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Flamenco de mi vida

Del ballet al flamenco, de Taiwán a Colmenar Viejo, de aprendiz a Seño: esta es la vida de Isabel Santoja

La niña que en su día bailaba para los vecinos en el portal de su bloque (aunque no le gustara mucho), entra hoy segura por la puerta de la academia de baile donde da clases. Con su pelo rubio recogido en un moño con pinza saluda a los presentes y sigue hasta el lugar de la cita. Allí,  Isabel Santoja se sienta en una de las sillas de la blanca sala de espera en la que recibe a sus alumnas desde hace de 25 años.

Flamenco, cámara, acción

Isabel no empezó en este mundillo desde pequeña, como si lo hacen las alumnas de 5 años que ahora dan clase a pocos metros de la sala. Su carrera comenzó con 16 años, una edad muy tardía para ser bailaora. Y tampoco dio sus primeros pasos en una academia como en la que se encuentra ahora, “recuerdo la primera escuela, que en realidad era una casa de una señora que tenía una barra y un espejo y ahí nos daba clase”. 

El ballet clásico fue su primer contacto con el mundo del baile profesional, como es el caso la mayoría de bailarinas. Pero, tal y como ella misma afirma, “rápidamente me di cuenta de que el flamenco y la danza española eran lo mío, sobre todo el flamenco”. Unos años más tarde ingresó en Amor de Dios, ya que “cuando quieres bailar flamenco de forma profesional lo que tienes que hacer aquí, en España, es irte a bailar y a aprender a Amor de Dios, porque allí están todos los maestros más importantes”. En esos estudios dio clases durante largas jornadas con artistas de la talla de Ciro, Belén Maya o Carmela Greco, “me gustaban mucho las clases de Ciro, eran muy chulas y bonitas.” 

Logo de la escuela Amor de Dios

No fue la edad el único inconveniente que se le presentó a la bailaora. Isabel tenía otra gran pasión: el cine. Desde muy joven había sentido fascinación por el séptimo arte. Por ello, cuando tuvo que elegir carrera no dudó al escoger Comunicación Audiovisual. Sin embargo, nada más empezar, se dio cuenta de que la teoría no era lo suyo. Dejó la carrera y entró como meritoria en una productora, donde poco a poco se ganó la confianza de los jefes y escaló puestos hasta ser ayudante de montaje.  

Así comenzaron unos intensos años donde compaginaba las dos artes: baile y cine. Conforme fue profesionalizándose en cada una de las ramas se dio cuenta de que compatibilizar sus dos profesiones no era posible. La parte de baile se veía afectada por la reducción de horas de ensayo. Por este motivo, Isabel dejó el cine, “yo quería dedicarme ya profesionalmente al baile, pero como lo compaginaba con el mundo del cine siempre andaba a caballo entre una cosa y otra. Llegó un momento de mi vida en el que me di cuenta de que tenía que dejar de hacer cine para lograr mi objetivo”.

Pese a dejar el cine y volcarse en su carrera como bailarina profesional decidió que no dejaría los estudios. Esta vez se matriculó en Historia antigua y medieval. Y así, entre sesiones de ensayos y estudios se sacó la carrera. De su último examen recuerda que «fui a examinarme con mi hijo en brazos 

Baile en familia

Una figura recurrente en la vida flamenca de Isabel fue su hermana. Ella es quien le animó empezar el baile. Comenta entre risas: “Mi hermana era una loca de la danza, bailaba hasta con la música del telediario, y como le daba miedo volver sola de la academia me lió a mí para que la acompañara”. Poco a poco, se fueron aficionando más y más al flamenco hasta que llegó el momento de tomar la decisión a la que toda bailaora profesional debe enfrentarse: tablaos o compañía. Allí se separaron, su hermana escogió las compañías y ella los tablaos.  

Pese al distanciamiento entre las dos, sus caminos no llegaron a separarse del todo. Uno de los momentos en los que coincidieron fue México. Su hermana llevaba un tiempo con la compañía en el país y tras parase a pensar se dio cuenta de que irse allí unos días a bailar podría ser buena idea. Lo confirma diciendo: “Al final fueron cuatro meses entretenidísimos en los que todo el grupo vivía en el mismo apartamento. Puro mamarracheo 

Viajes

México fue uno de los tres países en los que actuó en bolos como profesional. El primero de ellos fue Jordania cuando aún era una aprendiz. Todos sus viajes los puede calificar de inauditos e increíbles, pero este además lo define como lujoso. Quienes las contrataron para actuar ostentaban el título de Reyes de Jordania. La profesora describe con emoción “Fuimos al golfo de Ácaba y bailamos en una playa donde el escenario estaba prácticamente encima del agua. Al ir a bailar para la realeza hicieron que fuéramos custodiadas por la guardia real y por su puesto hotelazo de 5 estrellas”. 

Su segundo viaje tuvo como destino Taiwán. Las invitó el padrino de una compañera suya, una persona de influencia en el país. Allí, después de un recibimiento en el aeropuerto protagonizado por todos los alumnos uniformados de un colegio, comenzó su aventura. Isabel y sus compañeras actuaron en bolos a lo largo y ancho de todo el país. Durmieron en polvoreras y colegios y realizaron actuaciones en sitios que hoy en día sigue sin saber cómo describir. Este viaje lo define como lo más surrealista que le ha sucedido en la vida. 

De bailaora a seño

Isabel Santoja ejerció como bailaora profesional durante 10 años en los que actuó en lugares de la talla del Corral de la Pacheca junto a artistas como Carmela Greco. Lo que más le gustaba de bailar son las soleas, aunque reconoce que con el paso del tiempo le han ido gustando más otros palos como las alegrías. Las soleas son un palo del flamenco que se caracteriza por su lentitud y melancólica expresividad. Esto entra en contraposición con las alegrías, conocidas por su dinamismo y ambiente festivo

Carmela Greco en Amores Flamencos con el resto de bailaores
Carmela Greco y compañía en Amores Flamencos | Imagen: Paula Mozota

Todas las etapas tienen un final, y la del flamenco se cerró para Isabel tras el nacimiento del primer hijo, ya que “eso de a las nueve de la noche deja al tu niño, píntate el ojo y vete a bailar, desde un primer momento ya no me apetecía”. 

Cuando la vida en los tablaos terminó, se decidió por ejercer de profesora. Primero, centro Pablo Neruda y luego en la academia Línea y movimiento, ambas en Colmenar Viejo. De la experiencia como profesora comenta, “doy clase porque me lo paso bomba y es mi forma de seguir conectada con el flamenco”. Reconoce que algo que no le gusta de dar clase es tener que lidiar con ciertas alumnas que se pasan de listas. Y le gustan aún menos las que se quejan y cuestionan sus decisiones de posicionamiento en el montaje del baile por envidia.

Al habla las alumnas de flamenco

Sus alumnas, que llaman a su profesora de forma cariñosa La seño o Señorita, la describen como una persona «divertidísima» y al mismo tiempo un tanto tímida, con un pánico terrible a salir en fotografías o videos. Destacan entre algunas de sus características su gran talento y lo mucho que se esfuerza por renovarse y traer «lo último del flamenco» a las clases.

Las sesiones las definen como dinámicas, divertidas y llenas de buen humor gracias al cariño y las ganas que la maestra pone en cada una de ellas. Señalan también los adjetivos exigente y paciente, este último muy práctico debido al enorme gusto que tienen las alumnas por hablar sin parar en el momento en el que se para la música. Una de las alumnas insiste reiteradamente en el hecho de que también es una mujer muy guapa. 

Para Isabel el flamenco es arte, expresión y pasión. Comenta que algo que le molesta es la creencia de que el flamenco es sencillo: “La gente se cree que es fácil, que es jiji jaja. El flamenco es súper difícil, no solo la música y el compás, sino también la danza. Conlleva oído coordinación y muchas pequeñas cosas”. Añade molesta “Hay gente que viene y me dice que con cuatro años ya tiene un nivel alto y luego solo saben bailar sevillanas”. 

Nuevos horizontes

Sobre el futuro del flamenco ella responde sin dudar: “El flamenco tiene que mezclarse”. Una de sus propuestas es experimentar con el hip-hop, cree que tendrían un gran éxito, en especial entre las niñas pequeñas. Cuenta también como su hermana ya tenía esta idea clara en la cabeza cuando montó su propia compañía Arrieritos. Recuerda con orgullo que aquella fue una de las primeras compañías en el mundo en fusionar flamenco y contemporáneo. Por su parte sigue estando muy orgullos de haber coreografiado Nothing else matters de Metálica para sus flamencas.

Defiende también que el flamenco fuera de España es algo que los propios españoles suelen pensar que no existe, pero las personas dentro del mundillo saben que eso no es verdad. Lo argumenta diciendo, “aquí en España hay un pequeño círculo interesado en la cultura, que, sí que lo valora, pero solo por ser parte de la cultura española. Evidentemente es mucho más valorado fuera. En Japón por ejemplo hay muchos tablaos de flamenco y el mismo número de escuelas y muchísimo interés, al igual que en Estados Unidos y parte de Hispanoamérica”. 

Isabel Santoja concluye la entrevista sonriendo por lo contenta que está de no haberse rendido nunca. Cuando mira hacia atrás se da cuenta de que hay pocas cosas de las que realmente se arrepienta y muchas por las que alegrarse. Y todo esto debido a que » seguí el camino del flamenco. El camino de mi corazón

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