Adventus lanza su tercer disco con la nueva formación
Hace algo más de un año, un comunicado firmado por cuatro de los cinco integrantes de Adventus anunciaba que el grupo se disolvía. Poco más de 365 días después se lanza Lo que trajo el viento, el tercer álbum de la banda. Su primer disco lo auguraba y Ramil plasmó explícitamente en Luces y Sombras de lo que era capaz: “Sé morir y renacer”. Y vaya si lo ha hecho. En apenas un año el músico gallego ha recompuesto el quinteto y lanzado un nuevo LP compuesto y producido por él mismo.
Cuando un grupo cambia alguno de sus integrantes –especialmente si es el cantante–, se atraviesa una especie de crisis de identidad en la que se lucha por seguir adelante sin perder la esencia. Bien, pues Adventus se encontró sin cuatro miembros. Entre ellos Víctor García, voz icónica y reconocible donde las haya. No obstante, se quedó Manuel Ramil. El artífice de la banda, su teclista, compositor y productor. Al anunciarse el nuevo disco una pregunta invadió la mente de todos sus fans. ¿A qué va a sonar Adventus a partir de ahora? La respuesta, clara. A Adventus, a Manuel Ramil. Como lo ha hecho siempre.

Tema a tema
El disco abre con Nordés, un tema introductorio marca de la casa. Un piano dulce acompañando una voz femenina que recita unos pocos versos es todo lo que necesita el oyente para abrir el paladar. Si nada es cierto es la primera canción propiamente dicha del álbum. Es contundente, como lo era Dame una razón, y menos rápida que Lo siento. Apenas 20 segundos bastan para identificar todos los rasgos característicos del sonido de Adventus.
La batería de Arriaga suena con potencia, el teclado es protagonista y la guitarra de Dani Arcos toca un riff muy progresivo que suena familiar si uno ha escuchado los anteriores trabajos. El bajo, eso sí, está más presente que nunca. Por su lado, la voz era la prueba de fuego a la que se sometía esta nueva formación. Diego Valdez ha asumido el rol de líder vocal de forma sobresaliente en todo el disco y especialmente en este primer tema. No solo clava técnicamente cada melodía, también desprende un carisma que cautiva y emociona a cualquiera que lo escucha.
Magia fue el tercer adelanto del disco y mantiene el ritmo de su predecesor. De nuevo podemos encontrar uno de esos recursos “ramilianos” al comienzo. Guitarra y teclado se retroalimentan en un riff que evoluciona en los primeros compases hasta que llega el reposo en el verso. Aire es una de esas canciones especiales que, si bien no son un single, se quedan en la memoria. Es posiblemente el mejor reflejo de lo que es este nuevo Adventus, evolucionado y maduro respecto a su debut allá en 2021. Quizá por eso fue el tema que eligieron para dar a conocer a su público que la banda seguía adelante. Si hay una palabra que defina Aire es “equilibrio”. Fuerza contenida en cada instrumento.

Justo en el ecuador está Volver a empezar, que como su posición en el tracklist, puede que se quede en tierra de nadie al verse entre temas tan destacados. Lo cierto es que a pesar de que no destaque especialmente en una mirada general al disco, tampoco es en absoluto un skip. Si pasa algo desapercibida es porque acto seguido suena Abrazado a mi dolor, que sí acapara miradas y escuchas casi inevitablemente. Tiene una de esas fórmulas que tanto gusta al público: inicio que da a entender que es una balada para después romper con fuerza. Su estribillo es atípico en instrumental, pero de lo más pegadizo del disco en parte por un soberbio Diego Valdez.
Nueva formación, misma identidad
Seguidamente y sin pisar el freno viene el tema que da nombre al álbum. Lo que trajo el viento se siente como una continuación de Aire – y no solo por sus títulos –. Si Aire era furia e intensidad contenidas, este tema lo son desatadas. Son dos caras de una misma moneda que conviven y se enriquecen mutuamente. En este corte, como en el de apertura, Diego demuestra que está a la altura del proyecto y que es capaz de añadir una personalidad arrolladora e inconfundible a Adventus. Por su lado, Todavía digo en pie es el tema melancólico y de superación que no puede faltar en un disco de heavy. Es similar a Fundirme con el viento, por lo que es un buen tema. Algo que destaca de él y que se mantiene en las dos últimas canciones del disco es la presencia del bajo.
Es en Caigo en este suelo donde Mainer tiene su espacio para lucirse con plena libertad. Durante casi cinco minutos podemos disfrutar de una balada a piano y voz que se recrea en unas líneas de bajo preciosas y poco habituales. Finalmente, Todo da igual pone el sello a un disco que solo le faltaba un tema como este. Rápido y rotundo desde el comienzo. Toda la energía contenida por momentos durante el transcurso del LP se libera por completo en el track final, que entrega a cada músico una parcela para manifestar sus habilidades y dotes técnicas.

Pasado, presente y futuro
En el mundo de la música lo que más se exige a una banda es que sea fiel a sí misma, que mantenga una coherencia musical y letrística a lo largo del tiempo. Para gustos colores, siempre habrá bandas que a uno no le gusten y otras por las que tenga debilidad. Llegado a una edad, tratar de llegar a más gente cambiando el estilo y sometiéndose al mercado deja de tener sentido. Lo más preciado que tiene Adventus es que es la obra de alguien que vive por y para la música. No importa quién defienda el nombre de esta agrupación, mientras esté Ramil al frente uno sabe que no le va a defraudar.
En Lo que trajo el viento hay pocas sorpresas, lo que habla muy bien de la marca personal de Manuel en sus composiciones. No obstante, la inclusión de los nuevos miembros da un lavado de cara a un Adventus que aspira a liderar festivales en los próximos años. Eso es lo más bonito de este álbum, que mantiene con vida el futuro de un proyecto que a muchos nos ilusionó desde el momento que se anunció. Mientras haya vida, habrá música. Mientras haya música, habrá vida. Por eso uno debe aprender a morir, para poder renacer.

