Random House nos lanza al centro del futuro distópico imaginado por Frída Ísberg
En el mes de abril llegó a nuestras manos la traducción del libro La Marca, el debut novelístico de la autora islandesa Frída Ísberg (Reikiavik, 1992). Entre sus páginas se desenvuelve la vida de cuatro personajes los días antes de un referéndum en la ciudad de Reikiavik. En este, los habitantes de la capital escandinava decidirán si será obligatorio someterse a un test de empatía. Se formalizaría así la profunda dimensión entre marcados y no marcados; empáticos y no empáticos. Dos polos cuya oposición enfrenta a las ideas que cada uno creemos portar…y, ¿es este un futuro tan lejano para nuestra generación
A medida que pasaba las páginas, el desasosiego me amenazaba. Este era el desasosiego de los grises, como Frida me comentó cuando conversamos. Acostumbrados a ficción que nos apunte hacia donde mirar, la típica historia del bueno y el malo; los lectores de La Marca son puestos a prueba, la prueba de usar aquella facultad cada vez más olvidada del pensamiento crítico.
La autora pone cara a la literatura contemporánea de su país. Con su primer chapuzón en el mundo de la novela ha recibido el premio literario Fjara, el premio de los libreros islandeses, el premio Islandés de Narrativa Femenina 2022 y el P.O. Enquist. Su energía, compromiso social, pasión y talento suman fuerzas para guiarnos hacia un futuro electrizante.
Hacia un mundo donde la tecnología ha avanzado, y en el que apela a que avance también nuestra capacidad de escapar del carácter binario que nuestra sociedad polarizada ha instaurado. Todo ello lo hace a través de preguntas que surgirán a medida que conocemos a Óli, Eyja, Vetur y Tristan. Sus historias son testimonio de que no hay respuesta única a las variables que el futuro y el presente nos lanzan, y quizás sea desde el conocimiento y la aceptación de ello, que encontremos por fin la filosofía para navegarlo.
Acompañadnos en nuestra conversación con Frída, donde profundiza en el significado personal que recorre en paralelo la función social de su obra; y quizás os animéis a realizar el test que la propia lectura de esta nos supone.
Una conversación en el gris
Pregunta: ¡Buenos días, Frída! ¿Cómo estás? ¿Desde dónde nos hablas hoy?
Respuesta: Estoy hablando desde mi oficina de trabajo, que está en el centro de Reikiavik. Somos 15 autoras las que trabajamos aquí. Como parte del proyecto de la ciudad como “Ciudad Creativa de la Literatura”, se alquila esta antigua casa que pertenecía a una escritora islandesa. Así que, sí, estoy aquí.
P: Reikiavik es donde transcurre tu libro, La Marca. Algunos escritores deciden ambientar sus historias en lugares inventados, otros eligen territorios lejos de casa, y, por último, otros eligen su tierra natal. ¿Qué te llevó a elegir tu propia ciudad para este futuro distópico? ¿Es un futuro que te puedes imaginar?
R: Hmm… Bueno, me resulta bastante natural, no se me ocurre situar mis libros en otro lugar que no sea Islandia. Si bien escribo de otros lugares dentro del país, esta es mi realidad, Reikiavik es mi realidad. Y eso es lo que reflejo, estoy en una conversación con islandeses, en primer lugar, sabes; y luego viene el desfile internacional. Me considero una crítica social islandesa o, ya sabes, esa es la conversación que mantengo, ante todo. Y a través de mi idioma.
P: Sí, me lo imagino. Tiene mucho sentido. ¿Y de dónde surgió la inspiración para contar esta historia?
R: Pues…tuve la idea del libro en 2018. En 2016 había trabajado como becaria en el Times Literary Supplement, en Londres, así que estaba allí cuando se votó el Brexit y, ya sabes, es el mismo verano en que Trump fue elegido presidente. Y solo recuerdo esa especie de total incredulidad, de que esto hubiera estuviera sucediendo. Por la polarización -estaba tan cerca, era como 50/50- nadie en Londres se esperaba en absoluto que pasara. Y luego pasó, y la gente estaba llorando hasta en los baños. Entonces siempre recordé el gran impacto que tuvo en mí ese día. Y también en mi vida personal, yo había estado discutiendo con mi padre durante casi una década por aquel entonces. Él es muy querido para mí, y fue mi principal cuidador. Así que, en aquel momento en 2018, le estaba suplicando a mi padre que dejara de discutir sobre todo lo que estaba enfrentado en el debate internacional. Era como si estuviéramos discutiendo ferozmente, y sin parar, sobre la ley de inmigración, sobre las políticas de identidad, sobre la crisis climática, Black Lives Matter…como si todo lo que básicamente estaba polarizando a la comunidad global también estuviera polarizando nuestra relación. Todo esto se estaba cociendo a fuego lento cuando se me ocurrió la idea de escribir una utopía. Recuerda, era la época de Boris Johnson, Trump era presidente, Bolsonaro estaba en Brasil… había todos estos líderes tan agresivos en todo el mundo; eran hombres y estaban siendo elegidos por su agresividad e implacabilidad. Así que la trama surgió de ahí. En 20 años los líderes del mundo serían elegidos a partir de sus rasgos empáticos. Escribí esto durante unos meses, por partes, escribiendo mi versión de la utopía, donde el sistema social era obviamente mucho mejor. Todos eran amables y la gente veía la agresión como un rasgo violento y malo. Intentaban enseñarse a mejorar los unos a los otros y se decían «no, así es como no hay que comportarse». Se hablaban con delicadeza, de forma racional, intentando entenderse y ponerse en el lugar del otro. Y después de unos meses me puse a pensar: ¿cómo demostrarían los líderes que son empáticos? Entonces surgió la idea de la tecnología para el test de empatía. Y a partir de entonces, la historia se volvió cada vez más turbia -y más turbia y más turbia- con cada mes. Y luego, tres años más tarde era otra cosa completamente. Intentaba meterme en el epicentro, en los grises y los matices y, básicamente intentaba llegar a mi padre a través del libro.
P: Cierto. Hay partes que cobran más sentido al oírte decir eso, al ver que eso era lo que había detrás de la obra tiene mucho sentido como lector. Sobre todo, porque la historia se cuenta a través de varios personajes diferentes y todos se enfrentan a la misma situación de forma muy distinta. En la vida real ocurre esto, de hecho, todos pensamos de maneras tan diferentes, todos tenemos nuestro pequeño mundo interior. A partir de esta idea, a lo largo del libro desarrollas temas muy relevantes y actuales, y de cosas que en el día a día la mayoría de los lectores probablemente evitarían, intentarían no prestarles atención. Y lo haces a través de todas estas opiniones y puntos de vista diferentes. ¿Cómo te planteaste escribir desde tantos puntos de vista? ¿Fue difícil incorporar y dar vida a opiniones tan diferentes?
R: Para mí lo fácil de escribir es crear un nuevo personaje, y…lo difícil es seguir con ese personaje ¡Hay tantos que no llegaron al libro! Para mí, es ahí donde tengo que limitarme de verdad y ser disciplinada en cierto modo. Me vienen estas voces como relámpagos a la cabeza, y el ritmo y el tono y la personalidad vienen y quieren pasar a la página. Me aburro con mis personajes… y así es como sucedió orgánicamente con esta historia. Pensé que iba a escribir un libro desde la voz del primer personaje que aparece, que es la profesora. Intenta navegar por este mundo después de haber sido acosada por su examante. Y tiene dudas sobre la Marca y las ideas del gobierno. Pero lo utiliza en su propio beneficio, porque ha decidido empezar a trabajar en un «barrio marcado», donde su examante no puede entrar, o eso parece. Así que está utilizando la Marca para su propia seguridad, y realmente tiene que negociar consigo misma. Ya sabes, realidad frente a ideología: en última instancia, aunque se muestra escéptica sobre la ideología, la utilizará en la práctica para su propia seguridad. Pensé que este libro iba a ser sólo ella navegando por este nuevo mundo. Pero entonces… me aburrí de escribir únicamente desde su perspectiva. Entonces llegó la siguiente protagonista. Esta trabaja en finanzas, y en su primer capítulo es despedida del trabajo porque la empresa está siendo marcada y ella no pasó la prueba. Así que después de que las voces iniciales llegaran al libro, tuve que disciplinarme y pasé algunas semanas y meses con cada personaje para meterme realmente en bajo su piel y entender lo que les mueve y lo que quieren. Así, al final, pensar en su perspectiva fue algo muy natural, orgánico.
P: Eso es muy interesante. Antes ha dicho que también se inspiró en su experiencia personal y que, por ejemplo, en el libro hay relaciones complicadas entre padres e hijos. ¿Hubo algún personaje concreto con el que se sintiera más cercana?
R: Me siento cercana a todos ellos de alguna forma. En un momento dado, me di cuenta de que la trama era básicamente como plantear una pregunta vital, que es: ¿Podemos vivir en una sociedad sin aceptar los valores compartidos que esta pide? Eso es básicamente lo que es la sociedad; sus valores compartidos. Y cuando los individuos no pueden o no quieren participar en ellos, se les margina, se les ridiculiza y se les deja de lado. Realmente quería ver ese matiz, como las personas empáticas apagan su empatía hacia los que no lo son; y fue desde esta realidad que me sentía conectada con todos. Aun así, creo que Tristan se convirtió en mi personaje favorito.
P: El lector puede ver claramente cómo buscabas el matiz… hay varios pequeños detalles en los que me fijé personalmente. Por ejemplo, en algunos momentos leemos comentarios en Internet de personas que ven la situación en Reikiavik desde otros países; y, todo lo que dicen parece muy distante. Muestra como ahora podemos comentar las cosas, podemos conectar con cualquier parte del mundo y podemos verlo todo. Pero, también estamos más desconectados que nunca. Hemos dejado de sentir y ver realmente estas cosas, todo lo que vemos online nos parece como leer una novela distópica. ¿Esto era algo en lo que pensabas mientras escribías La Marca? ¿Eras consciente de esa distancia que existe ahora?
R: Por supuesto. Ese era el núcleo de las diversas ideas con las que trabajaba. La polarización siempre ha sido un factor en nuestras comunidades. Cuando investigaba para este libro, preguntaba a las generaciones anteriores a la mía: «¿Cómo percibíais la información y los debates polarizados en el siglo XX?: En el siglo XX, la gente leía periódicos diferentes. Había un periódico de izquierdas y otro de derechas. Pero la gente también tenía que discutir en persona, ¿sabes? Y creo que lo que ocurre cuando discutes en persona es que automáticamente te expones a otras opiniones a través de ese contacto humano. Oirías el entusiasmo. Oirías las creencias tan firmes de alguien, y oirías sus emociones. Y eso, creo, es una persuasión, un aprendizaje, un proceso que no conseguirás a través de Internet. Y en este se encuentra también el gris y los matices de nuestra realidad. Creo que es mucho más fácil para mí dudar y entrar en grises cuando estoy discutiendo en la vida real con mi padre que cuando estoy discutiendo con los trolls online, porque puedo marginarlos fácilmente, y puedo descartarlos. Pero cuando estás cara a cara con alguien, es mucho más difícil descartar la discusión. Por eso me preocupan tanto las tecnologías sociales que tenemos ahora, por cómo afectan a nuestra forma de discutir. Soy absolutamente consciente de que estas discusiones siempre han existido, solo que ahora está más fragmentado. Y esto es algo que creo que tenemos que abordar porque los algoritmos son un hecho. Creo que probablemente veremos, en los próximos 15 años más o menos, legislación en torno a los algoritmos. Como en Canadá, por ejemplo, donde las redes sociales ya no pueden utilizar los medios de comunicación. Por lo tanto, hay una brecha en las noticias en las redes sociales; realmente tienes que entrar en los sitios ahora para ver la información real, lo que esta siendo realmente bueno para las noticias falsas. Así que creo que estamos en este punto medio donde no tenemos las leyes adecuadas todavía, no tenemos ninguna legislación en torno. No estamos preparados para esta situación en el periodismo.
P: Esto me resuena mucho a mí y a los problemas a los que se enfrenta la nueva generación de periodistas. Parece como si hubiera un vacío en nuestro futuro, todos nos preguntamos «¿a dónde vamos con esto?». Y nadie parece tener respuestas. Es una situación extraña en la que estamos ahora.
R: Cierto. Somos la primera generación, somos las cobayas de esta revolución, de esta nueva tecnología social, ¿sabes? Sí. Así que, obviamente, esta generación va a estar un poco, ya sabes… jodida por ello también. Y va a haber mucho que desenrollar en las próximas décadas, mucho que adaptar.
“La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.”
(Roland Barthes, La muerte del autor)
La respuesta de Frida evoca las ideas de Barthes, elaboradas en su ensayo La muerte del autor. En este, el pensador francés apela a la destrucción de lo que llama el “Imperio del Autor”, para reivindicar la posición capital, el protagonismo, de cada individuo que se coloca como lector.
P: ¿Cómo querías que fuera la experiencia del lector a través de La Marca?
R: Bueno, quería ver qué tipo de prejuicios traería el lector sobre mis personajes basándose en los estereotipos que son. Y luego, con cada capítulo, añadir nueva información y nuevos antecedentes, para que fuera más difícil descartar o encasillar al personaje y decidir simplemente «este es bueno y este es malo». Como si tuviera que estar de este lado y en contra de este otro. Como lectores y seres humanos, somos un poco obedientes con lo que se nos dice, y los escritores suelen ser muy obvios con respecto a quién es el héroe y quién el antihéroe. Así que quería jugar un poco con eso. Y esto era exactamente lo mismo que intentaba hacer con la ideología y el discurso político. Tomé muchos elementos de las ideas polarizadas que circulan actualmente y los incluí en este debate polarizado sobre si todo el mundo debería someterse a la prueba de la empatía. Y lo hice de tal manera que a veces había argumentos de izquierdas que apoyaban el marcado y a veces había argumentos de derechas que lo apoyaban, y viceversa. Así que los de derechas o los de izquierdas no sabían exactamente a qué atenerse. Quería que el lector fuera de un lado a otro, evaluando todos los puntos de vista y sintiéndose desorientado, porque vivimos en un mundo muy desorientado. Por eso fomenté el pensamiento crítico… Estoy empujando y poniendo toda la responsabilidad en el lector para que se forme su propia opinión al respecto.
P: Sin duda ha conseguido lo que se proponía. Mientras lo leía, les decía a los que me rodeaban lo confusa y conflictiva que me sentía: «No sé qué apoyo, qué no apoyo». Es algo magnífico, el hecho de que hayas creado un ejercicio de pensamiento crítico. Sobre todo porque se trata de tu primera novela. Hasta ahora ha publicado sobre todo poesía. ¿Siempre estuvo en sus planes escribir un libro?
R: Bueno, sí, supongo que sí. Es decir, sí, antes de esta novela había escrito poesía y relatos cortos. La colección de relatos fue una especie de debut en Islandia como escritor de prosa. Así que ya había incursionado en la prosa, pero supongo que el mercado siempre me preguntaba «¿cuándo sale tu novela? ¿Cuándo sale tu novela?». Y realmente me resistí durante mucho tiempo porque no tenía ninguna idea. No quería escribir una novela sólo por escribir una novela, ¿sabes? No quería verme forzada a ese formato sólo porque se suponía que debía hacerlo. Sufro mucho de rebeldía independiente cuando se supone que debo hacer algo, así que lo evité durante mucho tiempo. Pero entonces, cuando esta idea, pensé «Ok, esto no puede ser un corto lo siento. Tengo que tener más espacio para hacer justicia a esta historia». Pero definitivamente necesitas una visión a largo plazo y es más trama, y no me gusta mucho la trama. Me encanta el ritmo, los personajes y escribir. Así que fue un reto para mí, sin duda. Y luego no hay gratificación. Hay tanta gratificación en escribir y terminar una historia corta, pero cuando estás escribiendo una novela, son como tres años de dudas y conflictos y muertos sin fin. Es muy divertido, pero es todo un reto; lo estoy haciendo otra vez, estoy escribiendo otra novela. Pero cuando escribo un relato corto es un alivio no tener que pensar en que la trama se mantenga durante la extensión de un libro.
Lecturas para la Generación Cobaya
P: Es un proceso muy diferente para la poesía, los relatos cortos y las novelas. Me imagino que es un gran paso de una a otra. ¿Qué otras influencias le han ayudado en este proceso? ¿Libros, películas, música…?
R: Siempre estoy leyendo, así que en realidad no sé qué libros me ayudaron. Y pasé mucho tiempo escribiendo este libro, así que fueron muchos. Pero sí que escribía leía mucho de psicología, psicopatía y empatía. Y también me gustó investigar mucho sobre las víctimas de acoso. Después de leer libros sobre el tema, y de haber escrito sobre él, siento que es un crimen poco considerado. Es un crimen horrible, horrible; quitarle a una persona esa sensación de seguridad para siempre. Y eso es lo que realmente pasa. Rara vez hay buenos finales cuando se trata de acoso, porque la víctima queda muy desestabilizada.

P: Leer todas esas historias y el libro en sí, como hemos dicho, es un ejercicio de pensamiento crítico, y esto es en gran medida lo que debemos hacer para sobrevivir en un mundo tan polarizado. Si pudiera añadir algún otro libro que recomiende leer a la gente en esta época, ¿cuáles serían?
R: Bueno, los autores que me encantan y que siempre leo cuando sacan un nuevo libro al mundo, son George Saunders, Ali Smith, Rachel Cusk. Sí. Y también hay muchos escritores escandinavos que me encantan, como Lina Wolff.
P: ¡Gracias! Me has dado muy buenas recomendaciones. Investigaré más autores escandinavos contemporáneos. Y ha mencionado que está escribiendo una nueva novela. ¿Es ése su próximo proyecto, o tiene cosas entre manos?
R: La parte física de mi trabajo va a parar a la novela. Pero cuando no estoy trabajando o en el lugar de trabajo, me dedico a la poesía.
P: ¡Estamos deseando ver qué le depara el futuro a su trabajo, Frida! Antes de despedirme, diré que el final de la historia es bastante incierto. La Marca es un libro de preguntas más que de respuestas, así que… Al cerrar el libro, si pudieras pedir al lector que se hiciera una última pregunta, ¿cuál sería?
R: Vaya, buena pregunta.
P: Jajaja, gracias.
R: «¿Me importa la prueba?». ¿Crees que alguien merece vivir dignamente, aunque no pase el test de simpatía, o le importa el resultado?
P: Lo que yo diría, me preguntaba al terminar; ¿qué va a pasar con nuestro mundo? Supongo que el tiempo responderá, y nosotros mismos lo haremos. Muchas gracias por su tiempo.
R: Gracias a ti también. Hasta luego y ¡buena semana!
Y con un deseo de buena semana dejamos zanjada la conversación, pero no las interrogantes que La Marca ha abierto. Y, ¿no es esta la belleza de la literatura? Con ello os invitamos a su mundo: una aventura y un ejercicio de entrenamiento para un futuro como aquel que la audaz Frída Ísberg imagina, y quizás no tan lejano.


