Se termina el 2024 y en estos últimos días del año conocíamos la noticia del dato de audiencia del discurso del rey Felipe VI en la noche del 24 de diciembre. Este año, por segundo consecutivo, la audiencia ha descendido y Felipe VI ha perdido más de 100.000 espectadores.
Los más republicanos se alegrarán y a los más monárquicos, posiblemente, les dé igual, pues Felipe VI se comportó, un año más, como se supone que debe hacerlo. Se dirigió a los españoles de forma institucional. En el fondo, además del nacimiento del niño Jesús y el árbol de Navidad, abría en un primer plano una imagen de la agencia EFE de los días más duros de la DANA. En la imagen se podía entrever, porque se situaba lejos de la cámara, el esfuerzo colectivo de una ciudadanía, que se ha comportado de forma ejemplar ante la mayor catástrofe climática del siglo en nuestro país.
Y, aunque el discurso podríamos haberlo escrito cualquiera de nosotros, todos los temas se abordaron de forma genérica y superficial. En realidad, no dijo nada nuevo. Eso sí, Felipe VI habló más de la vivienda y de su problemática de acceso para los más jóvenes que el Gobierno y la oposición en todo lo que va de año.
El 2024 ha sido convulso en lo que a lo político se refiere: el primer año al completo de esta tercera legislatura de Pedro Sánchez, la llegada de Puigdemont a España donde dio un discurso ante cientos de personas en Barcelona y, de repente, se esfumó. Pero nadie sabía nada. Mientras tanto, Salvador Illa se convertía en presidente de la Generalitat de Cataluña y el constitucionalismo ganaba, de nuevo, tras años de independentismo separatista.
Europa
Unas semanas antes, el 9 de junio, los españoles votaban en las elecciones al Parlamento Europeo. En esta ocasión, la abstención ganó a la participación, solo votó el 46,39% población, una cifra baja, muy baja, lo que denota, indudablemente, una falta de confianza en las instituciones, en este caso, en la Unión Europea, donde se decide todo.
En estas elecciones Se acabó la fiesta conseguía alzarse con tres eurodiputados y su líder, Alvise Pérez, emergía como el salvador de un sistema del que ni siquiera quiere formar parte. Meses más tarde, Alvise reconocía haber aceptado 100.000 euros en negro para su campaña política. Sí, Alvise, el que define su proyecto político en estos términos: “persiguiendo corruptos, pederastas y criminales desde 2019”. El PP ganaba las elecciones europeas, pero de poco les servía otro éxito electoral. A Sánchez en la Moncloa todavía le queda recorrido, y no poco.
Corrupción
En el PSOE el caso Koldo no dejaba indiferente a nadie, una supuesta trama de corrupción en la que todavía se sigue investigando quienes han participado. Su dimensión no está clara, pero como dice el refrán: “mientras el palo va y viene la cabeza descansa”. Ya habrá tiempo de resolver el misterio.
Y entre misterio y misterio, emergía el caso de Alberto González Amador, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. También salía a la luz el caso Begoña Gómez, la mujer del presidente de Gobierno. No sabemos si esto debería formar parte de la agenda política y mediática. Sin embargo, no mencionarlo sería omitir una parte sustancial del día a día en la actualidad de nuestro país. Entre acusaciones, de unos y otros, el Parlamento parecía dedicar más tiempo a las parejas sentimentales del adversario político que a lo que verdaderamente importa. Ya serán los órganos correspondientes los que investiguen la corrupción. La clase política tiene otros cometidos.
Pero no todo ha sido tan malo, por unanimidad el Parlamento aprobó este año la Ley ELA. Nacía con el objetivo de mejorar la vida de personas que padecen esta enfermedad y otras de alta complejidad gracias a la iniciativa ciudadana de afectados y sus familias.
La Corona
Este 2024 los reyes Felipe y Letizia cumplían su décimo aniversario al frente de la Corona. Una década llena de dificultades institucionales y la marcha del rey Emérito Juan Carlos I a Abu Dabi. En este décimo aniversario salían a la luz las imágenes publicadas por la revista holandesa Privé. Estas mostraban las escenas más íntimas de Juan Carlos I con Bárbara Rey. De nuevo, el Emérito, volvía a llenar durante horas y horas las tertulias de varias cadenas televisivas. Esas imágenes daban la vuelta al mundo, y no precisamente en el buen sentido.
Salidas
Las dimisiones también han estado al orden del día, pero menos de las que deberían. Apenas unos días antes de la llegada de la DANA, se conocían algunos de los presuntos delitos cometidos por Íñigo Errejón, el político que hasta el momento era una de las caras más visibles de la izquierda española. Proveniente del 15M, posiblemente, la iniciativa ciudadana, después, movimiento político, más importante de los últimos años. Uno de los fundadores de Podemos e impulsor de otra forma de entender la política en un contexto bipartidista, donde parecían encajar solo dos piezas en el tablero. Íñigo Errejón presentaba su dimisión, entre eufemismos y palabras bastante efímeras, cuando se le acusaba de diferentes agresiones sexuales. Aunque ahora parece que era un secreto a voces, también se resolverá.
Juan Lobato, el líder de los socialistas madrileños, abandonaba la Asamblea y dimitía, en este caso, por hacer las cosas bien, por presentar su móvil ante el juez, que investiga el caso de Alberto González Amador, la pareja de Ayuso. Así funciona la política, el que se mueve no sale en la foto. Mientras el PSOE celebraba su 41 Congreso Federal en Sevilla y el PP aprovechaba la situación para exigir la dimisión de Sánchez, es, posiblemente, por lo que más han trabajado durante este 2024.
Y entre tanta discusión y crispación política termina un año donde la DANA ha mostrado la cara más amarga de la clase política. Aún se investiga donde se encontraba Mazón en las horas más críticas de la catástrofe. La responsable de emergencias de su gobierno declaraba en rueda de prensa que desconocía, hasta ese mismo día de la catástrofe, la herramienta de alerta a los teléfonos móviles de los ciudadanos. Y entre tanta incompetencia política, Pedro Sánchez, Mazón y los reyes visitaban Paiporta.
Entre gritos de desesperación, piedras y barro, los dos presidentes y los reyes tuvieron que salir del municipio valenciano. Esas imágenes dieron la vuelta al país y ya son historia. El pueblo de Valencia, desesperado, como es lógico, expresó un sentir general de frustración ante un Estado que no ha hecho las cosas bien. Estas imágenes de Paiporta muestran nuestra indignación colectiva ante este año político hundido en el lodo.


