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Ecos y lazos en ‘Búscame’, la nueva novela de Gregorio Casamayor

El relato fotográfico de Casamayor muestra la ciudad de Nueva York y las vidas de algunos de sus habitantes, conectados entre sí por medio del fotógrafo Paul Knobel

Gregorio Casamayor vuelve con Búscame (2023), un relato coral ambientado en la Nueva York de principios de los dos mil. En él, pretende abordar varios temas que pasan por el duelo, el amor y el arte, por medio de la creación de una suerte de “Colmena”, donde las vidas de varios personajes se cruzan, unen y desunen. Y todo ello frente a la descriptiva, casi analítica, mirada del narrador, combinada con una pluma que en ocasiones roza lo poético.

¿Qué se encuentra en Búscame?

Hace unas semanas, la editorial Acantilado fue tan amable de enviarme un ejemplar de la última novela del escritor conquense, titulada Búscame (2023). En ella, Casamayor reflexiona acerca de las relaciones interpersonales, la magia de los lazos humanos y el arte; sobre todo del arte, y los sitúa en una Ciudad de Nueva York recreada minuciosamente, con un evidente mimo por el detalle.

En este sentido, la disfrutamos por partida doble: cuando el narrador de Casamayor nos la describe y cuando las fotografías de Paul Knobel nos la muestran. Y es que la fotografía, así como la obra del pintor estadounidense Edward Hopper, goza de un papel fundamental en esta novela. Desde luego, los amantes del arte y, en especial, de la fotografía, encontrarán entre las páginas de Búscame unas reflexiones valiosísimas.

En su “Colmena” particular, Casamayor une las vidas de varios personajes hasta tejer una fina red que cubre la Ciudad de Nueva York y la convierte, a su vez, en un personaje más. A través del nexo de unión que supone Paul Knobel podemos llegar a oír el eco de aquellos que le rodean y conforman este paisaje literario, que en ocasiones parece asemejarse más a una fotografía al estilo costumbrista. Los ecos de Búscame se enlazan de múltiples formas, bailando entre las lindes que unen y separan las relaciones de amistad, de amor, de sexo y de familia.

‘Hotel Room’, Edward Hopper (1931)

¿Qué lazos destacan?

Entre estas voces que el narrador nos presenta, cabe destacar la presencia de relaciones materno-filiales, y en especial la de Gloria y su hija Glo. Este vínculo le sirve al autor para reflexionar no solo acerca de la naturaleza de las relaciones intergeneracionales, sino también para presentar un tema muy humano, que forma parte de la experiencia de cualquier persona: el duelo. Las palabras de Glo acerca del dolor, de la culpabilidad y de la pérdida están escritas en un estilo híbrido entre lo lírico y lo preciso. Como lectora especialmente interesada en la psique de los personajes, considero que los ecos de Gloria y Glo son uno de los elementos más fuertes de esta novela, y que Casamayor consigue tocar corazones.

Hopper, Paul y Norma en Cape Cod

La relación entre Gloria y Glo no es la única de esta naturaleza, y Casamayor también nos presenta el último verano que Paul Knobel pasó con su madre, Norma, en Cape Cod. Sin embargo, esta relación parece estar más enfocada hacia el papel del arte y de Edward Hopper en la vida de Paul y de su madre que en su relación madre-hijo. Lo cierto es que, por norma general, las relaciones que Paul establece, los ecos que consigue despertar en el relato, están más regidos por el elemento artístico que por el emocional.

‘Cape Cod Morning’, Edward Hopper (1950)

En estas líneas, cabe destacar otro de los vínculos de esta “Colmena” fotográfica: la relación sentimental entre Paul y Sarah. Casamayor la presenta desde un prisma poco común en la literatura, y lo hace, a lo largo de casi todo el relato, de manera magistral. Se habla de silencios, de vacíos emocionales, de discrepancias entre corazones y mentes. Y las palabras empleadas para abordar estos tópicos son nuevamente mágicas, presentando una mezcla entre lo lírico y lo analítico, entre lo abstracto y lo concreto.

Es por ello, tal vez, que siento que el final deja un sabor agridulce. Porque con todo, la resolución de la relación entre el fotógrafo y la modelo se da de manera precipitada, como si Casamayor tuviese prisa por seguir con su retrato fotográfico. Como si ya no tuviese más tiempo para clausurar este eco de una manera más digna del relato que hasta entonces nos ha presentado. De alguna manera, a este final le falta el toque intimista y poético que tanto resalta cuando este se contrasta con la mirada descriptiva y crítica del narrador, y que le otorga a las letras de Casamayor ese toque tan único.

Búscame, un viaje a través de los sentidos

Aun con esto, no cabe duda de que Casamayor ha vuelto con una obra que rinde homenaje al arte, a las palabras y a los diferentes vínculos que nos rodean y que ponen en movimiento nuestras vidas. Quien se aventure entre sus páginas se inmergirá, desde luego, en una bella reflexión acerca de los intangibles que nos hacen humanos. 

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