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Kneecap, mesías de la juventud

Kneecap se alza como símbolo de resistencia al status quo, y retoma el desorientado espíritu punk

La violencia del conflicto palestino sitúa bajo escrutinio todo aquello dado por conocido. Obliga a mirar las contradicciones de un sistema que señala como ‘malos’ a personajes como Kneecap, mientras el trío irlandés suma cada día más apoyos. Al final, se cumple la vieja profecía: los chicos malos siempre son los verdaderos ‘guays’. 

El rebranding del status quo

A finales de los 70, fue Don Fancisco Umbral quien hablaba por primera en España de la “derecha punk”. En su tribuna en El País escribía sobre Fraga, usando giros de palabras para calificarlo de franquista: «Lo vuestro era don Paco, ramoncines». Lo que Umbral no comprendió fue lo atractivo de la palabra punk, encarnación de todo lo que supone ser un joven recién llegado mundo adulto. No pudo predecir su futuro como gran arma política.

Reuters, entre otros, ha discernido en sus encuestas un ascenso de la extrema derecha entre la Generación Z, que destaca por la división entre géneros. Parece ser más importante que nunca entender los discursos dominantes y las intenciones que los motivan pues, en nuestra juventud, las emociones a flor de piel, una adolescencia no tan lejana y una adultez incierta, parece resultar difícil resistirse al relato de la Libertad. Sea la que sea, y a pesar de lo que sea.

Cultura y moda punk | Fuente: Maluqueer

Es larga la historia del rebranding del conservadurismo, que ha cuidado siempre la estética inconformista y antisistema cuando trata de atraer el público joven. Thatcher apeló y atrajo la juventud insatisfecha y perdida de Gran Bretaña en los años 80 mediante una fachada anárquica y rebelde. «Las personas deben ser libres de vivir como deseen… sin estar atadas por la mano muerta de la burocracia», decía en 1980.

Prometía la mítica Libertad, aquella cuyo mayor discípulo es el recién llegado a la vida adulta. Redefinió las vacías ocho letras hasta vestirlas a su medida: «La libertad no es sinónimo de una vida fácil. […] Significa la libertad de elegir tu trabajo, tu hogar, la escuela de tus hijos» (1987). Al comentar esto con familiares, uno aseguraba que esta tendencia debía de ser agua pasada, una táctica agotada.

Hacer música y hacer política

Kneecap es un trío de hiphop concebido en Belfast, capital de Irlanda del Norte. Mo Chara, Móglaí Bap y DJ Próvaí penetraron en la escena musical de esta ciudad a través de pequeños garitos, con letras impactantes por su rebeldía, frescura y un uso distintivo del idioma irlandés. En 2024 estrenaron su película Kneecap, que ganó el premio del público en el Festival de Sundance, y fue seleccionada como candidata irlandesa al Oscar a la mejor película internacional.

Kneecap sobre el escenario | Fuente: Ralph PH

Kneecap ofrece conciertos que se desdoblan, de acuerdo con sus principios, como espacios inherentemente políticos. Sobre el escenario, participan en la actualidad, como siempre fue propio de la música. Desde “la marsellesa” a “Bella Ciao”, el rol de la canción en el acontecer sociopolítico es indiscutible. Del mismo modo, existe en el seno de la resistencia palestina contra el sionismo.

“La historia de las canciones que abordan la lucha palestina corre, en muchos aspectos, paralela a la historia de la propia lucha palestina. Mientras que las canciones en apoyo a la liberación palestina a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta expresaban la confianza de la revolución nasserista, las canciones posteriores a 1967 expresaban, por un lado, la desesperación por la derrota y, por otro, la esperanza en el movimiento guerrillero palestino que entonces emergía”

Joseph Massad (2021)

Público de Kneecap, con la bandera palestina | Fuente: Paul Hudson (Creative Commons)

Marketing y política

En Coachella, el prestigioso festival estadounidense, Kneecap proyectaba sobre el escenario diversos mensajes: «Israel está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino”, “Esto es posibilitado por el gobierno de Estados Unidos, que arma y financia a Israel a pesar de sus crímenes de guerra» y «Que se joda Israel; Palestina libre». Horas después, breves vídeos incendiarios del trío plagaban redes sociales.

El grupo protagonizaba titulares, futuros conciertos se suprimían y, en unos días, se llamaría a Liam Óg Ó Hannaidh a comparecer ante un tribunal de Londres acusado de terrorismo por exhibir durante un concierto una bandera en apoyo del grupo paramilitar chií libanés Hizbulá, seis meses antes. El pistoletazo lo daba Creative Community for Peace, organismo estadounidense que es contraparte del influyente lobby israelí Stand with us.

Sergio Fanjul, periodista y escritor asturiano, compartía días atrás en redes sociales una reflexión que se hizo hueco en mi cabeza: «Me hacen gracia los que dicen que lo punk es la derecha porque la izquierda se ha vuelto woke». Aunque no sea la primera vez que se trate este tema, la publicación de Fanjul se unía en el muro de Instagram a fotos de Liam Óg Ó hAnnaidh (Mo Chara), acusado de terrorismo por el Metropolitan Police de Londres. Y con la unión y convicción que une a estos artistas, como otros, con sus fans.

Mientras, la manosfera se muestra como la alternativa a lo woke, Feijoó se ha desabrochado el botón de la camisa, y Mark Zuckerberg ha contratado a un estilista. Israel es un paraíso LGTBIQ+, y defender la existencia del pueblo palestino es antisemita, suman voces desde Donald Trump a Keir Starmer. Pero centenares recibían a Mo Chara al grito de «Free Mo Chara» y «Free Palestine», a las puertas de la corte en Londres el pasado 18 de junio. Y desvestían al status quo, y sus mil imágenes, de toda credibilidad.

Mo Chara, de Kneecap | Fuente: @kneecap32

¿Quién es el verdadero guay?

La policía del Reino Unido anunciaba el lunes pasado que las actuaciones del Festival de Glastonbury del dúo de rap Bob Vylan y Kneecap están sujetas a una investigación criminal después de que liderasen a las multitudes en cánticos de «Palestina Libre» y «Muerte al IDF», las Fuerzas de Defensa de Israel. Se suma esto al caso ya abierto contra Mo Chara, del trío irlandés.

El rebranding del propio lenguaje desdibuja las información de titulares, las noticias y la actualidad. Antisemitismo, el colectivo LGTBIQ+, expresiones como «caza de brujas» y la etiqueta punk se han deformado, moldeado y desorientado en la disputa por ser el más guay y popular. Mientras tanto, seguimos atestiguando a un genocidio en tiempo real.

A esa pugna se ha reducido hoy la lucha por el voto joven. Y, en respuesta a mi familiar, tal vez sí sea ya una táctica agotada. Kneecap, lejos de repetir las dinámicas del aula o del instituto, llama la atención sobre el descontento real y la desesperación de quienes reconocen la humanidad del pueblo palestino. Se reclama autenticidad frente a simple estrategia de imagen.

Cerré la app después de ver los apoyos a Kneecap, en contraste con las palabras de Fanjul. De pronto, se volvió más claro qué importa de verdad. Se avivó en mí, como en tantos otros jóvenes, una llama: un enfado lúcido. Y entendí que ser punk no es una estética a la venta. No han conseguido llevárselo. Es una forma de ver el mundo, y hoy la reconozco no solo en el público de Kneecap, sino en cada vez más miradas. Que no te mientan, nos pertenece. Es hora de reclamar.

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