Entre abrazos, aplausos y citas de Quevedo, nació tal día como hoy hace 10 años el partido político de Podemos. Su presentación se hizo en el Teatro del Barrio, en Madrid, y desde entonces han pasado de la calle al Gobierno y del Gobierno a la calle. Sus primeros resultados electorales fueron alentadores y prometedores, pero parece que aquel globo morado no ha dejado de desinflarse desde entonces. Una década que ha marcado la política de nuestro país y de la que merece la pena hacer un análisis.
Los orígenes del partido se remontan al manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político, que había sido publicado en el diario Público en enero de 2014. En él, se reivindicaba el movimiento de los indignados del 15M y se buscaba una candidatura “diferente” para las Elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarían en mayo de ese año. Finalizaba el escrito con la frase que da origen a uno de los nombres más sonados de la política de nuestro tiempo: “En las calles se repite insistentemente «Sí se puede». Nosotras y nosotros decimos: «Podemos» ”.
Ese mismo día, Pablo Iglesias, quien terminó siendo durante años la imagen del partido, manifestaba querer ser el candidato: “Me han pedido que dé un paso adelante”, pero señalaba como condición necesaria para ello contar con el respaldo popular de las bases. El sueño violeta se oficializaba, por tanto, el 11 de marzo de 2014, después de que se formalizara su inscripción en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior de España.
Resultados Electorales
Los primeros resultados verían la luz dos meses después, en las Elecciones Europeas de 2014. El partido consiguió casi un 8% de los votos y cinco escaños, convirtiéndose en la cuarta fuerza más votada. Para final de año, las encuestas demostraban una importante movilización de voto podemita. Las más optimistas ya lo colocaban como vencedor de las Generales.
Juan Carlos Monedero, cofundador del partido, ha declarado para este medio: “yo siempre insisto en que el éxito de Podemos es el 15M. Había entre seis y siete millones de personas sin partido al que votar. Podemos ofreció algo en consonancia con ese momento”.
Tras unas Autonómicas que navegaron integrados en círculos regionales, se presentaban a las Generales de 2015 rechazando una coalición con Izquierda Unida, y conseguían una representación de 69 escaños. El inestable clima político llevó a la repetición electoral en 2016, a las que ya se presentaban como Unidos Podemos, integrando, ahora sí, la formación de Garzón.
En esas Elecciones consiguieron su mejor dato. Los 71 diputados de Unidos Podemos representaban a más de un 21% de los votantes. Este histórico resultado pronto se convirtió en la cima de unos números que, hasta la fecha, no han parado de descender. En los dos comicios celebrados en 2019, Podemos pasó de 71 diputados a 42 y después a 35. Sin embargo, en plena caída libre, Pablo Iglesias consiguió entrar en el Gobierno pactando con Pedro Sánchez y formando el primer Gobierno nacional de coalición de la democracia.

Dentro del Ejecutivo, se consiguieron varios ministerios e Iglesias consiguió una vicepresidencia. No obstante, la abandonó en 2021, cuando anunció su retirada de la política nacional para presentarse a las Elecciones madrileñas. Después de ello, pese a no haber obtenido malos resultados, Iglesias anunció que no habían sido satisfactorios y abandonó la política activa.
El abandono de Iglesias, imagen del partido
Es imposible ignorar la fuerte vinculación de la imagen personal de Pablo Iglesias con el partido político de Podemos. Por ello, su salida del partido supone un antes y un después en el mismo. Hemos consultado al periodista, licenciado en Ciencias Políticas, doctor en Historia Contemporánea y autor de varios libros que analizan la historia de Podemos Luca Constantini sobre esta cuestión, y nos comenta que esa decisión fue, en gran medida, personal.
“Cuando se describe a un dirigente político nunca hay que obviar el elemento personal. Muchas veces las decisiones que se toman no tienen tanto que ver con un cálculo político muy elaborado, sino con elementos de la personalidad de cada uno. (El abandono de Iglesias) fue un error tremendo de cálculo, pero él estaba incómodo en lo personal e íntimo dentro del Gobierno de Pedro Sanchez. Ya había comunicado internamente su deseo de salir de ahí.”
Constantini señala que este no fue el único error que se cometió en relación a su figura. “El tema del chalet es de una carga simbólica tremenda. Pablo Iglesias había llegado a la política nacional un poco como Robin Hood. Había puesto las expectativas muy altas” Pero, cuando por fin tocaron poder político, «los propios dirigentes de Podemos acabaron asemejándose cada vez más a La Casta que tanto criticaban».
Sin embargo, según Constantini, uno de los mayores puntos decisivos en la historia de Podemos es la relación con Yolanda Díaz, tanto que ahora mismo es un eje central del análisis político. “Fue mucho peor la elección de poner como sustituto en el Gobierno a Yolanda Díaz, que el hecho mismo de que Pablo Iglesias saliera de ese Gobierno”.

Integración en Sumar y conflicto con Yolanda Díaz
En las Elecciones Autonómicas y Municipales de 2023 Podemos se enfrentó a un duro golpe. Pasaron de 47 escaños en los diferentes parlamentos autonómicos a tan solo 14 y quedaron sin posibilidad de entrar en ningún gobierno. Fueron expulsados de los Parlamentos de Madrid, Valencia y Canarias, y también quedaron fuera de un gran número de municipios. En vistas del probable derrumbe electoral de las Elecciones Generales que se celebrarían ese mismo año, Podemos se integró en la coalición Sumar, un movimiento que había sido creado por Yolanda Díaz. Sumar consiguió 31 escaños, de los cuales sólo 5 correspondían a Podemos.
La integración en Sumar nunca estuvo libre de polémica. “Pablo Iglesias nombra a Yolanda Díaz con la convicción de que no tenía la capacidad como para suponer una amenaza real a su figura, a la trayectoria de Podemos y, más adelante, a Irene Montero como verdadera sucesora” apuntilla Luca Constantini. “Pero Yolanda Díaz hizo lo que ha hecho con muchos otros de sus aliados: apoyarse en ellos para luego enterrarlos y heredar lo que queda de su poder. Lo que fundamentalmente pasa aquí es una lucha de poder, bastante clásica dentro de los partidos políticos”. Termina recordando que “sólo los aludidos saben toda la verdad”.
Las discrepancias entre las direcciones de ambas formaciones han sido potentes y han acabado con la separación de Podemos y su integración en el grupo mixto. Monedero nos explica sobre esta cuestión que lo que hubo en las Elecciones Generales fue un “matrimonio de conveniencia”: “Podemos entendió que necesitaba presentarse con Sumar y Sumar entendió que era mejor presentarse con Podemos, pero era un matrimonio de conveniencia, sin ningún amor”.
Purgas y traiciones
Estos choques propios de la política no se han dado únicamente con Díaz. Los conflictos en el partido morado han acabado con la renuncia o la expulsión de muchas de las personas que diferían con las líneas de la cúpula.
Carolina Bescansa, una de las tres personas que—junto a Iglesias y Monedero—registró Podemos como partido político, abandonó la formación en 2017, tras el distanciamiento con Iglesias y después de reprocharle su decisión de convocar un referéndum en diciembre de 2016. Teresa Rodríguez, líder de Podemos en Andalucía, fue expulsada del Parlamento vulnerando sus derechos políticos tras dejar el partido por, de nuevo, disputas ideológicas. Llegó a declarar que «Podemos rompió un proyecto plural«.
Íñigo Errejón, cofundador y portavoz del grupo en el Congreso, junto a sus simpatizantes, se descolgaron también en 2017. En su libro Con todo, lamenta la deriva cada vez más jerarquizada y menos democrática del partido, quejándose de su personalización: «Si Podemos ya no es la papeleta, sino que la papeleta es Pablo, es que el partido se ha entregado al soberano»

En esta línea, Monedero intenta encontrar una explicación: “cuando Pablo Iglesias se convierte en el Secretario General, ya no es el amigo, sino el Secretario General. Eso nunca lo llegaron a entender. Siempre sintieron que en el fondo estaban compitiendo con Pablo Iglesias. Lo que inicialmente fue una ventaja, que éramos todos amigos, luego se convirtió en un problema.” Por su lado, Luca Constantini analiza las posibles consecuencias: “si un partido político tiene muchos referentes es más probable que sume votantes. En cambio, Podemos se ha ido pauperizando, se ha ido adelgazando. Las purgas han tenido un efecto dramático en la imagen pública de Podemos”.
Perspectivas a futuro
En junio de este año se celebrarán las Elecciones al Parlamento Europeo de 2024. Podemos ya ha anunciado que, tras la ruptura con Sumar, se presentarán individualmente y será Irene Montero quien encabezará la candidatura. Una situación que recuerda a aquella, hace 10 años, en la que Podemos se enfrentaba a sus primeras elecciones, precisamente Europeas. Unas Europeas clave para el futuro del partido.
Monedero opina que la presentación fragmentada de la izquierda a estas Elecciones es inevitable: “Todos los partidos de esa diáspora de lo que fue Podemos están en un momento de reafirmación personal, queriendo construir su identidad. No quieren mezclarse con los demás para no difuminar su imagen y eso hace que en el corto plazo sea prácticamente imposible ningún tipo de diálogo”. Además, Constantini explica que ahora mismo hay un “derbi entre Podemos y Sumar, entre Irene Montero y Yolanda Díaz. Podemos está en una guerra por la supervivencia”.
“Si uno mira hacia atrás”, concluye Monedero, “ve una fuerza política que tuvo cinco millones de votos y que hoy está acorralada. Genera nostalgia, genera añoranza, genera rabia… y genera reflexión. Para que aprendamos de cuáles han sido los principales errores y no se repitan en el futuro”
Podemos nació en la calle e intentó “asaltar los cielos” y movilizó rápidamente el voto de los más indignados. Sin embargo, pronto se jerarquizó y se convirtió en un partido indistinguible del resto de fuerzas políticas. El electorado manifestó su descontento retirándole el voto, y, poco a poco, Podemos ha quedado como una fuerza residual en el Congreso de los Diputados. Las elecciones europeas de 2024 mostrarán si el partido consigue frenar esta tendencia decreciente, o si, por el contrario, le llega la hora de decir adiós.

