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Los retos de nuestra sociedad este año 2025

Este 2024 se han abierto multitud de brechas en el orden mundial, saber cuál será su evolución el próximo año requiere retomar lo vivido y plantearle las preguntas adecuadas al futuro

Trump a la cabeza de Estados Unidos, un nuevo marco de esperanza para Siria, los estragos de la DANA todavía presentes en nuestra realidad más próxima… el nuevo horizonte político que surge tras el año pasado se presenta complejo, con muchos frentes abiertos que urgen de una unión de esfuerzos de las élites políticas y económicas para hacer frente a los desafíos que puedan minar nuestra sociedad, tanto en el plano nacional como internacional.

Desde el principio de década hemos vivido en múltiples ocasiones un sentimiento de irrealidad hacia lo que sucede en el mundo. En 2022, le término “permacrisis”, que alude a la continuidad prolongada de eventos catastróficos, fue escogido como palabra del año por el Collins Dictionary por encarnar a la perfección la sensación vertiginosa que se vivió aquellos meses. Sin embargo, parece que las turbulencias políticas, económicas y sociales no han parado. 2024, una vez más, ha sido un escenario de incertidumbre en el que sus actores principales no parecen haber sido capaces de resolver los conflictos y satisfacer las demandas de su público.

Al contrario, 2025 construirá su argumento sobre una base frágil cuyos cimientos se componen de la desconfianza hacia las instituciones democráticas, la batalla contra la desinformación, la inexistencia de una base legislativa madura para la inteligencia artificial y el auge de movimientos extremistas que calan cada vez más fuerte entre los más jóvenes. Así pues, como sociedad, el propósito de año nuevo tiene que empezar por cuestionarnos el rumbo que hemos tomado y los principios que nos dirigen.

Emergencia habitacional, la vivienda es un derecho

El rentismo y la especulación inmobiliaria sin límites efectivos se traducen hoy en día en un problema de salud pública. “Cerca del 40% reconoce haber experimentado estrés o ansiedad, un 30% soledad y un 23% depresión” provocadas por la vivienda, explica sobre los españoles el estudio publicado en septiembre por el Consejo General de arquitectura técnica español. Además, el CIS asegura en su último informe que la vivienda es el principal problema para los españoles.

No poder acceder a la propiedad de un hogar impacta sobre todos los aspectos de la vida, y los más vulnerables al respecto son los jóvenes. El incremento de la edad de emancipación, la transmisión generacional de la pobreza o el sinhogarismo no son una decisión individual, sino que conforman uno de los principales problemas estructurales de nuestro país. Este 2025 toca entender que el libre mercado no es la solución, sino la regulación estatal sobre el desorbitado aumento de los alquileres.

Turismo, ¿podremos poner límite a lo que más disfrutamos?

Estrechamente ligado a la inflación del precio de la vivienda, el turismo parece haberse convertido en una disyuntiva sin solución a corto plazo. Según la organización “Inside Airbnb”, actualmente hay más de 26 mil viviendas turísticas en Madrid y 19 mil en Barcelona y 17 mil en Mallorca. En la capital catalana, por ejemplo, un 30% no tienen licencia, y en Madrid, más de 2500 están destinadas a alquileres a largo plazo registrados como vacacionales en pos de eludir las regulaciones cada vez más restrictivas a los pisos turísticos.

Quizás, uno de los mayores retos que enfrenta el nuevo año es encontrar la cura a la plaga en la que se ha convertido el turismo para las grandes ciudades. Lo complicado, ¿cómo tachamos de negativa una actividad de la que todos participamos? No se trata de hacer una crítica tajante a la democratización del ocio, más bien de reflexionar sobre las diferentes maneras de pasar nuestro tiempo libre y si este debe estar de forma permanente ligado al consumo. En este punto resulta interesante tomar la reflexión que hace Anna Pacheco en Estuve aquí y me acordé de nosotros: “tenemos que empezar a pensar cómo trabajamos menos para estar menos cansados y qué otras cosas podemos hacer cuando no estamos trabajando. Construir, en definitiva, alternativas a un consumo desesperado, de evasión.”

El viraje mundial a la ultraderecha… ¿qué pasará con el cambió climático?…

Tampoco se pueden olvidar los estragos que provoca la industria del turismo sobre nuestro planeta; aunque no es la única. 2025 tiene que ser el año de vencer la batalla ideológica a la ultraderecha negacionista del cambio climático, a la parte de la sociedad que no sacrificará el beneficio económico a cambio de recuperar una Tierra habitable. 2024 ha sido el primer año completo en el que se supera la temperatura crítica de la Tierra establecida en el Acuerdo de París de 2016.

Esta vez, las consecuencias las hemos sufrido en nuestra propia tierra con una gota fría sin precedentes que se llevó la vida de más de 200 españoles. Pero las catástrofes climáticas han dejado pueblos devastados en todo el mundo. A principios de año las altas temperaturas en Chile causaron una de las peores temporadas de incendios forestales en su historia reciente, en septiembre el huracán Helene,  demostró la vulnerabilidad del Caribe a huracanes cada vez más intensos y el tifón Yagi cobró la vida de más de 800 personas en el sureste asiático.

Desde luego, quien no cooperará en la lucha climática este 2025 será Donald Trump. El mismo que aspira a ser “dictador por un día” vuelve a la presidencia en unas circunstancias muy distintas a aquellas que le otorgaron el poder en 2016. Hoy, la extrema derecha es un actor más de la política de casi cualquier país democrático y de forma lenta, pero inexorable, su presencia se expande por Europa con la misma facilidad que ha alcanzado el poder en el continente americano.

En el marco del Acuerdo de París, en 2022 la Administración Biden puso en marcha la Ley de Reducción de la inflación, un plan de subsidios para expandir los métodos ecológicos en la industria estadounidense que, además, ha establecido tasas sobre la emisión de gas metano (un poderoso gas de invernadero). Trump ha prometido revocar esta ley, o al menos hacerla más laxa. Con lo que desalentará la tentativa americana de reducir su huella de carbono, que actualmente le coloca en segundo puesto de los países que más contaminan. Posición que mantendrá el próximo año con una política energética basada en potenciar al máximo la producción de gas y petróleo estadounidense en detrimento de las infraestructuras de redes eléctricas y de energías renovables; la opción más sostenible a la hora de satisfacer las demandas energéticas de las industrias, los centros de datos para inteligencia artificial y otras cargas nuevas.

¿Y la inmigración?

Al igual que Trump es un ejemplo que seguir para la derecha europea en materia climática, esta también aspira gobernar con mano de hierro en lo que concierne a la inmigración. La necesidad emergente de restablecer los controles fronterizos, suspender la tramitación de solicitudes de asilo o promulgar leyes que autorizan la devolución a la frontera, refleja una tendencia notablemente proteccionista y conservadora. Lo que también se lee como la hecatombe del sueño europeo.

En 1990 se concretó uno de los principales logros del proyecto europeo: el Convenio Schengen, que aseguraba un espacio sin controles en las fronteras interiores ni controles armonizados en las fronteras exteriores. Recientemente, se alude con cada vez más frecuencia al pretexto de «crisis» para imponer controles migratorios severos y desviarse de los principios de la Unión. En paralelo, la violencia contra la población inmigrante aumenta y los discursos de odio son aclamados entre muchos usuarios de las redes. De nuevo, 2025 puede ser el año de concienciar a Europa sobre su crisis demográfica y su necesidad de mano de obra, que son tanto o más reales como lo fue la migratoria en 2015 y 2016.

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