Fiel defensora del compromiso social con perspectiva de género, ha luchado en las calles, los juzgados y el Congreso
Cristina Almeida (Badajoz, 1944), abogada y política, es una referencia en la lucha por la igualdad en España. Una de esas mujeres, que como bien ha señalado con la asociación feminista el Club de las 25, trabajó hasta la extenuación por la democracia. Todo para que se hable solo de los «padres de la Constitución», que en realidad pusieron en palabras lo que miles de mujeres escribían en las calles.
Conocer su historia es adentrarnos en el activismo social y político del tardofranquismo, la Transición y la actualidad. Ese que le ha dado tanta felicidad y alas para vivir plenamente.
Época estudiantil
María Cristina Almeida Castro vivió en Badajoz hasta los 13 años. Venía de una familia conservadora, de clase media, bien tratada por el régimen. En palabras de la abogada, su padre era «más de derechas que Franco».
Quizá por el ambiente familiar, aunque fue rebelde desde niña y su madre potenció siempre su educación, ha llegado a expresar que su vida casi empieza en la universidad. «Desde que llegué a la universidad no he perdido un día», explicó Almeida al Hortaleza Periódico Vecinal.
La universidad le descubrió la libertad, la cultura, el compromiso social y la amistad, que considera importantísima. En su primer año de carrera, 1961, conoció a Manuela Carmena, con la que sigue manteniendo un gran vínculo. «Por Manuela Carmena me tumbaría en una parrilla como San Lorenzo», declaraba en La Sexta Noche.
Habiendo pasado 13 años en un colegio de monjas, en sus años universitarios entendió que los pobres y los ricos no eran cosa del cielo, sino de la hermandad de labradores y ganaderos, la diferencia entre la ayuda y la caridad, y que le encantaba ayudar.
El empuje para unirse al Partido Comunista Español (PCE) en 1964 le venía de antes. 1962, cuando vio que pedían la pena de muerte para Julián Grimau, miembro del Comité Central del PCE y dirigente en el interior. Pensaba que el PCE era el único lugar donde se podía luchar contra Franco.
El salto a la política
Fundó junto a Manuela Carmena el despacho laboralista de Atocha 55. Vinculado al sindicato Comisiones Obreras, el despacho defendía los derechos de los trabajadores ante una legislación dedicada a los empresarios. Y lo hacía con éxito.
Tanto éxito que, a las 22:30 del 24 de enero de 1977, en plena transición democrática, un comando de extrema derecha vinculado a Fuerza Nueva y Falange entró al despacho. El comando mató a cinco letrados e hirió de gravedad a otros cuatro compañeros. «La matanza de Atocha», el día más desgraciado de la vida de Almeida.
A pesar de todas las dificultades ha mantenido que el compromiso social es lo mejor que le ha pasado. Nada la importan las expulsiones del Partido Comunista e Izquierda Unida, porque estar allí ha sido el culmen de su vida. En ambas expulsiones la responsabilidad fue de históricos de la izquierda: Santiago Carrillo y Julio Anguita.

Con el PCE Almeida llegó al consistorio madrileño. En el periodo de 1979 a enero de 1982 fue miembro de la Comisión Permanente, Presidenta de la Junta de Fuencarral y Concejala de Educación. Poco valieron las responsabilidad. Carrillo la echó del partido en el 81 por pertenecer a la corriente renovadora de la formación que pedía la democratización del PCE. Al mes siguiente el expulsado fue él y más tarde llegaría a decir que con ella se equivocó.
En cuanto a Izquierda Unida, Almeida participó en la fundación de la coalición en 1986, para ser elegida diputada dos años después, en 1989. La expulsión vino por su papel en la corriente Nueva izquierda, proclive a colaborar con el PSOE. La facción pasaría por ser un partido propio, pero se integraría finalmente en el PSOE, aunque con dos escisiones ecologistas.
Almeida ha comentado que siempre se quejará de la falta de democracia en los partidos. Cree que en ellos debe de haber diversidad, personas que no estén integradas en los partidos sino en la sociedad.
Doble militancia: obrera y feminista
Ella y su cohorte de la facultad pensaban que sin democracia no podía haber feminismo, que entonces no existía como una corriente, sino reivindicaciones encauzadas en movimientos de mujeres. En los años 60 iban cuatro al 8M, las tiraban huevos por la calle Atocha y las decían que había cosas más importantes.
Incluso entre los compañeros del partido comunista no había conciencia feminista. La lucha por los derechos de la mujer quedaba relegada en favor de la de clases. «Ellos estaban educados en el machismo y el patriarcado, los tuvimos que educar nosotras», decía en una entrevista al Faro de Vigo.
Almeida también ha hecho activismo fuera de España. Cuando asesinaron a sus compañeros en el despacho de Atocha, la abogada estaba en Chile para elaborar un trabajo sobre mujeres y niños desaparecidos.

En 1995 fundó junto con otras socias el despacho ABA ABOGADAS, especializado en derecho de familia. Muestra también del valor que Cristina le da a la democracia, ya que ha afirmado que en el despacho no existen consignas ideológicas, se respeta la pluralidad de opiniones entre las abogadas.
Es socia de uno de los colectivos feministas más longevos de España, El Club de las 25. Este organiza proyectos específicos en materia de Memoria Democrática del Movimiento Feministas, así como de Apoyo a las Mujeres Afganas, entre otros.
Convencida de que la consolidación de los derechos es tan importante como su obtención, ha colaborado en medios para sanar, mantener y mejorar la democracia. El éxito de la serie Las Abogadas ha demostrado que puede estar orgullosa, su figura sigue siendo fuente de inspiración para viejos y nuevos activistas por los derechos humanos.

