Gabriela admira a las mujeres que son las primeras en hacer algo. Ella lo hace cada día, rompiendo barreras en el periodismo sobre derechos humanos.
Gabriela Mesones Rojo, periodista venezolana, ejerce el periodismo «como una forma de activismo». Se adentró en el periodismo en un momento convulso en Venezuela, y desde entonces ha desarrollado su trabajo en defensa de los derechos humanos.
Sus primeros pasos
Gabriela Mesones Rojo nació en Caracas en 1989, en medio de un gran revuelo en Venezuela. Había estallado el “Caracazo”, un aumento en el precio de la gasolina que desembocó en grandes protestas. Hija de Violeta Rojo, escritora y profesora de literatura en la Universidad Simón Bolívar, ha vivido siempre de la mano de las artes y la literatura.
Su familia materna es española, pero sus abuelos tuvieron que huir tras la Guerra Civil. Todavía siguen buscando el cuerpo de su bisabuelo. “Siento que esa parte de mi familia española dejó varias heridas que se han sentido en las nuevas generaciones.”
La crisis humanitaria, su impulso al periodismo
En 2013, Nicolás Maduro llegó al poder, y la crisis humanitaria inundó el país. En aquel momento, Gabriela trabajaba en una galería de arte. “No me sentía cómoda vendiendo obras de miles de dólares mientras a mi alrededor todo se estaba cayendo.”
Las calles de Caracas se llenaron de protestas que terminaron con la muerte de más de 40 personas. Fue en ese momento cuando Gabriela descubrió cuál era su papel y empezó su aventura en el periodismo.
Venezuela estaba siendo golpeada por la censura, más de 150 medios fueron cerrados. La falta de información llevó a la población a recurrir a las redes sociales, a las que el caos y la violencia convirtieron en un campo de desinformación. Gabriela decidió entonces colaborar con un medio que se dedicaba a la verificación de información.
En 2017 empezó a trabajar en Caracas Chronicles, un medio digital en inglés que cuenta historias locales al mundo entero. Pero el idioma se convirtió en una barrera, porque estas historias no llegaban a la población venezolana. Así, surgió Cinco8, un medio muy especial al ser uno de los primeros en contar con una sección sobre cuestiones de género. Gabriela ha colaborado también en Baynana como editora y escritora de su newsletter.
Periodismo entre sombras
En Venezuela no hay datos oficiales desde 2014. El gobierno niega la emergencia humanitaria, y las cifras muestran lo contrario. La falta de transparencia lleva a los periodistas a confiar en la información que difunden las organizaciones.
Hacer periodismo supone una peligrosa carrera de obstáculos, cualquier cobertura social conlleva riesgos. En 2018, Gabriela se centró en temas de salud. Visitó el hospital público infantil J. M. de los Ríos, uno de los más destacados de Venezuela. Jamás habría imaginado las trágicas historias que encontró tras sus puertas.
El hospital estaba custodiado por las FAES, conocidas como “escuadrones de la muerte”. Es el cuerpo de policía antisecuestro y antiextorsión, y también el que carga con el mayor número de muertes extraoficiales a sus espaldas. Así, algo que comenzó como un reportaje sencillo se convirtió en un gran peligro. Gabriela tuvo que salir del hospital para evitar ser detenida.
A la persecución estatal y la censura, se suman los ataques de los propios medios de comunicación. El programa Con el mazo dando, emitido en Venezolana de Televisión, difunde los nombres, fotografías e incluso las direcciones de muchos periodistas que denuncian la situación social en el país. Amenazan con ir a buscarlos. Por eso, son muchos los que deciden exiliarse.
Feminismo en Venezuela
La emergencia humanitaria en Venezuela golpea especialmente a sus mujeres. Las obligaciones a las que se ven sometidas, como la búsqueda del agua que tanta falta hace, les impide encontrar trabajo.
Gabriela es feminista desde que era adolescente, pero asegura que eso “en Venezuela, implica tener mucho en contra”. Es un país muy violento, y el gran problema es la normalización de esa violencia.
La violencia sexual se reduce a algo diminuto, cotidiano. Y aunque existen leyes de protección a la mujer que en el papel cumplen con los requisitos internacionales, su implementación es bien distinta. Las víctimas se ven obligadas a detallar su vida sexual en juicios tremendamente revictimizantes. Por eso, al final, la gran mayoría deciden no denunciar.
En 2020, Gabriela ayudó a impulsar la Red de Periodistas Venezolanas, formada por mujeres y personas género-diversas. En un estudio sobre el acoso sexual en el ámbito laboral, dieron con resultados abrumadores. Mujeres que negaban haber sido víctimas de acoso en el trabajo, confesaban recibir comentarios sobre su vestimenta o su cuerpo. Una prueba más del vacío existente en la educación de género.
Un año más tarde, estalló el “yo sí te creo” en Venezuela. Más de 700 testimonios recorrieron las redes sociales, marcando un importante punto de inflexión en la conversación sobre el feminismo. “No se consiguió saldar la deuda, pero sí que fue un momento de apertura”, describe Gabriela.
Un cambio en la narrativa
“El feminismo no solo se ejerce en el papel, sino también en las acciones.” Como coordinadora de equipo, Gabriela insiste en que no solo se debe plantear un periodismo con perspectiva de género, sino espacios plenamente feministas.
Pero para ello hay que informarse en profundidad, deconstruir muchas de nuestras convicciones. “Al final, todos nacimos en contextos sumamente racistas, clasistas, sexistas… y derrumbar los prejuicios requiere de educación y compromiso”.
El rol de los periodistas es clave. El problema es que muchos de ellos son sexistas, y se acercan al feminismo desde la ridiculización y la ofensa. Construir un relato comprometido con la igualdad de género es la base de una sociedad que avanza en derechos.
Gabriela destaca que un punto clave son las metodologías de entrevista a víctimas de violencia sexual. Ella trabaja cada día para que su trabajo sea respetuoso, y para que las víctimas usen el periodismo como herramienta para contar su historia. Una historia de la que siempre deben tener el control ellas, quienes la cuentan. “Muchos periodistas ponen a las víctimas entre la espada y la pared, pero ellas no se deben ni a los periodistas ni a sus audiencias.”
Mujer, feminista y periodista
“Mi mamá, mi abuela y mi hermana.” Ellas son sus grandes referentes, las tres la impresionan en distintos aspectos de la vida. Virginia Wolf la adentró en el feminismo, aunque ahora se aleje de esa visión ciertamente burguesa; Maya Angelou la cautivó por su transparencia y de Gabriela Wiener destaca su libro Sexografías.
“El periodismo me ha permitido conocer el mundo de otra forma. Me ha dado valentía”. Gabriela confiesa que el periodismo la salvó de un momento complicado en su vida.
Los temas que ha cubierto le han dejado un desgaste emocional. Asegura que muchas veces se ha visto reflejada en las situaciones que describen las víctimas y denuncia la falta de apoyo psicológico en la industria periodística, que exige sacrificios de los periodistas sin tener en cuenta que, ante todo, son personas.
“Son situaciones de riesgo que agotan y tienes que vivir cada día con ello, como si nada.” En ocasiones se ha visto volviendo a casa de cubrir una protesta con sangre en la camisa sin saber cómo ha llegado allí. Por eso ahora está enfocada en cómo las mujeres y las personas género-diversas se asocian para cambiar sus comunidades. Un periodismo mucho más positivo, centrado en celebrar el duro trabajo de las mujeres que conquistan derechos.
Ahora se encuentra en México, donde cubrirá la manifestación del 8M desde una perspectiva transfeminista. Además, en Ciudad Juárez, la ciudad con más feminicidios en América Latina estará entrevistando a abogadas que defienden a víctimas colaterales de feminicidio y a trabajadoras de las maquilas.
Allí, prepara un reportaje sobre mujeres que preparan comida para los migrantes que viajan en el “tren de la bestia” destino a Estados Unidos. Un viaje que suele terminar con muchas muertes y donde es frecuente la trata de personas.
A pesar de estar en una zona tan peligrosa, estas mujeres lo dan todo por ayudar a los demás, algo que para Gabriela es muy inspirador. “Me siento diminuta al lado de ellas.” Las describe como “estrellas del rock” sin saber que ella, con su valentía, su curiosidad y su lucha, también lo es.


