Coleccionar recuerdos es una actividad que se ha hecho toda la vida, desde guardar ropa antigua, decoraciones, entradas, tickets, hasta hacer álbumes fotográficos, objetos cotidianos que tienen más valor que cualquier joya porque guardan la esencia de un momento o una persona
A veces damos por sentado ciertas situaciones o personas presentes en nuestra vida, pero todo va y viene. Cuando algo se termina, aunque no lo parezca deja un rastro.
Actualmente, tenemos la capacidad de guardarlo todo. Sacamos fotos todo el rato, escribimos lo que no queremos olvidar, guardamos recetas para más tarde, hacemos vídeos… Aunque realmente casi nunca volvamos a ver todos esos recuerdos, porque tenemos tantos pero tantos que sería casi imposible tenerlos presentes todos, pero estamos llenos de nostalgia.
Nuestros padres y abuelos crecieron en una generación en la que el acceso a guardar recuerdos estaba más limitado, y tenían muchos menos. A lo mejor era incluso mejor, porque solo tenían memorias de momentos muy especiales señalados de sus vidas, y volver a ellos era mucho más fácil.
El fotógrafo
Centrándonos en la fotografía, tenemos a la figura del fotógrafo, cuya función ha sido siempre la misma, pero con diferentes formas de ser. El fotógrafo puede ser un artista, que comunica su arte a través de las fotografías que saca. Puede ser un informador que busca retratar las cosas como son para que otras personas lo vean y sepan como son las cosas. O puede ser una persona cualquiera que tiene una cámara o un teléfono móvil y saca fotos de lo que le apetece.

Además, se puede fotografiar cualquier cosa, y el significado de estas fotografías realmente solo lo conoce el que las saca.
Si de repente perdiéramos todos los recuerdos que tenemos de una persona que ya no está en nuestra vida, sería como si esa persona hubiera desaparecido para siempre. Y es una cosa que podría suceder, aunque ahora tengamos mucho cuidado con la información que guardamos. Por ejemplo, cuando alguien muere lo que queda de su existencia son los recuerdos que deja, tanto en las mentes de las personas que lo han conocido, como los objetos, fotografías y escritos que ha generado a lo largo de su vida, y eliminar todo lo que queda de una persona es una forma de limpiar la huella de su paso por la tierra.

La cámara lúcida de Rolan Barthes
En La cámara lúcida de Rolan Barthes, se habla de la naturaleza de la imágen fotográfica, es decir, de cómo una imágen fija puede evocar emociones, recuerdos y significados profundos, independientemente de cuándo fue tomada. También explica cómo la fotografía congela un momento, y crea una dimensión temporal independiente en la que el momento sigue intacto. Según Barthes la muerte y la pérdida están relacionadas con la fotografía, que tiene el poder de mantener a las personas que ya no están presentes, incluso de formar parte del duelo de una persona.
El autor también aborda los conceptos de studium y punctum, que son el b general que puede generar una foto y un detalle específico que le da sentido a la fotografía e impacta de alguna manera al espectador. Y la manera en la que la fotografía construye la identidad de cada uno, determinando la manera en la que nos vemos a nosotros mismos y a los demás.
Si analizamos estos conceptos, podemos sacar la conclusión de que la lectura de cualquier imágen va a ser diferente para cada persona. No todo el mundo ve el mismo punctum en una imágen, independientemente de la intención del autor. Por eso cada reinterpretación puede aportar diferentes piezas de la historia que hay detrás de cada imágen.
Wattebled o el rastro de las cosas
Al igual que se explica en el libro Wattebled o el rastro de las cosas de Paco Gómez que explica cómo las fotografías juegan un papel esencial en la construcción de las historias familiares , funcionando como un puente entre el pasado y el presente. A través de las imágenes se pueden revivir memorias o dar sentido a las relaciones familiares. De alguna manera las imágenes sirven para preservar momentos o personas que no están presentes en el momento. En el libro se cuenta como las fotografías pueden ser reexaminadas desde diferentes perspectivas con el tiempo, ofreciendo nuevos puntos de vista sobre las historias familiares. Al igual que pueden plantear vacíos en las historias de la familia, que puedan, a su vez, dar lugar a nuevas historias diferentes.

Es curioso cómo perder una pulsera que te ha regalado alguien o una foto puede ser peor que perder un billete. Al final las personas y las cosas existen para nosotros porque las percibimos, y no es lo mismo tener a una persona a tu lado que tener su foto, pero es lo más parecido que hay. Aunque la esencia de las personas sea imposible de retratar, hay maneras de recrearla, entre otras cosas para no olvidarlas.

