La editorial Lumen ha publicado Ningún amor está vivo en el recuerdo, su última obra
En el campo narrativo, Lumen y Moreno han ido bastante de la mano. Fue esta editorial la que, entre otras de sus obras, publicó su primera novela Por si se va la luz (2014). Recientemente, han vuelto a unir fuerzas para que Ningún amor está vivo en el recuerdo salga al público. El tomo es un conjunto de relatos; como la propia Lara aclara en una nota de la autora, siete de ellos han sido escritos en los últimos meses y otros ocho son ya públicos y reeditados, pero “todavía siguen hablándole y dialogan con los nuevos”.
“Las novelas son totalitarias”, así las define Lara Moreno en una entrevista para RNE. La autora empezó escribiendo relatos, después se pasó a la poesía y más tarde logró llegar a la novela; una novela que la absorbió, se olvidó de sus relatos. Este libro es el resultado de haber retomado su lectura de relatos, de releer los ya conocidos y descubrir obras nuevas.
Ningún amor está vivo en el recuerdo
Independientemente del tema o la vida que aborden, todos los textos están atravesados por el sentido o la comprensión de las relaciones. No necesariamente románticas, pero sí desde la plasticidad del amor, desde lo estático que se puede volver hasta lo líquido que en realidad es. Hay sentimientos que no se dilatan, simplemente tiene su momento de gloria, sus quince minutos de fama y después desaparecen. Los protagonistas sufren esto en sus carnes, o en las carnes de sus amantes, sus hijos, sus vecinas.
Se dibujan escenarios, imágenes caducas y se desengrasa el paso del tiempo. Hay una constante de querer volver a ser algo, de volver a sentir la misma felicidad, exacta y justamente la misma, y eso es imposible. Las manos no lo alcanzan todo y el amor tampoco. O al menos no todo el rato. Lara Moreno hace una interpretación de las relaciones intrapersonales que, gracias al formato de libro de relatos (y no novela), tiene muchos ángulos: el amor propio, el modo en que el egoísmo puede facilitar la vida, la violencia, las expectativas que depositamos (sin permiso) sobre otras personas…
Trata el efecto que tiene cruzarse con determinadas personas, o escuchar determinadas palabras, o incluso tener una madre en concreto; plasma cómo eso redirige tu vida, cómo somos pellizcos de casualidades o de consecuencias. Cómo la vida de otros afecta a la nuestra. Puede que en los relatos se muestre esa construcción del proceso invasor del entorno sobre el carácter; y se consigue una descripción observadora, minuciosa.
Una obra de silencio perenne
A lo ancho del tomo hay fragmentos más sencillos, otros complejos. En algunas piezas incorpora cambios de velocidad en el texto, que estilísticamente no sorprenden porque encajan perfectamente, pero inyectan frescor a la lectura. Es una obra muy legible; leer un relato es más asequible que leer una novela, hace falta menos tiempo: es una escritura calmada, para gente con prisa. A veces es divertido y suele ser una lectura cómoda, accesible. La longitud de los epígrafes ayuda a terminar cada uno de ellos, aunque sea sin tener en todo momento la seguridad de comprender a ciencia cierta lo que se está leyendo, pero casi nunca importa, hay hueco para el disfrute de la forma.
En los relatos de este tomo, el silencio toma un protagonismo notable, pero sutil. No nos faltan piezas, o no siempre, pero historias de una vida se comprenden en unas pocas hojas. Cada título responde a una píldora individual de emociones, de dolor, de olvidos, de amor.
Hay cierta gama de voces distintas, en algún capítulo recuerda a Marta Sanz cuando la locura envuelve a la protagonista, habla del dolor como quien ha leído a Duras y describe las relaciones románticas evocando a García Márquez. Lara Moreno por supuesto tiene voz propia, pero cada título es distinto de los otros y los silencios de los textos dejan hueco a las imaginaciones de las lectoras. Ahí es donde podemos incrustar a uno u a otro.
“A partir de la desaparición del amor el tiempo es una confusión, una nostalgia”
Es una obra muy sensorial, es un generador de emociones y deja un rastro rugoso, desagradable o calmo. El tono en general, de los relatos, no es optimista. Tampoco se diría que es oscuro; es visceral e incómodo (en el mejor de los sentidos).
Para hablar de amor habla de resignación, de abandono, de miedo, de orina, de poesía, del mar, del amor de un hijo y del de una madre, de la costumbre y de la novedad. Todo el amor, todo el rato. Incluso en la hostilidad que desprenden los hombres contra las mujeres, incluso ahí se cuela el amor.
Puede que los relatos en sí mismos, sobre todo los que concluyen de forma abrupta, dejen a la lectora desconcertada; pero tiene sentido, al final se van entendiendo las cosas. Unas piezas recuerdan a otras, unas emociones se relacionan con otras, la autora ha construido una trenza con texto, conceptos y sentimientos.


