La Semana de la Alta Costura en París 2024 nos dejó looks inolvidables acompañados de conceptos terroríficos de la mano de Robert Wun, Maison Margiela y Schiaparelli
La moda, así como la literatura, el cine o la música, tiene géneros. No me estoy refiriendo con esto a la distinción binaria entre moda para hombres o mujeres, tampoco en los diseños de lujos y el mercadillo. Me refiero a la fantasía, el minimalismo y, por supuesto, el terror. Y es que un diseño tiene el poder de causarnos pesadillas. Aquí os traemos los mejores ejemplos de moda de terror que aparecieron en la pasarela durante la última Semana de la Alta Costura de París.
Moda visceral
Si algo llamó la atención entre las colecciones de esa semana fueron los diseños de Robert Wun. El artista hongkonés ha continuado con una idea que ya habíamos visto en pasarelas anteriores, moda de terror que te hace mirar dos veces para asegurarte de lo que estás viendo.
El cine es un continuo lugar de inspiración para los diseñadores, y la semana de la alta costura es el mejor lugar donde encontrar referencias cinematográficas. Ya sea en las performances o en los diseños, las grandes casas de la moda dan la mano al séptimo arte en una suerte de escaparate para las piezas más fantasiosas. Wun se ha lanzado de cabeza y ha tomado prestados elementos de sus películas favoritas para esta colección. Bailando bajo la lluvia, 101 Dálmatas y Maléfica, todas aparecen ante nuestros ojos transformadas en prendas de fantasía. Aunque la joya de la corona se la lleva la pieza que rinde homenaje a Trinity de Matrix. Un abrigo cubierto por pedazos de cristal rotos.
Esta colección tiene una clara inspiración en el género del terror más gore. Sangre de cristal y vísceras brillantes recubren a las modelos, que parecen no ser conscientes de la gravedad de sus heridas. Llama la atención un sombrero guillotinado que deja ver un cerebro cristalizado, un accesorio que espero ver en la alfombra roja de los próximos estrenos terroríficos.
Por supuesto, la novia de este desfile no podía alejarse del tema. Desfila ante nuestros ojos con cubierta de sangre. La maestría del diseñador con los efectos visuales hace que tengamos que fijarnos con mucho detalle para poder observar que esas manchas rojas no son otra cosa que pequeños brillantes.
Siguiendo la línea de un terror más psicológico y menos visceral, Wun busca a los demonios del subconsciente. Inspirándose en Hayao Miyazaki, el diseñador busca el equilibrio entre el bien y el mal. Una modelo desfila con una sombra roja agarrada a su espalda, un ente maligno que le susurra al oído mientras tira del tirante de su vestido, un ente que le incita a pecar.
Wun es un experto en el arte de incitar emociones viscerales. Sus diseños no solo buscan el choque visual, sino también pretenden causar miedo e incomodidad en aquellos que ven a quien los lleva. Un auténtico artesano de la moda del terror.
El terror en la performance
Hay pocas cosas más terroríficas que las muñecas de porcelana que tantas abuelas guardan en sus armarios. Estos objetos provocan sensaciones escalofriantes con sus caras inalterables, vigilantes, sonrientes y frías. Maison Marrgiela se ha zambullido en este concepto y ha creado una pasarela de muñecas rotas. Los estilismos, el maquillaje y la performance se han unido para crear un espectáculo que te atrapa.
John Galliano es el responsable de esta colección en la que vemos vestidos rasgados, cinturas de avispa exageradas y transparencias impostadas. Toda la colección nos atrapa en el París más oscuro, donde las damas de la noche realizan el paseo de la vergüenza durante una noche fría y neblinosa. Un escenario onírico y decadente.
Pero está claro que lo que hace que estos looks causen esa sensación de inestabilidad y extrañeza es la forma en la que las modelos pasean. Zancadas irregulares y con tiempos asimétricos, algo completamente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en las pasarelas.
Si con Robert Wun nos fijábamos en los sombreros, con John Galliano la vista se lanza hacia los pies. Los zapatos estrella de esta colección se inspiran en los animales, deforman el pie de tal forma que vemos preciosas muñecas con pezuñas de cabra. Unas sátiras vestidas de seda volviendo a su casa de fiesta.
Destacan también las transparencias. En este caso Galiano rompe estereotipos y nos muestra la desnudez natural en todo su esplendor. ¿A qué me refiero? Al vello púbico que varias modelos exhiben durante el desfile. Aunque sabemos gracias a la información del backstage que esa mata de pelo no es propia, aunque sí es pelo humano, no pertenece a quien lo luce. Es otro complemento más, llamado Merkin, si le quitamos el espectáculo también podríamos llamarlo peluca para el pubis. Está fabricado y moldeado al milímetro para mostrar una naturalidad que, en realidad, también es falsa.
¿Qué es lo que consigue que esta colección termine de funcionar? El maquillaje, es tal acertado que nos hace pensar que sin él, las prendas no lucirían de la misma manera, sin ese barnizado quedaría una pasarela incompleta. Los rostros brillan tanto que parecen de porcelana real, de cristal, quebradizos. La capa que los recubre contrasta severamente con las paletas de colores utilizadas para enfatizar los ojos, sombras azules, verdes y amarillentas. Pat McGrath es la encargada de estas máscaras de fantasía perturbadora.
El miedo a lo desconocido
La primera cita de la semana la protagonizó Daniel Roseberry con Schiaparelli, esta reunión estuvo marcada por el surrealismo y la ciencia ficción. Sarah-Mower ha decidido nombrar a esta pasarela como “Schiapar-alien”, y es que la colección mezcla elementos tecnológicos retrofuturistas, referencias de la ciencia ficción más clásica y la fantasía espacial.
Dicen que en los lugares que no conocemos pueden encontrarse criaturas extrañas. Roseberry ha decidido crearlas. Huesos, plumas y figuras exageradas. La firma vuelve a inspirarse en el vestido de esqueleto de Elsa Schiaparelli de 1938 y la fusiona con los aliens de H.R. Giger. Muestra una espina en 3D, una estructura exoesquelética de metal y yeso con incrustaciones de piedra, totalmente recubierta de pan de oro.
Una figura sin ojos, nariz ni boca pasea frente a nuestros ojos. Sus pestañas no enmarcan nada. Su cuerpo está recubierto de escamas beige. No ve, no respira, no sabemos si está encerrada tras esa piel reptiliana. Bajo su pecho hay un espacio desnudo, la cerradura utilizada como firma de esta casa. El nombre de esta pieza es Criatura, no creo que sea necesaria más explicación.
Daniel Roseberry juega a mezclar lo tradicional con la vanguardia, buscando un equilibrio que llega a sobrecoger. El mejor ejemplo de este concepto lo mostró a través de un minivestido formado por microchips con placa base y elementos de objetos tecnológicos anteriores al 2007. A primera vista esto no parece tan terrorífico como puede serlo en realidad, pero nos muestra un mundo en el que los seres humanos nos enterramos bajo la tecnología y la innovación, olvidándonos de nosotros mismos.
Viendo el vestido en solitario podemos pensar que es más chic que terrorífico. Pero Roseberry no se queda ahí, porque entre el resto de su colección encontramos un niño. Un bebé creado a través de piezas de placa base, un complemento, una criatura que ha sido absorbida por la inteligencia artificial. Esa idea de comprender a los niños como accesorios de sus padres estremece y busca una reacción en el público difícil de definir. Esta pieza acompaña a la modelo Maggie Maurer, creando una imagen que nos recuerda a Sigourney Weaver en Alien, una referencia que el diseñador ha confirmado.
En un momento en el que la guerra entre la inteligencia artificial y el arte es un tema candente, Daniel Roseberry nos recuerda que el arma más poderosa es la creatividad práctica. Le saca la lengua a aquellos que denuestan el trabajo de los artistas ensartando un lápiz en el cuello de la camisa más simple de la pasarela.

