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La victoria de ‘Astro Bot’ habla más del pueblo que de los premios

Cuando los nominados a los Game Awards se anunciaron había una pequeña chispa de esperanza con Astro Bot. También con Balatro, pero eran más bien gritos de “ojalá” que veredictos finales. Pero a veces el “ojalá” funciona.

Aborda un telón oscuro en el mundo de los videojuegos, y es la obsesión por tener mejor shading de la industria. En dejarlo bonito, que se noten los poros, que haya tres remasters para PlayStation y que pueda ocupar un hueco importante en la biblioteca de Steam. Se ha gritado a voces y escrito en mayúsculas, pero en los videojuegos las únicas letras capitales que existen son las AAA.

Refugiarse en el antes es un lugar seguro porque se sabe qué es lo que ocurrirá luego. Tal vez, en parte haya sido por eso por lo que las quejas de “necesitamos lo de antes” no se escucharon en los estudios. También tendrán culpa los ceros multiplicados en las cuentas bancarias de los más grandes que hicieron despedir a cientos de los más pequeños. AAA y X.000.000 tienen mucho que ver: álgebra pura.

Pero hablemos de lo que perdura y permanece. No lo haremos con Astro Bot, porque hablar de Fumito Ueda y Team ICO es más interesante si hablamos de persistencia. Basta con un trailer de un minuto sin más contexto que un chico y un mecha para que uno salte del asiento. Sin más explicaciones y sin entrar en filosofías de segunda, ICO, Shadow of the Colossus y The Last Guardian son sus predecesores. Esto también habla por sí mismo pues los tres juegos se defendieron por sí solos, sin segundas partes, ni precuelas, y tan solo con una remasterización obligatoria a PlayStation 4.

La reacción a este anuncio podría haber sido, en realidad, un pequeño spoiler a quién iba a ser el ganador del GOTY. De hecho, este spoiler ya estaba resonando en internet desde que Astro Bot salió al mercado, pero no hay más ciego que quien no quiere ver más allá de las letras grandes y de quien ha olvidado (o quiere olvidar) las fórmulas que hicieron famosos a los videojuegos.

Este mismo año, Sony afirmó que PlayStation “no tenía suficientes IPs propias”. Perdón, se puede decir de otro modo. Este mismo año, Sony afirmó fingir demencia. Hay un vacío que desconecta a Spyro de la realidad actual, que impide que Crash Bandicoot rompa las cajas como antes, y que hace que LittleBigPlanet no tenga una cuarta parte porque parece que lo material (en su más puro sentido físico) ya no importa. Hay algo (vamos a llamarlo “algo”) que permite que se vean los hilos de Sackboy pero que ya no saque su inventario. El único que parece entender que esto sigue siendo esencial es, sin deslumbrar a nadie con esta declaración, Nintendo. Lo entiende tan bien que la Nintendo Switch es la única consola que merece la pena.

Me cuesta creer que la victoria de Astro Bot deslumbre a alguien, y si lo hace, me entristece pensar qué tan evadido está de la industria del videojuego. Ese pensamiento me lleva a uno que me entristece más: ¿qué tan evadido está ese alguien de sus gustos propios?

Pero los videojuegos no son tristeza, son más bien lo contrario. Cuando ocurren victorias así de demuestran las ocasiones en las que el “Para vosotros, jugadores” es de verdad un himno y no un decir. Los jugadores echan de menos Banjo y Kazooie. No necesitan tampoco plataformers difíciles con lore oculto. Lo que se necesita es que Mario y Sonic vuelvan a participar en los Juegos Olímpicos y que esto tenga sentido.

Esta necesidad ha sido la que ha hablado en los Game Awards de este 2024. No es aferrarse al pasado, ni ganas de vivir en la nostalgia hasta la muerte, es, de hecho, tener ganas de vivir y un canto a la esperanza. La victoria de Astro Bot no sorprende. El imprevisto es que exista gente que no se lo esperase.

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