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William Alexander González: «Mi abuela es analfabeta y se sabe todos los poemas de Rubén Darío de memoria»

William Alexander González ha escrito un poemario crudo, inquietante y de precisión quirúrgica que no está nada exento de compromiso social.

Una voz cruda

William Alexander González Guevara (Managua, Nicaragua, 2000) es un joven poeta que vive en Madrid desde los 11 años y que ha escrito Los nadies (Editorial Hiperión, 2022), un poemario lleno de nostalgia hacia la patria perdida, de urbanismo de verdad –el del Madrid no turístico–, y de palabras precisas que logran remover las tripas y agitar el corazón a partes iguales. Gracias a este poemario se hizo con el XXV Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal», uno de los más prestigiosos de nuestras letras.

En su tiempo libre, William también ha entrevistado a algunas de las figuras más importantes de la literatura actual. Manuel Vilas, Irene Vallejo, Sergio Ramírez, Luis Antonio de Villena, Luna Miguel… y un larguísimo etcétera.

Le preguntamos, capítulo a capítulo, por Los nadies.

Prefacio

Pregunta: Ya en el primer poema mentas a Rubén Darío: “Sabes de lo que hablo, el sabor amargo de la nostalgia”: ¿sigue existiendo esa amargura de nostalgia?

Respuesta: Este es un buen momento para hacer la pregunta porque ahora estoy en el ecuador de mi vida, he pasado la primera mitad de mis años en Nicaragua y la segunda en España. La nostalgia ha dejado de ser tan amarga, pero siempre habrá nostalgia por la patria. Sobre todo por lo que dejé ahí. Mi abuela, mi tía, mis primos… Antes la nostalgia se mezclaba con la rabia, ahora es más bien una nostalgia melancólica de seres queridos.

P: ¿No hay posibilidad de retorno?

R: Lo más seguro es que me quede a vivir en España. Me dijo Luis Antonio de Villena que no importa que no tenga la nacionalidad porque soy un “español de espíritu”. Me pareció muy bonito. Ten en cuenta que mi cultura literaria es española… todo lo que he estudiado desde primaria… he crecido aquí. Además, ahora mismo la situación política me impediría cualquier intento de regreso. Con la dictadura de Ortega ha comenzado un proceso de exilio que ha afectado a escritores tan influyentes como, por ejemplo, Sergio Ramírez. Y yo me he puesto en el punto de mira al haberme posicionado públicamente en contra a través de colaboraciones en medios nicaragüenses anti dictatoriales. Me llevarían al calabozo nada más pisar mi país.

Sergio Ramírez, escritor nicaragüense ganador del Premio Miguel de Cervantes | Fuente: Casa del Libro

Reencuentro

P: ¿Quiénes han sido los maestros de Los Nadies?

R: Los Nadies es un libro muy urbano, por eso mis maestros no pertenecen solo a la literatura más tradicional como pueden ser los poetas del Siglo de Oro, la Generación del 27 o Las Sinsombrero. También lo son artistas de hoy en día que hacen música, por eso cito a algunos como Ergo Pro, Galinier, Fernando Costa, Erick Hervé… quería darle ese toque actual que, además, me parece coherente con la temática.

P: ¿Y quiénes han sido los profesores de tu vida?

R: Si te fijas, en el libro no nombro profesores de bachillerato ni de secundaria. Creo que los verdaderamente influyentes en mi vida (a nivel creativo) fueron mis profesores del colegio. Los de la infancia. Crecí sin padre y ellos desempeñaron un poco ese papel de ser quienes me aconsejaron, quienes me instruyeron en todo lo relacionado con España… de ahí ese homenaje. Se lo merecen.

El iris extranjero

P: En el iris extranjero comienza el desfile de “los nadies”. Hablas de los inmigrantes de Plaza Elíptica, de los “Menas”, de tu madre, o de Moha. ¿Quiénes son exactamente “los nadies”?

R: Si me lo permites, me gustaría utilizar la pregunta de este capítulo para hablar de Moha, el protagonista de Insha´Allah. Moha era un chico marroquí que trabajaba en un kebab por la zona de Pacífico y que perdió a su madre, cosa que le afectó mucho, y sobre ello escribo el poema. Más tarde volví al mismo kebab y me enteré de que Moha se había suicidado. Pienso que se quitó la vida porque no superó la muerte de su madre. Me impactó mucho.

Portada de «Los nadies» | Fuente: Librería Machado

Los nadies

P: Citas a Galeano: “¿Qué pueden hacer los nadies para dejar de serlo? Armarse de dignidad”. ¿Cómo pueden los nadies armarse de dignidad?

R: Muchas veces los inmigrantes tienen inseguridades, incluso sufren un complejo de inferioridad por su condición de extranjeros, y renuncian a la dignidad cuando ceden ante ese complejo y pierden su seguridad. Por ejemplo, mi madre trabaja como empleada del hogar desde que llegó a España, pero no tiene ninguna razón para sentirse menos que nadie solo por el hecho de trabajar limpiando pisos que van del medio millón para arriba. Creo que hay que armarse de valor para no perder la dignidad. Y de cultura; la cultura es muy importante para dejar de ser nadies… la literatura es una buena forma de ganar dignidad porque da voz, y la voz es dignidad.

P: Cuentas en The North Face: “Conviven en el barrio de San Isidro diferentes perspectivas religiosas”, ¿cuál es el punto de unión entre las culturas, con todas sus diferencias, en los barrios de aquí?

R: Creo que la solidaridad; gracias a la solidaridad y el respeto la convivencia es perfectamente posible. En la zona de San Isidro hay una pobreza que, si bien es primermundista, sigue formando parte de la marginalidad, y ahí, que hay mucha multiculturalidad, he visto que desde pequeño se aprende ese principio de solidaridad que permite la convivencia.

Cronoterapia

P: Aquí cambia ligeramente la temática.

R: Aquí están los poemas más recientes. Es lo que me falta por decir… cómo es crecer sin padre, el dolor del amor que solo se cura con el tiempo, temas cotidianos…

P: ¿Se escribe mejor sobre el amor con la herida recién hecha?

R: Sí. No le veo sentido a escribir de algo cuando la llama interior se ha apagado. Por eso ahora mismo no me veo escribiendo una novela. Mi forma de escribir es demasiado obsesiva como para tener que fijarla por horarios concretos.

Epílogo

P: Escribes sobre Nicaragua. ¿Cuál es tu principal herencia de Nicaragua a día de hoy?

R: Pues casi te diría que la poesía. Fíjate, precisamente escribí Herencia porque vi una foto de mi madre del 92 que me pareció súper curiosa porque salen todos ellos y detrás una casa que no es ni una chabola, son cuatro láminas de metal, porque mi familia es de origen muy humilde, por no decir pobre, y lo de herencia es porque mi abuela es analfabeta y se sabe todos los poemas de Rubén Darío de memoria, de modo que yo he heredado la poesía de ella. La poesía siempre ha sido una religión en Nicaragua. En pocos países se puede llenar un estadio de fútbol para un recital de poesía.

P: ¿Hay mucha influencia de Rubén Darío en Nicaragua?

R: Rubén Darío es un ídolo en Nicaragua. Ya te digo que muchas personas que ni siquiera saben leer conocen toda su poesía de memoria. Al fin y al cabo, es el príncipe de las letras castellanas, él solo difundió por Europa un movimiento tan importante como fue el modernismo hispano.

Más allá de Los nadies

P: ¿Cómo se vive el éxito de haber recibido dos importantes premios?

R: Tengo un poco de malestar con el tema de los premios. Me parece que en ese mundillo en general hay mucha hipocresía, mucho clientelismo… La verdad, renunciaría a los dos premios que he ganado por tener un puesto fijo tras acabar la carrera.

P: Tu futuro en la literatura

R: En realidad, lo que ha salido en este libro son los descartes de lo que en principio iba a ser Los Nadies, así que podría haber una segunda parte, pero aún no sé qué haré. Por ahora estoy pensando en el lanzamiento de Me duele respirar, que es algo más íntimo, y después ya veré. Lo que sí tengo pendiente es hacer algo que acerque a la sociedad el tema de las empleadas del hogar, que es un mundo que conozco desde dentro y del que creo que nos hemos olvidado mucho. Incluso en movimientos como el feminista también se le ha dado la espalda. Por ejemplo, quiero contar lo que pasó durante el confinamiento, cuando muchas empleadas del hogar fueron obligadas a trabajar porque no tienen papeles. Hablo de estas cosas en Lejía, mi madre ha perdido las huellas dactilares por culpa de la lejía. Cuando va a renovarse el DNI le tienen que coger las huellas de los dedos de los pies.

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