Desde el pasado 2 de septiembre se ha celebrado en Aviñón (Francia) el juicio por la violación masiva a Gisèle Pelicot, uno de los casos más aterradores de abuso sexual de los últimos tiempos. La justicia francesa ha condenado a Dominique Pelicot, de 73 años, a 20 años de prisión (el máximo que establece la ley) por someter a su mujer a sumisión química, violarla él mismo e invitar a otros hombres a violarla mientras ella permanecía inconsciente. Estos hechos se extendieron durante una década.
Hechos escalofriantes
En 2020, en un supermercado, un vigilante de seguridad sorprendió a Dominique grabando bajo la falda de varias clientas. Tras esto, la policía comenzó a investigar. Al registrar su ordenador descubrieron miles de fotos y videos de hombres violando a su esposa, mientras ella yacía inerte en la cama. Dominique le administraba a su mujer tranquilizantes y sedantes ocultos en la comida. Después publicaba un anuncio en una web anónima llamada Coco (ya clausurada) ofreciendo el cuerpo de su mujer; las únicas condiciones que ponía eran poder grabar y fotografiar el encuentro y absoluta discreción. Se encontró un total de unas 92 violaciones realizadas por 72 hombres, incluyendo al propio Dominique. Solo han podido identificar a 52 de ellos.
Más que una violación
Dominique llevaba 10 años planeando un maquiavélico complot contra Gisèle. Mientras él la violaba prácticamente cada noche, completamente inconsciente por somníferos, ella pensaba que podía tener un tumor cerebral o Alzheimer, puesto que llevaba años con pérdidas de memoria diarias, dolores físicos, cansancio, etc. No es que la pareja estuviese enemistada, ni mucho menos, para ella su marido era una persona buena con la que llevaba casada más de 50 años y lo compartían absolutamente todo.
La crueldad de este caso es inmensa, ¿quién puede pensar que la persona con la que te despiertas cada mañana sería capaz de hacerte algo así? Él, a lo largo de los años, vio cómo su mujer perdía peso, le dolían los huesos, se quedaba completamente anonada al tener lagunas de memoria a los 65 años. Vio cómo se degradaba poco a poco por la administración diaria de múltiples medicamentos. Dominique era el artífice de todo este plan. Se adueñaba completamente del cuerpo de su mujer, no solo cuando la violaba, sino suministrándole los fármacos que él quería y cuando él quería, ofreciendo su cuerpo a cualquier desconocido que acudiera a su casa.
Los 72 hombres
No solo estamos ante un caso que manifiesta una mente retorcida, sino también a las consecuencias del machismo, la pornografía y directamente de la cultura de la violación. Podríamos pensar que estos hombres son unos depravados sexuales con multitud de cargos, pero nada más lejos de la realidad. Lo más inquietante es que, en su mayoría, son personas corrientes de entre 22 y 74 años. Un bombero, un militar, un enfermero o un periodista.
En el proceso judicial, que concluyó el 19 de diciembre, la defensa de una treintena de los acusados afirmó que Dominique los manipuló y, por lo tanto, no tenían intención de cometer ningún tipo de delito sexual. Supuestamente ellos pensaban que se trataba de un simple juego sexual entre la pareja, en el cual ella no reaccionaba físicamente, sino que el marido les había pedido que fuesen especialmente discretos con su entrada en la casa por mera casualidad.
¿Qué implica este caso?
Ante esto, podemos sacar varias conclusiones, que la propia Gisèle resume perfectamente: «Yo también tenía un hombre excepcional, pero el perfil del violador puede estar en la familia, en los amigos». Este caso es completamente ilustrativo, ya que se puede apreciar que las violaciones no son fruto de una enfermedad mental, sino que van mucho más allá, que se arraigan en una visión objetivizada de la mujer, a través de la cual se convierte en una simple muñeca. Esta imagen de la mujer está instaurada en la mente de la población general, y tenemos que trabajar para que se elimine la sexualización sistemática del cuerpo femenino y sean regulados contenidos como la pornografía.
Es tremendamente escandaloso. ¿Cómo nadie alzó la voz sobre esto? ¿Cómo pueden solo declararse culpable 20 de los acusados? ¿Acaso los otros 30 no eran conscientes de que esa mujer estaba completamente privada de voluntad? Obviamente, todos eran conscientes, pero les daba igual. Detrás de esto, de estas atrocidades, se esconden los pequeños abusos o agresiones sexuales que ocurren hasta llegar a este punto. Dominique fue investigado por tomar fotos debajo de una falda y en su ordenador se encontraron fotografías de su hija y nuera desnudas, parecen acciones menos burdas, pero ya sabemos lo que vino después.
Cuando alguien quita importancia a tocamientos en una discoteca, a agresiones sexuales en el metro o a gritos por la calle, está también motivando involuntariamente el suceso de esas atrocidades, porque que alguien te toque partes íntimas en una discoteca ya está agrediendo tu intimidad. Los abusos que recientemente se han documentado en sectores profesionales provienen de hombres que indirectamente muestran el mismo mensaje: puedo hacer lo que quiera con tu cuerpo.
Una valentía extraordinaria
A pesar de ser un caso terrorífico, Gisèle ha mantenido un coraje ejemplar, ha admitido «ser una mujer destruida», pero ha acudido al juzgado, ha plantado cara y se ha constituido como un símbolo del feminismo en Francia y en todo el mundo. Ha popularizado el lema “la vergüenza tiene que cambiar de bando”, ha mostrado el rostro en todas sus apariciones públicas, renunciando por completo al anonimato. Mientras sus agresores se cubrían con mascarillas, capuchas y gafas de sol.
Pero Gisèle ya no está sola, le han acompañado sus tres hijos y multitud de mujeres a la entrada del juzgado. La opinión pública y la sociedad francesa se han volcado en el caso. Se han realizado manifestaciones en las grandes ciudades del país, algunas para mostrar apoyo y otras reclamando que el término consentimiento adquiera una relevancia mayor en la ley.


