tu problema.

Silueta ansiedad o depresión | Fuente: pixabay

Dejemos de mirar raro o tachar de “débiles” a los que acuden al psicólogo o a los que nos dicen que tienen depresión. Dejemos el tabú de lado y empecemos a darles la mano, a hablar con ellos y a escucharles. Empecemos a sentir y hablar de lo que sentimos sin ataduras ni complejos.

Una de las lecciones que nos ha traído esta pandemia es que, al final, todos de una forma u otra, pasamos por lo mismo. Todos hemos experimentado o experimentamos momentos tan fuertes capaces de generar emociones. Y todos hemos necesitado hablar con alguien. Es por eso que no podemos permitir que en nuestra sociedad ir al psicólogo se considere un lujo, ya sea por el coste económico o bien por el estigma social.

La base del problema

Como ocurre con todo, para poner fin a algo, hay que buscar su raíz. Desde pequeños, se nos ha educado en lo puramente racional. Todos hemos estudiado matemáticas, historia o lengua , pero a casi ninguno nos han hablado ya sea en la escuela, instituto o universidad, de la inteligencia emocional o acerca de cómo gestionar nuestras emociones. Suena demasiado irónico, pues, ¿al final tu vida no se basa en lo que sientes?

Todos pasamos por momentos malos, momentos en los que nos sentimos solos, momentos en los que sentimos que el mundo se nos viene encima. Y quien tiene el poder de educar a los individuos del día de mañana desde un principio, es la escuela. Si esta no nos prepara para ello, entonces ¿de qué sirve?

Asignaturas como psicología social, bienestar o inteligencia emocional, son las necesarias para que la sociedad crezca y haga que sus individuos estén educados en los aspectos realmente importantes de la vida. La mayoría nos hemos preguntado alguna vez de qué nos sirve en un futuro lo estudiado durante la niñez, y todos llegamos a la misma conclusión:  para apenas nada. Esa educación emocional es una de las opciones para atajar y prevenir el problema del bienestar mental de las futuras generaciones.

Influencia de las redes sociales

Si ser un adolescente siempre ha sido difícil, en esta era digital lo es aún más. Estamos muy acostumbrados a mostrarnos bien. Nadie duda en exhibir sus éxitos o compartir las buenas noticias. Pero cuando estamos mal, es cuando existe un ocultamiento. Las redes sociales juegan un papel fundamental en esto. El hecho de compararse con otras personas puede llegar a afectarnos a nuestra salud mental y es importante recalcar que lo que mostramos en las redes no es nuestra realidad.

La pandemia ha aumentado el número de personas que a día de hoy se encuentran enganchadas a las redes sociales. Como entretenimiento o puro vicio, son las razones por las que la mayoría de personas, sobre todo jóvenes, las emplean. Lo que puede parecer una red creada para subir fotos, vídeos o mandar mensajes , se ha convertido en algo mucho más que eso. 

A día de hoy, las redes actúan como modelo de pensamiento y de actuación, es decir, determinan nuestra manera de actuar. Videos bailando en Tiktok hacen que esa canción se convierta en la más escuchada del momento y se ve en todas las historias de Instagram, influencers enseñando su nuevo modelito es igual al conjunto de moda… 

Redes sociales | Fuente: trecebits

Por no olvidar las miles de personas que no se sienten a gusto con su físico después de pasar horas viendo videos o imágenes de caras y cuerpos “perfectos”, los cuales curiosamente, la mayoría de veces tampoco reflejan la realidad.

Algunos puede que esto no lo relacionen o no vean la conexión con la salud mental. Pero lo cierto es que, el uso de redes sociales provoca un incremento en las tasas de ansiedad y depresión. El hecho de compararnos con lo que vemos en redes y  el número de me gustas en nuestras publicaciones de Instagram,  hace que algunos se vean inferiores cayendo incluso en la desesperación y en una baja autoestima. ¿Nos merece la pena pasar por esto por culpa de las plataformas?

Por lo que, el reto para la juventud de hoy en día, es encontrar ese equilibrio que haga posible el uso de las redes sociales sin la necesidad de que nuestra autoestima, nuestro bienestar emocional y por supuesto, nuestra salud mental, se vean afectados.

Dejemos  de vivir con prisas

Razones como divorcios o superar traumas no tienen porqué ser los únicos motivos para acudir al psicólogo. Hablar con un especialista acerca de cómo te sientes ese día o algo que te preocupe de tu semana también debería de tener la misma importancia. Hay veces que necesitamos ver las cosas de una manera más clara o desde otro punto de vista. ¿Y quién mejor que un especialista como es un psicólogo? 

El problema viene por el miedo que nos genera aceptar que necesitamos ayuda. Hay veces que cuesta ser consciente de ello y sobre todo verbalizar o exteriorizar pero cuanto antes lo hagamos, antes estaremos mejor. Parémonos a pensar por qué cuesta tanto dar este paso. Necesitar ayuda es normal, ¿quién no ha necesitado o ha brindado ayuda alguna vez? Y sin embargo, ¿por qué ese acto es causa de un sentimiento de vergüenza o incluso debilidad?

Ya es hora de parar de ocultar este estigma social que aún a día de hoy sigue vigente y de conseguir que no vuelva a ser un tema tabú en nuestra sociedad.

A todos nos han hecho alguna vez la pregunta de si somos felices en nuestra vida. Vivimos rodeados de personas que persiguen esa felicidad ideal, pero se olvidan de su propio bienestar, se olvidan de ellas mismas. Y dime tú, ¿así es posible ser feliz?

 

 

 

 

 

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