Energías renovables, en guerra con la Biodiversidad

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Central fotovoltaica en Beneixama, Alicante | Foto: Agencia EFE

Una treintena de investigadores alertan en Science sobre los riesgos de una mala Transición Ecológica

El mundo atraviesa una crisis energética debida a la decreciente disponibilidad de combustibles fósiles. Las energías renovables y la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero se ha convertido en una prioridad global, y la consecuente necesidad de cambiar el modelo de generación de energía debe ser entendida como una oportunidad. Según el último Eurobarómetro, los españoles consideramos que el Pacto Verde Europeo de desarrollo de energías renovables y la Transición Ecológica deberían ser máxima prioridad.

Para lograr esta meta el Gobierno de España planea alcanzar la producción de 89 GW de energías renovables (el 75% del total de energía producida) en el marco del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2021-2030, alcanzando el 100% en 2050, colocando a España a la cabeza mundial en la generación de energías renovables.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y una treintena de investigadores expertos en aves y murciélagos de universidades públicas, el CSIC, y otros organismos de investigación, han alertado en una carta publicada en la revista científica Science de los daños irreversibles sobre la biodiversidad ibérica que el actual proceso acelerado y desordenado de expansión de las energías solar y eólica puede acabar produciendo.

Especulación energética

A pesar del esfuerzo del Gobierno por evitar la burbuja especulativa en el mercado ya se habrían concedido permisos para proyectos que supondrían un aumento de 121 GW (22,5 GW en Andalucía, en la Comunidad de Madrid 16,3, en Castilla y León 13,6, en la Comunidad Valenciana 10, en Aragón 8,4, en Castilla-La Mancha 7,6 y en Extremadura 6,7 GW, según la Red Eléctrica Española) que se añadirían a los actuales 36 GW de energías renovables ya instalados, casi duplicando los objetivos del PNIEC.

El impacto ambiental de estas grandes instalaciones está bien estudiado: efectos directos sobre la fauna (muerte de aves y murciélagos por impacto con las aspas de los aerogeneradores) e indirectos (alteraciones en el comportamiento, interrupción de rutas migratorias, aislamiento de poblaciones…). Al impacto de las instalaciones energéticas hay que sumarle otras infraestructuras asociadas que también generan un impacto negativo (carreteras, pistas, y tendidos eléctricos de alta tensión (con el riesgo de electrocución que éstos suponen para las aves)), la contaminación, y la erosión del terreno.

Estos nuevos proyectos afectarían a cientos de miles de hectáreas, perdiendo hábitats de gran importancia para la biodiversidad ibérica. El Gobierno debería adoptar medidas más cautelosas para prevenir escenarios en los cuales el objetivo energético se cumple a expensas de la biodiversidad.

España tiene una red de espacios protegidos donde se impide la construcción de estas infraestructuras. Sin embargo, muchos de estos proyectos se planean en suelos de bajo coste económico, pero de gran valor ecológico, como grandes cultivos extensivos de cereal, páramos, zonas de media montaña, o pequeñas sierras. Estas zonas tienen en común las buenas condiciones de radiación solar y/o intensidad del viento, el relativamente bajo precio del suelo, una baja densidad de población y pocas alternativas económicas, además de una escasa apreciación social. Pero se pasa por alto que muchas de estas zonas albergan numerosas especies animales y vegetales que encuentran en estos hábitats “refugio” ante el declive poblacional que han sufrido tras siglos de políticas de explotación agrícola, intensificación del uso del suelo, y de la expansión urbana, y que están fuera de estas figuras de protección.

Un peligro para las aves

Las instalaciones de energía fotovoltaica necesitan grandes cantidades de terreno, afectando a estepas poco representadas en la Red Natura 2000 y que albergan aves esteparias (avutardas, aguiluchos, alondras, gangas, sisones…) que encuentran en la Península Ibérica sus poblaciones más amplias de Europa o, incluso, a nivel mundial.

Avutarda (Otis tarda) | Foto: ABC

La zonificación ambiental para la construcción de centrales fotovoltaicas y eólicas propuesta por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico establece como de mínima sensibilidad la mayoría de las zonas llanas y no protegidas de España, lo que condenaría a la extinción a muchas poblaciones de estas especies.

Por otro lado, grandes carroñeros (como el buitre negro o el buitre leonado) y aves migratorias se ven gravemente afectados por las casi 20.000 turbinas eólicas instaladas a lo largo del territorio español, amenazando las poblaciones de estas especies, algunas de ellas en peligro de extinción.

Milano real (Milvus milvus) víctima de un aerogenerador en Aragón | Foto: Twitter @aaffaragon

Los datos de mortalidad de murciélagos son incluso más desoladores, calculándose que aproximadamente 200.000 murciélagos mueren al año a causa de estas instalaciones.

Cuando se detecta un punto negro de mortalidad las turbinas problemáticas casi nunca se desactivan para reducir la muerte de aves y quirópteros, como sería recomendable.

Una mayor gestión para un menor impacto

A gran escala la mejor forma de reducir el impacto en la biodiversidad sería elegir las ubicaciones más adecuadas para estas instalaciones. Sin embargo, para la elección de estos espacios es necesario conocer datos de campo que en la mayoría de casos no están disponibles, y se autorizan proyectos en zonas infra-protegidas ya que su estado de conservación está desactualizado.

Los estudios de impacto ambiental están a menudo financiados por las propias eléctricas, sesgando los datos. Este problema se ve agravado por la administración descentralizada (dividida entre el Estado, Comunidades Autónomas, y municipios), y por la fragmentación de grandes proyectos en otros más pequeños, evaluándose por separado y clasificándose como de poco impacto ambiental, cuando en conjunto suponen un gran impacto acumulativo y sinérgico (debiendo evaluarse en conjunto según exige la legislación).

Estar a favor de las energías renovables es indispensable para la transición ecológica, pero corrigiendo las deficiencias que presenta el PNIEC e implantando un amplio control del impacto ambiental avalado por Ecólogos expertos, situando los centros de generación de energía cerca de los de consumo (suelos industriales y techos urbanos), así como apostar por una reducción en el consumo de energía y otros recursos naturales, y proyectos de eficiencia energética.

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