El feminismo no está de moda

0
231
Mujer tápandose el rostro - Feminismo
Mujer tápandose el rostro | Fuente: Pexels
Publicidad

A todos nos gusta estar a la última, evitar ser señalados por salirnos de los márgenes de la sociedad. Pero ¿qué ocurre cuando un tema social no está de moda?

No hay más que salir a la calle para darse cuenta: la moda de los 2000 está de vuelta. Todas las que renegábamos rotundamente del uso del tiro bajo, nos aferramos a él como nuestro mejor aliado. Vuelven las botas altas, los trench coats y las rayas. Aquellos amantes del pitillo se introducen poco a poco en el mundo de los pantalones anchos y la ropa oversize.

Es imposible escuchar Despechá de Rosalía y no ponerse a bailar, y Bad Bunny ha compuesto la banda sonora de nuestro verano. ¿En serio no vas a ir al concierto de Coldplay? Yo solo me sé tres canciones, pero ¿y lo chulos que quedan los vídeos en Instagram luego, qué?

Publicidad

Lo mejor que puedes hacer es convertirte en streamer; incluso Luis Enrique se ha sumado a esta aventura. Pero, sin duda alguna, si hablamos de moda, en Madrid se define con una palabra: libertad. Libertad para gritar a los cuatro vientos “¡Viva la Legión!”. Libertad para coartar la libertad de periodistas que tratan de hacer su trabajo y cubrir un fotorreportaje sobre una multitudinaria manifestación.

Lo que no está muy de moda es el feminismo. Al fin y al cabo, ahora se vive bien: podemos votar, trabajar, vestir como queramos… ¿De qué nos podemos quejar? Lo cierto es que los discursos feministas no hacen sino sembrar el odio entre hombres y mujeres… ¿o no?

Del «Me too» al «Not all men»

En octubre de 2017, estalló una bomba contra el productor de cine Harvey Weinstein con la publicación en The New York Times y The New Yorker de testimonios de mujeres que habían sido víctimas de acoso sexual por su parte. Lo que empezó siendo un conjunto de casos aislados, se convirtió en una catarsis del movimiento feminista.

Muchas conocidas actrices se sumaron a esta corriente, y bajo el hashtag #metoo (“yo también”) relataron sus experiencias cuando habían sido abusadas o acosadas. La iniciativa transgredió el mundo del cine, y mujeres profesionales de distintos ámbitos decidieron denunciar situaciones en las que habían sufrido las consecuencias del abuso de poder por parte de hombres de gran relevancia.

El hashtag creó una verdadera comunidad en redes sociales que dio a estas mujeres el impulso que necesitaban para contar la verdad, para dejar atrás la culpa que sentían “por no haber sabido defenderse”. Se sentían arropadas y comprendidas gracias a los testimonios de las demás. Gran parte de la población las acogió y apoyó en su lucha, y la palabra “feminismo” fue declarada palabra del año en ese mismo 2017 por el diccionario estadounidense Merriam-Webster.

Sin embargo, lo que está de moda ahora es el “not all men” (“no todos los hombres”). Con esta afirmación se pretende reivindicar que no todos los hombres abusan de las mujeres. Se acusa al movimiento feminista de basarse en generalizaciones. Pero ¿se considera generalización si el 99,6% de las agresiones sexuales a mujeres son cometidas por hombres?

Afortunadamente, no todos los hombres son maltratadores. Si eso fuera así, los datos sobre violencia de género serían bien distintos. La cuestión está en que la mayoría de maltratadores sí son hombres, y como sería imposible mencionar el nombre de cada uno de ellos cada vez que se habla de violencia de género, hablamos de “hombres” en un sentido amplio. Pero, tranquilo, si eres hombre y no eres un maltratador, no nos estamos refiriendo a ti.

No obstante, la situación es, si cabe, más preocupante cuando esta afirmación sale de la boca de una mujer. Más de una vez hemos escuchado discursos en los que se afirma que el feminismo fomenta el odio de la mujer hacia el hombre. El problema es que, cuando esto lo dice una mujer, está desautorizando una lucha que pretende brindarle una vida mejor. Las feministas también tenemos amigos hombres, incluso nos enamoramos de ellos. El feminismo no va de odio, va de igualdad.

«Son solo números»

Los datos son aburridos. ¿Quién va a perder su tiempo en consultar las cifras sobre violencia de género que publica el Ministerio de Igualdad? Efectivamente, solo unos pocos raros lo hacemos, y al analizar la situación nos damos cuenta de que quizás es un poquito más grave de lo que solemos pensar.

En lo que llevamos de 2022, 35 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. Eso son nueve más de los convocados por Luis Enrique para ir al mundial. Doce más que el total de miembros del Consejo de Ministros. Catorce de ellas tenían entre 41 y 50 años.

De 35 agresores, 25 eran españoles, o sea que va a ser que no son los inmigrantes los que traen el machismo a España. Y de ese número de agresiones, solo en 12 había denuncias previas presentadas. ¿Por qué las mujeres no denuncian? En el caso de víctimas de violencia sexual, el motivo más citado es el relativo a “era menor” o “era una niña”, mencionado por el 35,4% de las mujeres. Le siguen no conceder importancia a lo sucedido (30,5%), la vergüenza (25,9%), que la agresión haya sucedido “en tiempos en los que no se hablaba de estas cosas” (22,1%) o por temor a no ser creída (20,8%).

Según datos de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer realizada en 2019, una de cada dos mujeres mayores de 16 años residentes en España ha sufrido violencia a lo largo de su vida por el hecho de ser mujer. Una de cada dos. Si estás leyendo esto en un lugar público, mira a tu alrededor, porque es muy probable que muchas de las mujeres que ves hayan sufrido violencia de cualquier tipo en algún momento simplemente por ser mujeres.

El 14,2 % de las mujeres mayores de 16 años residentes en España han sufrido violencia física y/o sexual a manos de su pareja o expareja, lo que supone un total de 2.905.489 mujeres. Eso son casi 600.000 más de las personas que viven en todo Castilla y León. El equivalente a llenar 36,32 veces el estadio Santiago Bernabéu.

Ante esta información, ¿cuál es la percepción social sobre la violencia de género? Según un estudio realizado en 2018 por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, el 34,1 % de los hombres creen que muchas mujeres exageran el problema de la violencia machista. En el caso de las mujeres, es el 22,5 %. Es decir, que más de un tercio de los hombres y casi un cuarto de las mujeres creen que la violencia de género no es tan importante como muchas la describimos.

Darle una vuelta al discurso

Todos hemos escuchado a alguien decirnos que evita encender la televisión o la radio porque está cansado de escuchar una y otra vez lo mismo. El agotamiento informativo es un hecho, y es que el último estudio de Reuters Institute revela que el 38% de la población mundial evita informarse. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay quienes deciden cerrar sus sentidos a la realidad? Quizás sea necesario cambiar el discurso en un mundo cada vez más acelerado y globalizado, o que seamos nosotros quienes aprendamos a parar.

Con el feminismo sucede algo parecido. El hecho de que se repita siempre el mismo discurso ha generado agotamiento en parte de la población, que decide ignorar e incluso rechazar esta realidad. Ojo, la solución no es dejar de hablar de ello, ni mucho menos, pero quizás debamos darle una vuelta a la manera de educar a la sociedad.

De nada sirven las charlas en los institutos si los chicos se lo toman a risa y en su día a día no se paran ni un minuto a reflexionar sobre el tema. Si se siguen pasando entre ellos fotos íntimas de chicas de su barrio. No hay más que salir una noche de fiesta para darse cuenta de que gran parte de lo que está mal en nuestra sociedad tiene su origen ahí: chicos que no saben – o no quieren – respetar los límites, competitividad entre chicas por ver quién atrae más la atención de esos chicos, cuerpos femeninos en exhibición a cambio de “dinero fácil”. Y nadie dice nada. Parece que la única solución es renunciar a pasarlo bien en una discoteca y buscar vías alternativas.

¿Qué estamos haciendo mal? Es esencial que nos hagamos todos esta pregunta, que hagamos un poco de autocrítica individual y colectiva para tratar de poner fin a una realidad que sufren tantas y tantas mujeres. Cada vez que escucho a alguien de mi edad defendiendo ciertos discursos antifeministas, no puedo evitar que el miedo recorra mi cuerpo. ¿Será ese mi jefe cuando sea mayor? ¿O el profesor de mis hijos?

El feminismo no está de moda, pero la violencia sigue siendo tendencia. Y no podemos permitirlo.

 

Publicidad | Advertisement