La película inaugural de DC Studios naufraga por culpa de una historia delirante que arruina el esperado arranque de esta nueva franquicia
La operación ya la conocemos: se trata de conectar, a través de películas y series de televisión, a todos los superhéroes de la editorial DC Comics en un universo compartido para dar origen a una nueva saga cinematográfica que Warner Bros. pueda explotar hasta la saciedad. Es lo que Disney lleva haciendo casi dos décadas con los personajes de Marvel y lo que la misma Warner intentó hacer sin éxito con la franquicia iniciada por la lúgubre El hombre de acero en 2013. Estamos, por tanto, ante una segunda oportunidad, otro intento de rentabilizar el género superheroico de la mano esta vez de James Gunn, cineasta curtido en la trilogía de los Guardianes de la galaxia que asumió con tal fin la presidencia de DC Studios en noviembre de 2022 junto al productor Peter Safran.
Situados ya en el contexto que rodea a esta nueva Superman (2025), podemos intuir que, siendo esta la película inaugural de una gran historia llamada a fundar el Nuevo Universo DC, cada detalle habrá sido cuidado al milímetro para ir construyendo poco a poco una narrativa que seduzca a millones de espectadores hasta el punto de hacerles ansiar cada nuevo estreno de la marca. Pues nada más lejos de la realidad: la película de James Gunn es un despropósito atropellado e incoherente, un maremágnum de situaciones y personajes tan variopintos que resulta ingobernable y confuso. El director y guionista tenía la misión de contarnos el primer capítulo de una nueva historia, pero ha dado por sentadas tantas cosas que el espectador no sabe a qué atenerse en medio de un sinfín de personajes (Mr. Terrific, Hawkgirl, Linterna Verde, Metamorfo…), lugares (Boravia, Jarhanpur…) y conceptos ficticios («dimensión de bolsillo», «metahumanos»…) introducidos sin presentación alguna.

Un reparto desaprovechado
Afortunadamente, el reparto no participa en el desastre más allá de ser víctima del mismo. David Corenswet, el actor elegido para recoger el testigo de Henry Cavill, Brandon Routh y Christopher Reeve, no solo da la talla física que requiere el superhéroe, sino que se erige en un Superman honesto, carismático y muy prometedor, un kryptoniano más humano que nunca en un mundo que parece haber perdido todo atisbo de humanidad. Le sigue el juego la rebelde Lois Lane, eterna periodista del Daily Planet interpretada aquí por una Rachel Brosnahan en estado de gracia e innegable química con el superhéroe (no esperábamos menos de la flamante protagonista de La maravillosa Sra. Maisel), mientras que el antagonismo corre a cargo de un Lex Luthor más sádico que nunca al que da vida con estilo y matices el británico Nicholas Hoult.
Sin duda, los mimbres para una gran aventura están ahí, pero esta nunca llega debido a un guion desastroso más pendiente del futuro de la saga (hay por ahí algunos cameos de personajes que ya sabemos que protagonizarán sus propias películas) que de sí mismo. La decepción es, pues, notable, y más indignante que frustrante: tenían ingredientes de una calidad excelsa, pero el guiso no ha podido salirles más insípido, como si el cocinero careciera de toda inspiración más allá de algún que otro chiste acertado.

¿Tendrá arreglo?
¿Y qué decir del resto? Las secuencias de acción son rutinarias y con escasa capacidad para la sorpresa, la música altera y pervierte sistemáticamente la icónica banda sonora de John Williams y solo la dirección de fotografía, que busca recuperar la luminosa estética pop de los cómics más clásicos, resulta destacable. Por lo demás, no se engañen: si quieren disfrutar de Superman, vuelvan a la primera película de Richard Donner y a algunas de sus secuelas (¿para cuándo una reivindicación de la infravalorada cuarta entrega?). Este último prometía, pero James Gunn, por ahora, no ha sabido aprovecharlo.















