El Atlético de Madrid afrontará lo que queda de temporada confiando en la cantera y en el orgullo para no acabar en un desastre que haga mirar al palco y al banquillo
Como viene siendo costumbre en estas fechas tan marcadas, las aguas del Manzanares representadas en la actual camiseta del Atlético de Madrid, se hallan embravecidas. Pocos recuerdan ahora unas navidades tranquilas por tierras rojiblancas, pero las que se están viviendo este fin de año pocas la han podido igualar.
La temporada está resultando un absoluto fracaso, no hay forma de esconderlo ni revestirlo. Esa plantilla que logró coronarse campeón hace dos años y medio, ahora no logra ni acercarse a sus rivales directos y es eliminada en fase de grupos de la Champions League con una facilidad absolutamente pasmosa. Es el año menos ‘cholista’ desde que el Cholo gobierna esos reinos hace ahora once años.
La sensación de fragilidad, de incapacidad, de falta de ideas, de carencia de soluciones es terrible. Y ante tal fracaso múltiple y palmario, parece que la única solución que han encontrado entre todos es dejar sin escudo al que hasta ahora era el jugador franquicia, Joao Félix; vender al que llegó como delantero promesa al último clasificado de la Premier League y esperar que los canteranos maquillen y agiten la coctelera lo que sea posible.
No cabe duda que Pablo Barrios y Carlos Martín pueden aportar juventud, valentía y entrega, sin ellos, Arenteiro hubiera supuesto la tumba de una década, pero afortunada o desgraciadamente, los parches no pueden tapar para siempre el agujero. Con el artillero Cunha en Wolverhampton, Joao Félix con ganas de «cambiarse de bando» y con la presión puesta en Griezmann y los chavales de la cantera, ¿de verdad está el Atlético en condiciones para quedar tercero?

Ingenuidad se podría llamar, resignación será lo que se deberá asumir. La cruda realidad es que la única esperanza de los atléticos hoy es esa, lograr un mísero tercer puesto en Liga (cosa que no es poco viendo el nivel de juego) y la Copa, una competición que ha sido sinónimo de ridículo en los últimos años y en la que un descuido puede mandarte a casa con la cabeza baja una vez más.
Y por si fuera poco, filtrar ahora el nombre de Borja Iglesias no deja de ser una estrategia antigua y ridícula. Y no por Borja, que es un delantero espectacular, sino por intentar ilusionar a una afición con rumorología cuando ya ha perdido toda confianza en su equipo y muchos, por primera vez, en su entrenador, ese que tanta gloria ha dado al reino.
A partir de ahora y después de que la bestia llamada «mundial» se haya ido de la cabeza de los futbolistas, todos los partidos serán finales para el Atlético, encuentros en los que el equipo tendrá que dar la cara y bajar la cabeza y esperar su destino. O todo o nada, o la Copa o revolución, tanto en el verde, como en las moquetas.


