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Trump y las élites que lo sostienen

Hace apenas una semana que Donald Trump era investido como presidente de los Estados Unidos. El exmandatario republicano vuelve a la Casa Blanca tras un paréntesis de cuatro años en los que el demócrata Joe Biden no ha sido capaz de frenar el furor trumpista de la última década. 

Aún recuerdo cuando en noviembre de 2016 Donald Trump ganaba por primera vez las elecciones en Estados Unidos. El mundo, atónito, como es lógico, no comprendía cómo aquellas ideas podían haber calado en la que, para muchos, es la nación más importante del mundo. Pero lo que nadie se esperaba era que unos años después volvería a erigirse como presidente de los Estados Unidos.

Hoy, casi una década más tarde, Trump vuelve a la presidencia del país con más poder que nunca, en esta ocasión con 312 escaños frente a los 226 de Kamala Harris. El presidente estadounidense ha ganado las elecciones, imputado por 34 delitos relacionados con la falsificación de registros y una conducta moralmente cuestionable en su vida personal. Pero todos estos aspectos no han condicionado el voto de una ciudadanía que, con libertad, de eso no cabe duda, ha elegido a su representante durante los próximos cuatro años.

Desinformación

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca no es un hecho aislado, ni tampoco sorprendente para muchos. Días antes de las elecciones generales, algunos nos resistimos a creer que volviera a ganar y a gobernar de nuevo. En 2016 lo consiguió gracias a una campaña de desinformación deliberada que caló de lleno.

Las fake news han existido siempre y el poder siempre ha intentado usar la mentira como arma política. Sin embargo, numerosos expertos afirman que el término fake news se popularizó con la llegada de Trump al poder en 2016 cuando consideraba que las noticias que publicaban medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post eran fake news.

Donald Trump ya había comprendido con gran habilidad que el control de la opinión pública era precisamente la herramienta más valiosa para ganar unas elecciones. Todos sabemos que los políticos, en toda campaña electoral, tienen un target muy claro: su electorado. Sin embargo, Donald Trump supo utilizar la mentira para arrastrar el voto de aquellos indecisos, o no tan indecisos, que depositaron en su persona la confianza de dirigir el futuro de sus vidas. 

Ahora que Trump gobierna de nuevo Estados Unidos, Europa sabe que esto no son buenas noticias. La visión neoliberal agresiva de un mundo complejo, y a la vez cambiante, no es posiblemente la más próspera. 

Trump decía hace unos días que Europa ha tratado “muy mal a Estados Unidos” e invitaba a su investidura a los líderes políticos de una ola reaccionaría que recorre Europa y parte del mundo con mucha fuerza. Allí se encontraba Giorgia Meloni o Javier Mieli sentados junto al círculo de los empresarios estadounidenses más ricos. Entre esas sillas se podía ver a Elon Musk, Mark Zuckerberg, Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, y otras personalidades muy poderosas en todo el mundo.

El poder de las élites

El dueño de Tesla estará al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Trump que ofrecerá “asesoramiento y orientación desde fuera del Gobierno”, según recoge Reuters, que explica que “así no se necesitaría la aprobación del Senado y Elon Musk podría seguir al frente de Tesla, X y SpaceX”. En otras palabras, podrá seguir haciéndose rico mientras decide sobre el futuro de millones de ciudadanos estadounidenses y, por ende, del mundo entero. 

La irrupción de Elon Musk en el gobierno de Trump pone de manifiesto la influencia que tienen las élites en el panorama internacional. Elon Musk, el multimillonario más reconocido en todo el mundo, financió la campaña de Trump y ahora, unos meses más tarde, se encuentra dentro de la Administración estadounidense. Este simple ejemplo explica muy bien la Teoría de las élites, que a los sociólogos a principios del siglo XX les permitía explicar cómo las élites se conectan entre sí a través de redes económicas, políticas y sociales.

Son precisamente estas élites las que gobiernan el mundo. Pensemos en las dos grandes guerras de esta segunda década del siglo XXI: Ucrania y Gaza. A lo largo y ancho del planeta hay muchos más conflictos, silenciados y olvidados, la agenda de los medios, la mediática, solo nos recuerda estas dos. Y la pregunta sería: ¿por qué en Ucrania llevan casi tres años en el terreno haciendo frente a la incursión de las tropas rusas en su territorio? ¿Por qué han muerto 46.000 palestinos en poco más de un año en la Franja de Gaza? Podemos buscar muchas respuestas, pero hay una que es muy clara: porque las élites así lo quieren. 

Putin invade Ucrania no por cuestiones económicas, sino porque sabe que la invasión de Ucrania desestabiliza el orden mundial. Biden ha mediado en el conflicto en Próximo Oriente, pero lo cierto es que a la nación, que dirige Occidente, le interesa un aliado israelí en un contexto geográfico y cultural tan complejo como es Oriente Próximo. Estados Unidos envía cada año miles de millones de dólares en ayuda militar a Israel, pero no ahora sino desde hace ya mucho tiempo. 

La visión americana

En estos cuatro años de gobierno de Joe Biden, el expresidente estadounidense no ha conseguido frenar los dos conflictos activos. Y la llegada de Trump es entendida por muchos estadounidenses como la oportunidad para recuperar el poder de su nación. 

Hemos visto un Trump que expresaba ese “America First”, que no deja de ser una alusión a la doctrina Monroe: “América para los americanos”, que hablaba de que todo intento de intervención o colonización de los países del continente americano por parte de potencias europeas sería considerado un acto de agresión contra los Estados Unidos, y que América debía ser controlada por los propios habitantes del continente.

Vemos cómo esa nueva política, aunque la demagogia ya es un fenómeno muy viejo, que recorre el mundo recupera el pasado, como si aquel tiempo fuera mejor que el presente. Para ellos, todo tiempo pasado es mejor. Elon Musk saludada el otro día con un gesto que recordaba al nazi. O igual, hasta lo era, quién sabe. 

En esta nueva investidura España también tuvo representación, el líder de Vox, Santiago Abascal, definía la llegada de Trump al poder como un día histórico y expresaba que esta victoria “opera a favor de los pueblos de toda Europa” quienes están bajo el poder de “las élites y burócratas de Bruselas”.

El orden mundial cambia, el poder se desplaza al Pacífico y Trump lo sabe. La lucha tecnológica entre Estados Unidos y China, que antes era la fábrica del mundo y ahora su lugar es otro, es más fuerte y más influyente. Las dos naciones que pelean por el control de la Inteligencia Artificial o el impulso en el espacio están más activas que nunca. Europa no debería quedarse atrás, no debería acomplejarse ante los gigantes que mueven los hilos, pues si miramos hacia otro lado, cada día nos haremos más pequeños y esto da miedo, mucho miedo. 

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