En el ‘país de la libertad’, la censura está a la orden del día. Según los últimos informes de PEN America, organización que defiende la libertad de expresión, en Estados Unidos se han registrado un total de 10.046 prohibiciones de libros en el curso escolar 2023-2024. Desde 2021, esta práctica se ha disparado en las escuelas y bibliotecas públicas.
Los Estados que baten récords en libros censurados son Iowa, cerca de los 4.000, y Florida, con casi 5.000. PEN America no ha sido la única organización en hacer saltar las alarmas sobre este tema, pues investigaciones de la ALA (siglas en inglés de Asociación Estadounidense de Bibliotecas) afirman que en 2023, los títulos destinados a la censura en las bibliotecas públicas aumentó en un 92% con respecto a 2022.
Al investigar la motivación de estas prohibiciones, podemos concluir que los grupos conservadores de Estados Unidos han sido los grandes artífices del fenómeno. Un artículo de La Vanguardia afirma que se trata de una iniciativa del Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, organización ultraconservadora Estadounidense, la cual la CNN ha relacionado íntimamente con Trump, pues 140 de sus ex-empleados están involucrados en la misma. Por otra parte, PEN America se inclina por ‘The Ed Scare’, una iniciativa que en 2021 originó la realización de las ‘Educational Gag Ordres’, una serie de medidas conservadoras enfocadas a restringir la libertad en las aulas en cuestiones de raza, sexo, identidad, entre otras cuestiones. En cambio, ALA, siendo la opción más cautelosa, se centra en los ‘grupos de presión’.
La lista de libros censurados es inmensa. En ella se encuentran desde autoras tan populares como Margaret Atwood, Sally Rooney, Cassandra Clare o Sarah J. Maas hasta otros como William Shakespeare, Oscar Wilde, Stephen King, Ernest Hemingway o nuestro querido Federico García Lorca. Han tenido especial inquina con aquellos títulos relacionados con testimonios o relatos de violencia sexual, narrativas LGBTIQ+ y ejemplares en contra de discursos racistas. Sentencian todo aquello que identifican con ideología woke.
Este acercamiento al conservadurismo puritano se extiende en la educación. El ejemplo más reciente es la imposición de la Biblia en las clases en Oklahoma, ya que según la máxima autoridad de este estado —Ryan Walters— debe ser material educativo para todos los alumnos de 10 a 18 años. Otro caso es el de Luisiana, donde obligan a exhibir los Diez Mandamientos en las aulas de colegios hasta las de universidades. De esta manera, la educación se solapa con la imposición religiosa. Estudiantes alrededor de todo Estados Unidos se ven afectados por estas prohibiciones. Así pues, una generación de lectores jovenes se ven privados de la libertad de acceso a la literatura, quizás una de las mayores fuentes de inspiración y conocimiento. Cabe destacar su papel vital durante la adolescencia, esencial en la búsqueda de uno mismo.
En las historias que nos rodean buscamos referentes, sueños e incluso ideas. Para muchos adolescentes, las aventuras ajenas les han permitido asomarse a otras realidades o escapar de la propia. Ante el sufrimiento, verse representado en un igual suele ayudar, y muchos libros saben acompañarnos en momentos difíciles. Incluso para entender que no estás sola en el mundo, que no te estas volviendo loco o que el intenso dolor en el pecho tras una pérdida nos habita en realidad desde que aprendemos a amar.
Es inevitable sentir una profunda indignación por este fenómeno, pues no hay un solo Estado sin un libro bajo el yugo de la censura en bibliotecas o colegios públicos. Algunos padres se intentan proclamar en nombre de sus hijos socavando su libertad de aprender. La censura nunca debe ser aplaudida y menos cuando intenta impedir la lectura, todo lo contrario, los alumnos merecen libertad de elección. Y es que, como dijo Ray Bradbury en Fahrenheit 451: «El fanático incendiario de libros se da cuenta entonces de que todo el pueblo ha escondido los libros memorizándolos. ¡Hay libros por todas partes, escondidos en la cabeza de la gente! El hombre se vuelve loco, y la historia termina».


