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Beatriz Serrano, autora de ‘Fuego en la garganta’: «No me interesa la gente ‘normal’, me interesan los que están en los márgenes, porque son ellos los que cambian las cosas»

Beatriz Serrano explora en Fuego en la garganta las llamas que que arden cuando las emociones reprimidas se liberan en una sociedad que teme a lo diferente

Cuando Beatriz Serrano subió al escenario para proclamarse como finalista del Premio Planeta 2024, me acerqué un poco más a la pantalla de mi ordenador. No podía terminar de creerme este aire de frescura que había inundado la gala. Con El descontento y su crítica feroz al desasosiego laboral moderno había ido escalando hacia su éxito desde su publicación, y las expectativas hacia Fuego en la garganta no han sido pocas. Cabe destacar, tras la lectura, que esta novela es un aire de frescura inesperado y necesario para el galardón de Planeta.

Fuego en la garganta nos presenta las aventuras milagrosas que vive Blanca, una niña que empieza a construir una imagen de falsa perfección después de matar por accidente a una de sus compañeras de colegio con sus poderes sobrenaturales. Este “fuego en la garganta” de Blanca comienza como una maldición, pero a medida que la propia historia avanza, vemos cómo este don no tiene una carga negativa, o positiva: simplemente es, y depende del punto de vista de quienes lo contemplan.

Analizando el fuego, (y también en palabras de la propia Beatriz Serrano), este no se trata de otra cosa que emociones extremas sin poder ser controladas. Últimamente, el mundo promedio está acostumbrado a explorar una dinámica de nuevas soledades que está incorporando dinámicas tan poco sanas que nos acaban creando este fuego interior: masticar, tragar, digerir e interiorizar emociones intensas que acaban transformándose en reacciones incontrolables para nosotros mismos.

Estas llamas arden durante toda la novela. Se calcinan en la infancia de Blanca y van quemándola (y quemando) hasta su adolescencia. Para Blanca, el fuego es tanto una carga como una liberación, un poder ambiguo que la separa de los demás pero que también la conecta con una verdad profunda sobre sí misma.

Fuego en la garganta es también un texto con una gran carga religiosa. Sin poder escapar de ella, el español promedio ha sido criado en un ambiente cristiano, y por supuesto, Blanca (y su alrededor) no es la excepción. La historia está repleta de referencias religiosas que funcionan como espejos deformados: la culpa (catholic guilt), la redención, la tentación y la idea de pureza aparecen como ecos que Blanca intenta comprender a través de su fuego interior. La misma «falsa perfección» que empieza a construir después del accidente se convierte en un reflejo de esos ideales de los que no sabe cómo escapar.

No obstante, el catholic guilt no es lo único con carga religiosa que envuelve a Fuego en la garganta. La figura de ‘La Madre’ es prácticamente un símil bien construido hacia la Virgen (en singular, pues las vírgenes parecen ser, como sugiere Beatriz Serrano, una repetición incansable de una misma imagen, un “copia y pega” que sólo varía en los nombres y en las leyendas que el pueblo les atribuye): no solo actúa como una protagonista ausente, sino una figura casi mítica, cargada de misterio y de una influencia que Blanca sigue sintiendo a lo largo de su vida, pese a la distancia física.

Su presencia y su estilo de vida –típico de una amante de El Corte Inglés–, tan diferentes de las demás madres de su entorno, la rodean de un aura de ideal inalcanzable y casi santo, en el que se mezclan la idolatría y el rechazo… Muy propio de una sociedad criada en una cuna católica. Este contraste entre La Madre y la Virgen genera una tensión en Blanca, que se debate entre emular los valores tradicionales y cuestionarlos. En este sentido, la figura materna se convierte en una especie de “anti-Virgen”, una versión secular y rebelde que desafía las nociones de la sociedad que en los 90 se creía como ideal de perfección.

Y, sin embargo, Fuego en la garganta continúa con la carga católica mostrando los primeros milagros de San Google. Este internet primitivo de finales de los noventa es para Blanca una especie de «tierra prometida» en la que busca respuestas y refugio para sus inquietudes: Internet se convierte en un lugar donde canalizar sus preguntas, frustraciones, y anhelos que el mundo no satisface.

Fuego en la garganta es también un testimonio sobre la adolescencia y el autodescubrimiento, del coming of age. Beatriz Serrano construye una atmósfera cargada de simbolismos religiosos y oscuros, de tensiones entre lo sagrado y lo profano, y de relaciones humanas llenas de contradicciones y heridas no sanadas. La obra no sólo narra el dolor de Blanca, sino que también es una crítica sutil a una sociedad que castiga las emociones y que juzga lo diferente. Con esta novela, Beatriz Serrano ofrece una historia contundente, un relato sobre la búsqueda de la identidad en un mundo que, muchas veces, nos obliga a apagar nuestra propia llama.

El “fuego” de Blanca, entre maldición y milagro

Pregunta: ¿Cuál es el fuego en la garganta que te hizo escribir Fuego en la garganta?

Respuesta: Pues varias cosas. Hay tres obsesiones, dos más claras. La primera es el coming of age, que me fascina: desde Mujercitas a Elena Ferrante, o Entre visillos hasta yo qué sé, La mala costumbre, de Alana. Yo me reconcilié con este género, porque a mí en el instituto me hicieron leer El guardián entre el centeno, que es un libro que está muy guay, al margen de que después haya hombres que hayan escogido este libro para construir toda su personalidad. Cuando llegué a la universidad cayó en mis manos La campana de cristal de Sylvia Plath,Nada de Carmen Laforet, y me empiezo a dar cuenta de lo distinta que es la experiencia masculina de la femenina, sobre todo a estas edades. Me da la sensación de que los hombres encuentran su camino, y este se expande, mientras que las mujeres comenzamos a descubrir la mirada masculina sobre nosotras y nos damos cuenta de que nos tratan de forma distinta, como que estamos en un escalón distinto en la sociedad. Cada vez que este tipo de libro ha caído en mis manos me daba cuenta de que había un montón de formas de hacer un coming of age. Luego… entra el tema milagros (risas). Me gusta mucho el realismo mágico y me empecé a obsesionar con la cultura en la que nos hemos criado (muy católica). Nunca te puedes esconder de los símbolos que has tenido a tu alrededor y de las ideas que te han metido en la cabeza. Empecé a leer sobre santos, y me interesó mucho cómo se crea un culto en torno a esto. También está toda la parte de este Internet primigenio que no sabíamos muy bien qué era lo que estábamos haciendo y cómo eso se convierte en una herramienta muy poderosa que va en paralelo a la evolución de Blanca (empieza siendo una niña muy pertinente y en cierta parte de Fuego en la garganta se transforma en una tirana, ¿no?). Es un poco esa luz que nos dio internet, aquella con la que gente que se sentía un poco fuera de lugar podía encontrar respuestas. Una persona LGBT podía buscar «¿Qué coño me pasa? ¡porque no lo puedo hablar con mis padres fachas!»

P: El típico test de «¿¡Qué hacer si me gustan los chicos y soy chico!?»

R: ¡Sí, ese tipo de cosas! O el chaval que es gordo, y entonces no se le dan bien los deportes y es un paria en el instituto, y entonces tiene que encontrar su lugar en los 90. Estas tres cosas empezaron a tomar forma en mi cabeza, y se me ocurrió hacer un coming of age pero con una parte milagrosa, o sobrenatural… ¡aunque para mí es súper costumbrista!

P: Has dicho también una cosa que me interesa mucho en cuanto al coming of age de las mujeres y los hombres. ¿Crees que el tipo de soledad femenina es diferente a la masculina?

R: Mira, creo que sí. Creo que probablemente la soledad masculina es más solitaria, porque creo que las mujeres sí que hemos encontrado nuestros reductos y lugares. O sea, yo tengo la imagen de mi abuela sintiéndose muy sola, pero teniendo a las vecinas. Rodeadas de otras mujeres que tenían esa misma soledad. Entonces la soledad compartida ya no es una soledad. Creo que los hombres históricamente no han hablado de sentimientos: se han tragado sus propias mierdas y entonces no han tenido ese apoyo. De hecho, cuando se habla de suicidio sí que se suicidan más hombres. Yo creo que no tienen precisamente esas vías de escape que tenemos las mujeres, ¿no?

P: Es verdad que las mujeres tenemos una capacidad mucho mayor de expresar nuestros sentimientos, pero el fuego en la garganta que tiene Blanca es una respuesta a que en X situaciones límite, las emociones de Blanca se desbordan. 

R: Pues es que en realidad es precisamente eso. Para mí, Fuego en la garganta va de una chica que no sabe cómo gestionar sus propias emociones y que, como las tapa, explotan. No sé, preferí poner ese componente paranormal porque me parecía más literario, más místico. También era por esa idea que dice la madre, que es «ser diferente no es malo, solo es diferente», y tienes que aceptar eso. Me gustaba mucho la idea de jugar con esa diferencia, darle un toque para hablar de algo tan humano como es el no saber gestionar y que, por ejemplo, ella se dé cuenta de que el fuego en la garganta que aparece por la rabia, conforme va evolucionando, se transforma en compasión.

P: O sea, las emociones fuertes no son necesariamente negativas o positivas, sino emociones con un gran peso. ¿Hay algunas emociones que predominan si las comparamos con otras?

R: Creo que tenemos emociones que tapamos constantemente. O sea, creo que si ahora mismo predomina la rabia no es porque genéticamente hayamos nacido como una generación rabiosa, sino porque han pasado muchas cosas a nuestro alrededor que nos hacen estar rabiosos. Ahora mismo en la sociedad hay una emoción muy predominante, y esa emoción es negativa ¿Está siendo muy negativa para esas personas a las que las afecta? Eso no lo sé.

P: Y Fuego en la garganta, en general, ¿cómo surge? ¿A raíz de El descontento? 

R: No a raíz, pero sí que nace después de El descontento. Yo creo que fue a raíz de pensar en la generación que creció en Internet, además del coming of age que te contaba. A mi generación nos hablaban todo el tiempo de los peligros de Internet… y creo que Internet es mucho más peligroso ahora. Entones empecé a pensar en estos milagros, y luego hay otra parte, que fue mientras que empezaba a pensar en esta idea: me empecé a leer una biografía muy buena de Charles Manson, que es de donde sale la frase de «mis pensamientos encenderán fuegos en nuestras ciudades», que me parece una frase super poética y preciosa que ha sido dicha por una persona que estaba completamente chalada y que convenció a un montón de gente para cometer asesinatos que él nunca comete. Me interesaba el poder de la palabra, el poder ver a una figura desde la admiración, pero siempre desde abajo. No te sé decir en qué momento encuentro la Eureka del Fuego en la garganta. De hecho, te debo reconocer que en las entrevista que hice para El descontento me inventé totalmente cómo surgió la novela. Yo entendía que la gente quería un relato.

P: A veces no lo hay. Simplemente se acumulan cosas y dices: «¡Ah! Voy a escribir de esto».

R: ¡Claro! Pero yo entendía eso, y me inventé un momento clave. Era real, pero un poco ficcionado. En realidad venía de leer muchos ensayos sobre antitrabajo, muchas cosas del movimiento anticapitalista y el burnout. Con este me pasó un poco lo mismo. Fueron varias cosas con las que al final me puse un día a escribir.

P: Y hablando de los milagros, en Fuego en la garganta también lo mencionas: hay una transformación que pasa de la maldición al milagro, pero realmente, es un poco lo mismo.

R: ¡Es lo mismo! Lo que pasa es que la gente, desde fuera te dice lo que tú eres. Voy a poner un ejemplo super tonto y super bajado a la tierra: tú has estado toda tu vida pensando que tu nariz es horrible, pero llega un grupo de amigas y te dicen: «¡Tía! ¡Pero si tu nariz es super preciosa!», y tú dejas de verlo como un defecto. Pues esto es lo mismo. Ella piensa que está maldita y que tiene algo negativo dentro de ella, y es en este grupo de chicas que dicen: «¡Qué guay eres, Blanca!» ¡Blanca la Milagrosa! Es el poder que tiene el peso de lo malo que se dice de ti, de lo que te pueden decir tus amigas y lo que tú tengas encimera cuenta. Me parecía muy bonito que Blanca siguiera teniendo el mismo poder, pero lo que pasa es que ahora le han dicho: «No, tía, ¡que esto está guay!»

P: Hablando del principio de Fuego en la garganta. Blanca tiene una relación bastante ambigua con la culpa y con las dudas acerca del abandono de su madre, y eso la condiciona. ¿Ha utilizado esta culpa como vehículo a todo lo que acontece?

R: Te voy a responder en amplio, y luego vuelvo a la culpa. En todo Fuego en la garganta, tal y como está estructurado, hay muchos elementos que vienen de nuestros aprendizajes religiosos en un país católico. Por ejemplo, la figura de la madre, que no tenga nombre, que al final sea como las vírgenes, que son todas la misma pero que cada una es de un lugar. No quería darle nombre porque ella se construye primero a través de la ausencia, pero luego repite que no quiere ser solo la madre de Blanca, o la esposa de Jorge.

P: Pero no tiene nombre.

R: ¡Claro! Entonces, hay muchos elementos religiosos, pero desde el punto de vista de lo que hemos aprendido. Entonces es cómo asimilas esa parte de la culpa: es una de las piedras más importantes par construir cualquier iglesia. El sentirte culpable, el sentirte sucia, manchada, al final viene del pecado original. El peso de la culpa es muy importante porque sirve para que Blanca se rebele, porque en cuanto se va su madre, ella piensa que se ha ido por ella. Tras eso, se convierte en la niña perfecta y eso va generando un caldo de cultivo que hace que en la adolescencia explote.

P: Has mencionado el pecado original, y de hecho, Blanca tiene su propio pecado original, que es cuando mata a aquella niña y de ahí se van construyendo todas las cosas malas.

R: ¡Sí, sí! Hay una parte del pecado original, y otra acerca de cuando leí las vidas de santos y vi que había milagros de «andar por casa», y que eran puro marketing de la Iglesia Católica en aquel momento. O sea, de hecho hay una movida interesantísima, que es los momentos en los que aparecen los santitos y se certifican los milagros más fuertes… que solían coincidir con los momentos en los que la Iglesia Católica estaba perdiendo poder.

P: Por lo que sea.

R: ¡Claro! Entonces me hacía mucha gracia que el primer milagro (entre comillas) fuese una cosa horrible. O sea, has matado a una niña de cáncer (o de una enfermedad rara, como dice ella, en su entendimiento de niña de nueve años, que tampoco se entera mucho de las cosas). Se da cuenta de que es distinta a los demás, y es al mismo tiempo que descubre su pecado original, y además Inma se ocupa de un marketing religioso respeto a su pecado original.

P: Y Blanca también tiene un camino de peregrinación, que es su entrada a Internet, ¿no? ¿Es una forma de espiritualidad moderna el intentar buscar las respuestas en este Internet primitivo?

R: Pues sí. Antes mirabas al cielo y preguntabas a Dios, ahora preguntas a San Google cuando no sabes a quién preguntarle. Entonces, sí, efectivamente. A mí me hace mucha gracia, pero pienso en esta segmentación de los influencers: de ordenar tu casa, de maquillaje, de libros… entonces me recuerda un poco a esto. Pues como los santos que tiene mi abuela: si has perdido algo, a San Cucufato, si has hecho no se qué solo te acuerdas De Santa Barbara, o los huevos a Santa Clara para que no llueva. Y ahora es: «Me voy a encomendar a Marie Kondo para que me diga cómo organizar mi armario». Hay una similitud muy, muy interesante.

P: A mí me encanta, también, la madre de Blanca y lo que criticas con ella. Me gusta mucho cuando utiliza la palabra «cateto», y esta cultura de El Corte Inglés que era tan típica a finales de los noventa y principios de los dos mil. 

R: Había una cultura alrededor de las mamás de cole, que eran mujeres bastante conformes con su papel de ama de casa, pero al mismo tiempo queriendo tener sus reductos de poder. O sea, mujeres que se sentían bien en este consumismo «más amable», de mujeres adoradoras del pequeño electrodoméstico que se sentían realizadas a través de sus hijos. Si en el caso de la madre de Blanca (que es mi personaje favorito junto a Verónica), creo que se nota. Es una mujer que tenía ciertas ambiciones más allá. Hay un momento en el que aborrece hablar de la Duquesa de Alba, ni de lo que sale en la portada del Hola, ni de la receta de Arguiñano.

P: «Preferiría hablar del Holocausto».

R: ¡Sí, sí! (risas). ¡Es que ella no puede más! Es una mujer que quiere chillar. Disfruté muchísimo con esa parte, me lo gocé mucho porque me parece, además, que es verdad que es una parte que se va oscureciendo, pero que tiene mucho humor y es muy afilada.

P: Blanca también encuentra una segunda familia en Internet, ¿esta segunda puede tapar el vacío de la primera?

R: Sí, yo creo que pueden ser sustitutos para gente que no tiene suerte con la familia. Que no tiene una familia amorosa, o que no tiene una familia. No me gustaría tampoco dejar mensajes con Fuego en la garganta, pero es algo que creo que de verdad sucede. Creo que la familia tradicional no lo es todo, y que por mucho que se empeñen en que la familia es lo más importante, hay veces que se hacen putadas tremendas entre familia simplemente por hablar de los lazos de sangre donde parece que todo está permitido. Muchas veces creo que la ayuda y la compañía deuda persona que te ha elegido porque le encantas, porque tu personalidad le mola y porque se preocupa genuinamente por ti es incluso más valiosa que un hermano o un primo, o el de no sé si una madre.

P: Todas tus protagonistas viven entre las líneas, y son un poco marginadas en las sociedad (ahora las dulcificamos llamándolas outsiders), ¿tienes especial interés en estos personajes?

R: Sí, son mis favoritos. Yo creo que se notaba en El descontento y se nota en este, pero es que no me interesa la gente normal (no me interesa en mi día a día, me va a interesar mucho menos en lo que escribo). O sea, me interesa la gente aparentemente normal, que luego está chalada  o que tiene un barrunte interior tremendo. Incluso en movimientos sociales, es desde los márgenes donde se empuja y se cambian las cosas. Al final son estos personajes desperdigados los que hacen que puedas ver el mundo de otra manera, y que la cosa cambie un poco, o que no sea una rueda girando. No sé. El que mete un palo es el que me interesa.

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