“Lo que tú crees que haces por los demás, muchas veces lo hacen los demás por ti”
De naturaleza altruista, empresaria de éxito, escritora y filántropa de origen ecuatoguineano: Ella es Bisila Bokoko. Fue directora ejecutiva de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos en Nueva York e impulsora de empresas españolas en el extranjero. Con 51 años, lucha de forma incansable por la alfabetización en muchos lugares de África, a través de la fundación Bisila Bokoko African Literacy Proyect, inaugurada en el 2005, cuando ella tenía 34 años.
Bisila es querida, admirada. Ella defiende la diversidad, las oportunidades, y más que nada, la libertad. La libertad donde el tiempo no ahoga, si no que invita a reinventarse y materializar los sueños en nuevas realidades. Porque para Bisila siempre hay mucho más tiempo en la vida del que creemos, y de forma generosa y cercana dedicó parte del suyo en esta entrevista.
La creación de Bisila Bokoko African Literacy Proyect
Pregunta: ¿Qué momento de tu vida crees que ha sido vital para impulsar la creación de tu Fundación?
Respuesta: “Bueno, yo creo que para mí ha sido vital venir a vivir a Estados Unidos. Ha sido un punto de inflexión increíble porque me ha dado una oportunidad de pensar en grande y de cambiar mi forma de pensar y pensar que todo se puede, ¿no? El hecho de haber venido con 24 años a Estados Unidos y empezar mi carrera profesional aquí, donde hay unas personas a las que nada se les pone por delante, pues creo que ha sido fundamental para mi manera de pensar”.
“Pensar en grande o pensar en pequeño es muchas veces cultural. Entonces, bueno, pues a mí esto me ha ayudado a pensar que no hay límites, que todo se puede lograr. De hecho, lo de la fundación no estaba previsto, es decir, en un principio yo no había estado en África hasta que cumplí 35 años y cuando yo fui a África, para mí fue un antes y un después. De repente todo lo que yo había leído durante muchos años en libros se hacía realidad y a veces incluso una realidad que yo desconocía, como el hecho de que la gente no tuviera libros para leer. Y bueno, es un proyecto que lleva, pues ya 16 años. Y me encanta. Tenemos cuatro bibliotecas propias, pero el resto son colaboraciones con diferentes bibliotecas y, bueno, lo que traemos es la lectura y el amor por la lectura a los pueblos africanos”.
La confluencia identitaria y cultural
P: Pues sí, además esa confluencia de identidades socioculturales tiene que ser también algo muy rico, ¿no?, para poder llevar adelante un proyecto así.
R: “Bueno, ha sido, primero, porque África no es un país. Son muchos, digamos son 54 países con diferentes casuísticas y diferentes coyunturas culturales. Hemos aprendido mucho en cómo cada país al que vamos, pues la gente se toma las cosas de manera diferente. Pero en algunas de las comunidades, sobre todo nosotros, vamos a comunidades muy rurales donde hay veces que los colegios no tienen mucho. En Senegal, por ejemplo, donde hemos participado, pues es que no hay ni clases, ¿sabes? O sea, dan las clases en unas banquetas en medio de la nada. Y en Kenia el proyecto empezó con un árbol, el colegio era un árbol donde tenían todo”.
“Pero sí, aprendes muchísimo y luego a respetar también, ¿no? Porque no te puedes meter en cualquier comunidad y pensar que lo que tú haces en el mundo occidental es lo mejor. Sino que tienes mucho respeto por las costumbres, por las tradiciones que la gente tiene y estar ahí para sumar y nunca restar. Su manera de ver el mundo es perfecta, ¿sabes? La mía no tiene por qué ser mejor. Es igual de válida”.
«No sé quien soy, pero hoy soy todo»
P: ¿Qué aprendizajes has tenido de tus padres inmigrantes a causa del choque cultural?
R: “Bueno, yo creo que he vivido siempre a caballo entre diferentes culturas. Porque por un lado mis padres son africanos, yo vivo en España, nazco en España, soy española. Luego además vivo en Estados Unidos, que también es otra cultura completamente diferente, y ahora estoy expuesta a muchas más culturas. En mi familia hay gente de todas partes. Mi cuñada es china, mi marido es alemán, en fin”.
“O sea, es que creo que la inteligencia cultural es fundamental para navegar ante los desafíos que tenemos en este siglo. Creo que mis padres me dieron eso, la oportunidad de que nunca me negaron la cultura africana y me introdujeron en nuestra educación, de tal manera que estuve expuesta a esa cultura. Y luego me dieron también mucha resiliencia y orgullo por ser de donde soy y de mis raíces. Porque creo que eso también es importante. Y también tengo que dar crédito a mis abuelos, porque mis abuelos luego vinieron a vivir a España y entonces eso reafirmó mi identidad mucho mejor”.
“También el hecho de que no tengo que elegir. Durante muchos años estaba dividida y decía, ay, ¿quién soy? No sé quién soy, pero hoy soy todo”.
La alfabetización como gran ecualizador
P: Y en cuanto a la idea de la fundación ¿Por qué la alfabetización?
R: “Bueno, yo es que creo que fui una niña muy solitaria. Mis padres, como inmigrantes africanos, te puedes imaginar lo que tenían que trabajar y yo pasaba mucho tiempo sola y los libros me han hecho siempre compañía. De hecho, me la hacen todo el tiempo, ¿sabes? Yo no puedo no vivir rodeada de libros”.
“Mi espacio siempre está lleno de libros porque creo que son mis mejores amigos, creo que han sido mis maestros, mis psicólogos, mis mentores, todo. Y creo que la alfabetización es importantísima porque el gran ecualizador es la educación. Es la única manera, la que nos pone en la misma situación. Quizás la educación no te da directamente el éxito. O sea, no estoy diciendo que si estudias te va a ir súper bien en la vida, no. Pero sí que te da una oportunidad de elegir. Y es una lección al final de todo. El tener esa oportunidad, que mucha gente no la tiene. Poder alfabetizarse y tener ese acceso a la educación es fundamental. Todo pasa por saber leer”.
Las emociones que implica la fundación
P: Eso es muy importante, porque en un proceso tan largo de tanto aprendizaje, habrás pasado por muchas emociones. ¿Cuál ha sido la predominante, la que más te ha acompañado y la que te acompaña ahora?
R: “El miedo, sin duda. Si no, no sería el protagonista de mi libro, ¿no? El miedo me ha acompañado porque me ha acompañado desde que he nacido. Y el miedo ha estado súper presente en muchas de las situaciones con las que me tengo que encontrar, con las decisiones que tengo que tomar. Sigo todavía teniendo miedo, lógicamente”.
”Y muchas veces, a veces no sé si es porque es tan familiar a mí, ¿no? Que de forma aparte, pero eso no significa que me bloquee, ¿no? Porque el miedo tiene dos funciones, te bloquea o te hace huir, pero en este caso ni me bloquea ni me hace huir porque me he hecho amiga de miedo”.
El miedo
P: También el miedo va un poco camino de la frustración, ¿no? Porque tener tantos logros es muy satisfactorio, pero también es frustrante cuando no sale algo como se espera.
R: “Hay mucha, mucha frustración, muchísima. Yo la gestiono de una manera muy sencilla. Escribo un diario desde que tengo 12 años, entonces cuando siento frustración me voy a los diarios de hace años, y te diré que no soy la misma persona, entonces ya no empiezo a sentirme frustrada sino orgullosa porque me veo en cómo he podido evolucionar. Ya no estoy compitiendo con la gente porque creo que muchas frustraciones vienen porque competimos con los demás y hoy en las redes estamos todo el tiempo pensando: ay esta es más guapa, es más rica, le va mejor, sabes, porque la gente no te va a mostrar la basura que viven, ¿sabes? Eso es así, y yo creo que a veces tenemos una frustración que viene marcada porque estás mucho más viendo lo que está fuera que lo que está dentro de ti”.
P: Pues sí, porque hablando también de esas trabas, volviendo a la fundación ¿Qué trabas te has podido encontrar?
R:“Bueno, pues hemos tenido desde que no lleguen los libros, transporte, es complicadísimo mandar libros. La última vez mandamos 27.000 libros a Guinea Ecuatorial, hicimos una recogida por toda España, por todas las universidades de España y nos donaron muchísimos, pero claro, tardó mucho tiempo en poder levantarse esto del puerto, en que lleguen los libros al sitio. Me ha pasado también que llevar libros a un país y que desaparezcan los libros, y luego enterarme que están en las casas de alguien”.
“Pasan cosas que a veces dices, ostras, tiene sentido seguir haciendo esto, ¿sabes? Hay veces que no hemos llegado a los objetivos, porque al final es una fundación que se sustenta de manera personal, entonces hay años que a mí profesionalmente, económicamente, empresarialmente no me han ido bien, y entonces he tenido un objetivo y no lo he podido lograr”.
Nuevas historias y nuevas oportunidades
P: ¿Ha habido alguna historia o algún acontecimiento que te haya marcado en este viaje?
R: “Bueno, o sea, a mí lo que me ayudó a impulsar esto fue el haber conocido al rey de Kokofu y que él me diera la oportunidad de ser reina del desarrollo para Kokofu. Porque cuando él me regaló un pedazo de tierra yo dije, bueno, ¿pero qué hago con este trozo de tierra, sabes? Y entonces él me dijo, pues eso significa ser la reina del desarrollo: Crea un proyecto”.
”Y luego también hemos visto a niños que han cambiado sus vidas por completo, pero absolutamente gracias a eso, ¿no? Pues Paul, un niño pues que tenía el sueño de ser piloto y es piloto, ¿no? Y cómo los libros de viajes le inspiraron a poder volar por el mundo, porque él quería volar, voló primero con su imaginación. Y hoy ya vuela. Lo conocí con nueve, ahora tiene veinticuatro”.
”En Zimbabue tenemos a otra persona, James, su sueño era ser abogado, venir a vivir a Estados Unidos y ahora es abogado y vive en Estados Unidos, tiene su propia firma de abogados. Lo conocí en un viaje que yo estaba yéndome a Sudáfrica y él vino desde un autobús desde Zimbabue a Sudáfrica. Había leído un artículo acerca de mis bibliotecas y él dijo, mira, yo quiero conocerte, me escribo por Facebook, vino a verme y empezamos a crear la biblioteca de Zimbabue juntos”.
“Son personas que considero de mi círculo muy cercano como otros hijos más. Yo ya tengo, a parte de mis hijos biológicos, tengo un montón de hijos”.
Familia que encuentra Bisila Bokoko por el camino
P: Porque además es eso, te preocupas por estar presente e intentas pasar tiempo con ellos.
R: “Y cada día pasan cosas. Cada día hay un niño que de repente igual no piensa en ir a la universidad y luego va a la universidad. Qué satisfactorio. Te llama y te dice gracias porque al final estoy en la universidad”.
”Por ejemplo, una que es como de mis hijas tenía muchos problemas de aprendizaje, ¿no? Es una persona que en cualquier situación distinta hubiera necesitado una educación especial, pero no la había a su disposición. Y yo me hice cargo y la cambié de colegio, la pusimos en un colegio privado. Entonces tenía un poquito más de tiempo para ella. Hoy tiene 27 años y ha estudiado enfermería, es una persona a la que el sistema hubiera sacado fuera”.
“Cuando hablé con su madre, ella tenía nueve añitos, nueve o diez añitos y hoy tiene su carrera, ¿sabes? Eso le ha dado una seguridad en sí misma y es una persona con la que hablo cada día de mi vida. Todos los días por la mañana yo me despierto y tengo un mensaje de ella. Entonces, claro, es como una hija más para mí, ¿sabes?”.
La vocación de Bisila
P: Al final es un camino muy loable y muy vocacional. Por lo que comentabas, si no es vocacional, no se sustenta, porque no podría llevarse con ese empeño.
R: “Es complicado, pero también es excitante, ¿no? Es decir, si siempre piensas en los “por qué no”, no lo vas a hacer, ¿sabes? Yo siempre pienso en los “por qué sí”.
”Y siempre hay algo que me confirma el por qué sí, ¿no? Y es ver a los niños súper contentos, súper felices, cuando voy allí, y estoy jugando con ellos, leo con ellos. Es que me voy tan llena, que a veces lo que tú crees que haces por los demás, lo hacen los demás por ti. Total. Es una cosa que te alimenta el alma de tal forma que dices, sí, vale todo la pena, ¿sabes? Entonces, no puedes medirlo en términos de éxito como lo medirías en tu trabajo, en relaciones, de pareja, no, no lo puedes medir así. Es otra cosa, ¿sabes? Una satisfacción completamente distinta. Espiritual, diría”.
«Nunca viajo sola»
P: Claro, tienes que vivir emocionada, ¿no?
R: “Es súper emocionante, ¿sabes? Hay días que, bueno, que tengo que ir viajando con toallas, ¿no? De las lágrimas que te salen ahí. De la emoción. Y luego sobre todo la gente que me acompaña en este viaje. Porque este viaje no es un viaje solitario. Cuando yo digo que con el libro nunca estás solo, también quiero decir que me han acompañado en este viaje personas maravillosas porque nunca viajo sola. En estos viajes pasan muchas cosas. Ahora en este viaje me van a acompañar ocho personas”.
“Personas que vienen de muchos lugares, como Cristina, de México, que viene a propósito. Es la segunda vez que viene. Está súper involucrada con el proyecto. Tengo actualmente dos amigas muy amigas. Una de la infancia que iba conmigo en el cole cuando teníamos 10 años y se viene con toda su familia a apoyarme. Asique, también te digo que me han pasado cosas muy mágicas. Como esos reencuentros con la infancia mía y con muchas de estas personas”.
“Pues mira, en el caso de esta amiga mía, Mónica, viene la segunda vez, ¿no? Viene y quiere apoyar el proyecto y está allí. Y luego, pues, otros proyectos que se han encontrado en mi camino, como Rosa Escandell, que es la fundadora de ADCAM. Y, por ejemplo, con ellos tenemos un cole. O sea, es un proyecto que es súper bonito, donde nos acompaña mucha gente que viene a aportar valor”.
Las reinvenciones de Bisila Bokoko
P: Si tu vida fuera un libro, hablando de libros, en qué capítulo consideras que estás o a cuáles te gustaría dirigirte
R: “No tengo para nada la sensación de que tenga 51 años, y mucha gente podría pensar que estoy a la mitad del libro, pero yo siento que estoy al principio todavía. Depende también de cómo quieras escribir el libro yo creo que esta primera parte de mi vida ha sido como una introducción está lo mejor por llegar. Ahora es cuando estoy escribiendo en los capítulos no pero estoy muy al comienzo porque siento que todavía hay muchísimo por hacer muchísimo por divertirme no creo que sea la única reinvención que tenga. Hay otras partes de mí que todavía el mundo no ha visto y que verá”.
P: La verdad es que si, me parece un aprendizaje. Si todos de verdad entendiéramos que hay tiempo pues no viviríamos tan estresados
R: “Tienes la llave y tienes todo el tiempo. El tiempo es maravilloso, yo la verdad es que pienso que la manera de la concepción de tiempo que tenemos en el mundo occidental es muy complicada. Como dice mi amigo William: en el mundo occidental tenemos relojes pero en África tienen tiempo. Entonces decide si quieres tener tiempo, yo ya lo he decidido”.
Bisila ya lo ha decidido, tal y como expresa ella, e invita a empezar a tomar este tipo de decisiones. La entrevista termina con una gran profundidad reflexiva, abundan sonrisas cómplices, y la calmada despedida en un tiempo que parece indefinido. Pero que pronto se verá amenazado por el ajetreo eurocéntrico y contemporáneo del que hablaba Bisila líneas atrás.