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De Drácula a Edward Cullen: evolución de la representación del vampiro

Recordamos a los vampiros más relevantes de la cultura literaria y cinematográfica

Los mitos sobre vampiros nacieron en Europa del Este como explicaciones a epidemias y virus hace más de 1000 años. Sin embargo, la literatura del siglo XIX y el cine del XX han convertido al «chupasangres» en una figura mitológica pop, un ser terrorífico que, en su infinidad de representaciones, ha moldeado el imaginario colectivo y es un reflejo de nuestra evolución como sociedad. 

El personaje más versionado de la historia no necesita presentaciones, es fácil de identificar por los colmillos afilados, el rechazo a la luz solar o, en ocasiones, un marcado acento transilvano. Sin embargo, dentro de una iconografía tan ampliamente reconocible, cada iteración del personaje ha mostrado una nueva interpretación de lo considerado como aberrante, tenebroso y prohibido. Desde sus inicios como una monstruosa criatura deforme y decadente hasta los últimos intentos de su humanización, el vampiro ha atravesado una interesante transformación que merece la pena analizar para comprender la influencia cultural de esta emblemática figura.

Polidori, Le Fanu y Stoker: los autores del vampiro contemporáneo

Fue John William Polidori quien plasmó por primera vez las leyendas folclóricas trasmitidas durante siglos en su relato El vampiro (1819), ideado una tormentosa noche de verano en Ginebra gracias a un célebre certamen de cuentos de terror junto a sus compañeros Mary Shelley y Lord Byron. Nacía así Lord Ruthven, un aristócrata seductor y misterioso que atormenta al joven protagonista Audrey. El cuento catapultó al espectro como uno de los personajes más recurrentes del romanticismo y fue revolucionario en su manera de retratar al chupasangres como un sofisticado joven de alta clase social e introducir el matiz sexual que profundizó sesenta años más tarde Sheridan Le Fanu en Carmilla (1872). Con una vampiresa como protagonista y un subtexto sáfico, el autor irlandés apartó la tradición terrorífica del personaje para ahondar en su faceta más erótica.

Veinte años después, Bram Stoker aunó la herencia milenaria con las incorporaciones de estos autores para construir la novela Drácula (1897), la historia más afamada y aplaudida del género. Tomando al temible príncipe Vlad el Empalador como principal influencia, Stoker logró consolidar al «no-muerto» como una de los personajes más reconocibles de la literatura universal, pero serían sus adaptaciones al cine las que lo convertirían en un mito atemporal.

Primeras versiones cinematográficas de Melíes

Pocos saben que el visionario Meliés se adelantó a la creación de Drácula para captar por primera vez al escurridizo antropomorfo en el celuloide. Y es que su cortometraje La mansión del diablo (1896) no es solo la primera película de terror de la historia, sino que fue estrenada un año antes de la publicación de Stoker. Fue considerada toda una proeza tecnológica, puesto que presumía de una duración de tres minutos e iniciaba con la trasformación de murciélago a humano de Mefistófeles, el demoniaco protagonista del filme. Veinte años más tarde, el cineasta hungaro Károly Lajthay firmaría la primera adaptación de Drácula, la cinta Drakula halála (1921), pero sería Nosferatu (1922), una versión no oficial dirigida por el cineasta Friedrich Wilhelm Murnau, la que moldearía el personaje y lo afianzarían como el rey del horror.

"Nosferatu" (1922), dirigida por F. W. Murnau | Fuente: Wikimedia Commons
«Nosferatu» (1922), dirigida por F. W. Murnau | Fuente: Wikimedia Commons

Con una apariencia cadavérica y taimada, el director alemán transformó al elegante galán del romanticismo en una criatura deforme, enjuta e inquietante que enmarcaría las principales características de la corriente del expresionismo alemán con su tez macilenta y orejas puntiagudas. La viuda de Stoker, Florence Balcombe, demandó a la productora de la obra Prana Film por plagio y ganó el pleito, causando la destrucción de gran parte de las copias, pero no pudo evitar que se convirtiera en un título de culto.

Las representaciones culmen en el cine: Bela Lugosi y Christopher Lee

Gracias a Murnau, el vampiro se asentaría como la estrella del terror cinematográfico. Universal Studios quiso su parte en la moda y estrenó en 1931 Drácula con el actor húngaro Bela Lugosi como protagonista. El intérprete personificó una de las variaciones más emblemáticas, gracias al talante pulcro y señorial que aportó al personaje.

El actor Bela Lugosi como Drácula (1931) | Fuente: Picryl
El actor Bela Lugosi como Drácula (1931) | Fuente: Picryl

Más tarde, la productora británica Hammond Films encargaría a Christopher Lee el papel de encarnar de nuevo al conde en 1958 con un éxito apabullante. Así el versátil artista se convertiría en el primer actor en interpretar a Drácula en un filme a color y el que más veces lo ha hecho.

Diversificación del mito en los años 80 y 90

El mito se apaciguó en los años 70, pero volvería en nuevas formas a finales del siglo y en variaciones completamente innovadoras. Por un lado, la ópera prima de Tony Scott, El ansia, mostraría a diferentes vampiros encarnados por David Bowie, Catherine Deneuve o Susan Sarandon desde un prisma más estilizado, y por el otro, la cinta de 1987 dirigida por Joel Schumacher, Jóvenes ocultos, presentaría a vampiros camuflados entre los jóvenes de su generación, con el mismo gusto por la música rock, las fiestas y los excesos.

Cartel de 'Jóvenes ocultos', filme dirigido por Tony Scott en 1987 | Fuente: Filmaffinity
Cartel de ‘Jóvenes ocultos’, filme dirigido por Tony Scott en 1987 | Fuente: Filmaffinity

Francis Ford Coppola volvería a elevar la figura del Conde Drácula en 1992 en la piel de Gary Oldman, década en la que también destacan los vampiros de Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), Abierto hasta el amanecer (Robert Rodriguez, 1996) o Blade (Stephen Norrington, 1998). En el ámbito español, Iván Zulueta también añadiría rasgos vampíricos en la emblemática Arrebato de 1979.

La humanización del monstruo: Crepúsculo y Solo los amantes sobreviven

En 2008, la franquicia Crepúsculo transformaría a este sangriento personaje en un adolescente condenado a permanecer en un estado de inmortalidad que aborrece, humanizando su naturaleza letal. Se abría así un arco de redención dentro de la tipografía del vampiro hasta entonces desconocida que puso de nuevo a este ser icónico entre las tendencias más populares. Cinco años más tarde, la película independiente Solo los amantes sobreviven (2013) es la representación más sensible y nostálgica de la criatura con una pareja de vampiros que observan los defectos de los humanos mientras buscan liberarse de su propia naturaleza.

Cartel de 'Crepúsculo' | Fuente: GoodFon
Cartel de ‘Crepúsculo’ | Fuente: GoodFon

Con más de 200 años de evolución, la figura del vampiro no solo es el ser sobrenatural más multifacético de la cultura actual, sino que ofrece una representación palpable de los deseos, temores y valores de cada época. Y en un momento de la industria cinematográfica en el que predomina la recreación de épocas pasadas, no es de extrañar que se estrenen en dos años consecutivos el remake de Nosferatu (2024) desde la creatividad de Robert Eggers y próximamente Drácula: A love tale (2025) firmada por Luc Besson.

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