Sergio Ramírez, el Premio Cervantes centroamericano
Hablar de Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) es hablar de una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana. Novelista, cuentista, abogado y exvicepresidente de Nicaragua, cuenta con diversidad de obras como Margarita, está linda la mar (Premio Alfaguara, 1998), Castigo divino (1998, Premio Dashiell Hammett), la trilogía protagonizada por el inspector Morales: El cielo llora por mí (2008), Ya nadie llora por mí (2017) y Tongolele no sabía bailar (2021), entre otras. En 2017 fue galardonado con el prestigioso Premio Cervantes. Su obra más reciente es una recopilación de cuentos titulada Ese día cayó en domingo (Alfaguara, 2022).
El autor reside en Madrid desde que se vio obligado a exiliarse por segunda vez en su vida. Lejos de su biblioteca con más de 8 mil ejemplares, de su Masatepe y de todo lo que implica abandonar la patria, Ramírez reflexiona sobre su trayectoria literaria, su obra más reciente y el festival literario Centroamérica Cuenta, posicionado como uno de los más importantes de América Latina y del que es presidente.
Comienzos, trayectoria, premios literarios
P: Me gustaría hablar de sus comienzos. Con 12 años escribe el guion de una radio – novela y el premio fueron dos botellas de cañita (licor). ¿Qué recuerda de sus primeros pasos?
R: Yo vengo de una época en que la radio era fundamental. Tres cosas fueron fundamentales para mí: la radio, el cine y las historietas cómicas. La radio era un universo muy completo porque toda la familia se congregaba alrededor de ella. Escuchaban las radio-novelas, noticieros que pasaban al mediodía e incluso los sketch cómicos que es allí donde participé.
P: Con 20 años reúne una serie de cuentos e imprime 500 ejemplares que su esposa Tulita le ayuda a vender por las calles de León (Nicaragua). ¿Podríamos decir que se autopublicó?
R: Sí, porque es un libro que yo mismo pagué la impresión. Eso fue cuando salió mi libro de cuentos en 1963. Era una forma de autopublicación, no había otra manera y uno tenía que vender el libro porque era difícil que en las librerías te lo compraran. Tenías que dejarlo en consignación o lo vendías directamente.
P: En 1998 gana el Premio Alfaguara. ¿Fue un punto de inflexión en su carrera literaria?
R: Ya esa es otra etapa muy distinta. Significó muchas cosas porque yo venía de la lucha política en Nicaragua, de la revolución. Entonces, la gente tendía más a identificarme como político que como escritor y eso es un lastre. El premio me ayudó a cambiar de vestiduras y a aparecer, sobre todo, como escritor.
P: El editor le recomienda que le cambie el título a la novela. Pasa de Fin de fiesta a Margarita, está linda la mar.
R: La novela se llamaba Fin de fiesta porque era como en las piezas teatrales donde hay un “Fin de fiesta” y aparecen juntos todos los actores o personajes. Carlos Fuentes cuando me llamó para comunicarme que había ganado el premio me dijo: “El jurado piensa que hay que cambiar el nombre y recomendamos que se llame Margarita, está linda la mar”. Yo no le veía al libro ninguna relación con ese título, pero bueno era una cosa de marketing que pegaba con un nombre de una poesía muy famosa de Darío.
P: ¿Qué opina de los premios literarios?
R: Los premios literarios son muy importantes en el sentido de que fijan un nombre, te dan a conocer, te abren a un nuevo público. Son un medio, pero nunca un fin. Un medio para seguir adelante, un empujón para subirte al camino y que sigas. El premio tiene que ser visto como algo que abre nuevos desafíos. Los premios no califican realmente una obra literaria. Es un llamado de atención sobre tu obra, pero no te hace ni mejor ni peor escritor. Eso solo lo dirá tu propia obra.

P: ¿Suele leer obras premiadas?
R: Algunas veces las obras premiadas me llaman la atención y otras no. Sin embargo, hay premios que para mí son fundamentales como el Booker Prize. Le tengo mucho respeto al ganador y al finalista. Siempre los leo y nunca me han decepcionado.
P: Su experiencia dentro del mundo literario ha sido y sigue siendo muy grande. ¿Cómo la ha vivido desde la publicación de su primer libro?
R: Estoy muy contento con mi experiencia. Ha sido muy diversa y he tenido un recorrido literario muy intenso, no solo con mi propio trabajo: resonancia de mis obras, editoriales, traducciones, festivales, participaciones, conocer a otros escritores. Viajar con la literatura, que no es lo mismo que viajar de turista. Todo eso ha sido muy importante e intenso.
P: ¿No le cansan tantos viajes?
R: Ahora me cansan más, antes no tanto. Ahora veo mis itinerarios de los años pasados y hasta yo mismo me asombro de cómo podía estar en tantos lugares a la vez. Lo llevo con mucha más calma.
P: Supongo que el tema de la edad también influye.
R: Eso influye mucho. Antes estaba en Madrid y podía estar en París al día siguiente, luego Lima, Buenos Aires, México. En dos semanas podía estar en todos esos lugares. Hoy, por ejemplo, que se ha anunciado que el Congreso de la lengua va a ser aquí en España y no en Arequipa (Perú) digo: “¡Qué dicha!” [entre risas]. Entonces, entre más cerca estén las cosas para mí mejor.
P: Sus vivencias políticas marcan de cierta forma a sus personajes. Por ejemplo, lo vemos en el inspector Morales, que viene a ser una especie de alter ego suyo.
R: Sí, lo que tiene que ver con las cosas como son en la realidad sean políticas o no. Desgraciadamente, nosotros tenemos escenarios políticos irregulares, anormales en los que movernos como los que hemos vivido en Nicaragua. Por lo tanto, si vas a hablar de tu punto central de referencia que es tu país tienes que hablar de él tal y como es sin falsificar nada o convertirlo en una arcadia que no es. Por eso es por lo que salta la política, no es que yo vaya a buscarla deliberadamente.
P: De todos los libros que ha escrito. ¿Hay alguno al que le tenga un cariño especial?
R: Sí, mi novela Un baile de máscaras. No es quizás el libro más importantes que yo he escrito, al menos para la crítica, pero para mí sí. Afectivamente le tengo cariño porque es la historia de mi infancia y de mi familia escrita sin notas, tan solo la memoria. Las conversaciones de mi padre con mi madre en la mesa a la hora de comer, las historias de mis tíos y todos estos entreveros que hay en una familia.
P: Tengo entendido que está trabajando en una novela que empezó hace 7 años y que tenía por allí pendiente. ¿Ya está terminada?
R: Casi la estoy terminando ya. Estoy revisando el último borrador que me va a tomar un par de meses. Saldría este año. Voy a entregarle a la editorial por marzo el borrador.
P: Tuvo una gran relación de amistad con García Márquez.
R: Sí, tuve muchísima relación con Márquez. Era un hombre del caribe, llano y divertido sin ninguna clase de distancia.

P: Cuénteme alguna vivencia curiosa con él.
R: Tengo muchísimas. Una vez nos encontramos en un lugar de México porque habíamos quedado para desayunar. Él había llegado primero que yo. Y claro como era tan conocido y todo el mundo se le acercaba, estaba como escondido revisando revistas y esperando mi llegada como camuflado entre las revistas. Aunque él disfrutaba que la gente se le acercara. Su hermano menor (Jaime) solía decirme: “Gabo se esconde para que lo busquen” [sonríe].
P: ¿Y a usted suelen reconocerlo?
R: Sí, sí, sí… relativamente, sí. Claro, cuando vas a una ciudad como Nueva York disfrutas mucho el anonimato. La tranquilidad de que no eres conocido para nadie, pero aun así en Nueva York alguien me reconoció, pero esa es una casualidad.
P: También conoció a Julio Cortázar, otro grande de la literatura.
R: Con Cortázar tuvimos una relación muy estrecha. Nos conocimos en 1976 en Costa Rica y desde entonces fuimos amigos hasta su muerte. Julio era un hombre más sencillo, inocente e ingenuo. Menos sofisticado en términos políticos. Él era muy solidario y capaz de adherirse a una causa y defenderla. Un gran conversador literario.

Ese día cayó en domingo
P: En este último libro de cuentos hay temas como el amor, la familia, la memoria, la muerte o el día a día. Ejes, además, primordiales en algunas de sus novelas o cuentos anteriores. No abandona su línea temática.
R: Los cuentos que componen este libro muchos de ellos los revisé en Madrid. Lo que sí estoy cerrando ahora es la novela de la que hemos hablado antes. A veces tengo 2 – 3 temas abiertos, entonces termino uno y vuelvo a otro. Lo puedo abandonar porque no le encuentro solución en ese momento.
P: ¿Hasta qué punto le afecta estar lejos de su biblioteca para consultar algo?
R: Me auxilio mucho con la red. Ahora hay muchos libros copiados de las bibliotecas.
P: En Ese día cayó en domingo, cuento que le da título al libro, vemos la presencia de un deporte que le encanta: el béisbol. ¿Soñó con ser jugador profesional?
R: Era mal jugador, mal deportista. No era bueno… no tenía habilidad para el deporte, pero mi relación con él viene de las graderías. El espectador que está comprometido con el juego desde la infancia, con los jugadores como personajes, el juego como mito, los estadios iluminados, los viajes a Managua a ver los partidos en la noche. Todo eso para mí es el mundo del béisbol.
P: Precisamente en ese cuento hay una frase sobre la vejez: “Ahora ya todos somos un atajo de ancianos. Unos llegaron lejos, otros nos quedamos en el camino. Otros ya se murieron”. ¿Por qué mucha gente le teme a la muerte?
R: Es natural. La filosofía que te dice: “Hay que ver la muerte como la otra cara de la vida. La muerte es parte de la vida…”. Eso está muy bien en las palabras, pero a la hora de enfrentar el fenómeno del fin físico, la nada, ese paréntesis entre dos oscuridades. Eso es lo que despierta realmente el temor.
P: En alguna entrevista ha expresado que el cuento, a diferencia de la novela, se cierra en sí mismo. ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un buen cuento?
R: Precisión, interés y un buen final. Un cuento tiene que cerrarse, no puede quedar ningún hilo suelto. Nada abierto. Tiene que quedar todo calzado.
P: Además no es lo mismo escribir un libro de cuentos como este que enfrentarse a, por ejemplo, la novela que está terminando.
R: Son dos cosas muy diferentes. Una novela es un viaje tan largo. En mi caso, escribo todas las mañanas. Por supuesto, no es lo mismo sentarse a escribir un cuento que puede salir en un día que todo el tiempo que se necesita para una novela.
P: El libro está formado por 10 cuentos, pero a veces –como pasa con los poemas– se descartan algunos o se dejan reposando.
R: Los cuentos se descartan en el vientre. Yo tengo un archivo de todos los temas posibles. A veces comienzo alguno, pero uno se da cuenta desde el primer momento que eso no puede resultar. Te puede entusiasmar y al final no tener posibilidades. Yo sé que es lo que quiero siempre y cuando no lo encuentro, lo dejo.
Festival Centroamérica Cuenta, 10.º aniversario

P: ¿Cuáles han sido las claves para que el festival mantenga viva la llama durante estos 10 años?
R: Yo diría que la perseverancia. Tener un instrumento que hable por Centroamérica y que comunique a los escritores centroamericanos con el resto del mundo. Esta es una idea que nació de manera muy humilde gracias al apoyo del instituto alemán, la delegación en México y algunas embajadas en Managua. Nos hemos trasladado a Costa Rica, Guatemala, ahora vamos a Dominicana. Es un Festival de competencia internacional y ya está entre los más grandes de América Latina.
P: Hace pocas ediciones introdujeron la iniciativa “Versos que cuentan” dándole un espacio a la poesía.
R: Hemos ido ampliando. La rigidez conspira contra la vida de un festival. Nos hemos ido abriendo a experiencias nuevas. Primero a la crónica periodística, agregamos el tema de los cuentos, la poesía. Ahora vamos a agregar la realidad social y económica de Centroamérica en un apartado que se llama: “Las cuentas de Centroamérica”. Estamos preparando un libro de ensayos diversos sobre asuntos como las migraciones, pandillas juveniles, corrupción, autoritarismo. El libro lo está coordinando Luis Guillermo Solís, expresidente de Costa Rica.

P: ¿Cómo ve actualmente el panorama joven narrativo y poético de Latinoamérica?
R: Ha cambiado muchísimo. La mujer tiene mucho énfasis y eso es un gran cambio; la irrupción de las mujeres en el panorama. Hay una gran diversidad de escritores y en Centroamérica ha crecido el número de escritores de calidad. Muchos están siendo publicados en grandes editoriales con grandes premios y nosotros hemos sido parte de ese esfuerzo.
P: ¿Y el nicaragüense?
R: Están saliendo nombres: Carlos Fonseca Grigsby, José Adiak Montoya que son publicados por editoriales internacionales. Está también Mario Martz.
P: ¿Qué escritores jóvenes latinoamericanos suele seguir o leer?
R: Leo lo que me cae en la mano y me parece que vale la pena. Cuando los muchachos o muchachas me pasan sus libros yo los leo con mucho gusto y les digo lo que pienso.
Recomendaciones, manías, influencias
P: Manía o manías que tenga al escribir.
R: Que la mesa esté bien ordenada.
P: Referentes en la escritura.
R: Chéjov.
P: Una palabra que ame.
R: Cabanga.
P: Una palabra que odie.
R: Presunción.
P: Una que le dé miedo.
R: Exilio.
P: Un verso que le acompañe.
R: ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?, de Lope.
P: La literatura es imprescindible porque…
R: es parte de la vida.
P: Una obra que le hubiese gustado escribir.
R: Crimen y castigo, de Dostoievski.
P: Un autor o autora con el que se iría a tomar algo.
R: Con William Faulkner.
P: ¿A quién le daría el próximo Premio Cervantes?
R: A Enrique Vila-Matas.
P: Una recomendación para aquel que lea esta entrevista.
R: Que lea.


