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‘Una traición mística’; la prosa más oculta de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik cosechó grandes escritos en prosa que nos ayudan a entender quién era

Cuentan que Alejandra tenía una pizarra en casa donde, cuando las palabras se le antojaban demasiado densas, las dibujaba. Dibujaba la palabra. También dicen que se acostaba con mujeres pero que nunca aceptó su bisexualidad. Que su suicidio fue una torpeza, que no quería suicidarse. Dicen tantas cosas sobre ella que a menudo tratar de diferenciar la verdad del mito no hace más que agitar las dudas. Este nuevo libro sobre la prosa de Alejandra Pizarnik puede, tal vez, ayudarnos a orientar las respuestas y entender más a su autora.

La editorial Lumen ha publicado una recopilación de la prosa de Alejandra que muestra una forma distinta de la poeta de hacer con palabras. Sin embargo, antes de centrarnos en esa Alejandra más desconocida, vale la pena detenerse en el impacto que su figura sigue teniendo. Porque, aunque Pizarnik murió hace más de medio siglo, su obra sigue emocionando a los lectores.

Influencia en los más jóvenes

Conocí a Alejandra Pizarnik hace dos años en un autobús. No a ella, a su obra. Vi un vídeo de Amalia Buitrago, que comparte poesía en sus redes, recitando el célebre poema ‘El despertar’ de la poeta argentina. Algo en mí despertó y, durante las próximas dos horas de viaje, leí todo cuánto pude sobre Pizarnik. Han pasado dos años y sigo volviendo a esas estrofas regularmente.

@amalia.buitrago

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♬ Dream Away – Ramol

Nunca pude imaginar que, dos años después, estaría hablando con aquella chica, Amalia, sobre Pizarnik. «Su poesía es bastante oscura y compleja» me comentaba: «En el poema, cuando dice ‘Señor, la jaula se ha vuelto pájaro’ no le habla a Dios, le habla a su psiquiatra, León Ostrov… como si él fuera su propio Dios».

Que Pizarnik triunfe entre la gente joven no es de extrañar. Su desesperanza con la vida misma, desgraciadamente, es un sentir con el que muchos jóvenes se sienten identificados.

Mar F. Calvo, poeta que lidia con depresión, ansiedad y Trastorno Límite de la Personalidad, sacó tiempo para atenderme mientras estaba internada en el hospital. Alejandra Pizarnik, dice, captura la soledad y el vacío de una manera que le resulta profundamente familiar.

«La escritura me permite explorar mis pensamientos y sentimientos más oscuros sin juicio alguno», y añade: «Es una forma de dar voz a lo que a menudo se siente indescriptible, como si al escribir pudiera externalizar mis luchas internas».

«Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras»

Alejandra Pizarnik; Una traición mística.

Evento literario en honor a Pizarnik

Sin embargo, el poder de Alejandra no embriaga sólo al lector casual. Su legado es una guía para muchos creadores actuales, como demuestran eventos literarios como el Premio Internacional de Poesía de la editorial Pigmalión. Tuve el placer de hablar con su director, Basilio Rodríguez, y me comentó que buscan obras cercanas al espíritu de Pizarnik; poesía intensa, prosa reflexiva y traducciones que desentrañen el alma humana.

Este año, el premio fue para Beatriz Saavedra, poeta mexicana, que pese a estar muy ocupada en su viaje por trabajo a España me atendió con mucha amabilidad. Beatriz afirma que Alejandra Pizarnik es una figura fascinante en la literatura, y afirma que «su poesía, intensa y emocional, junto a su habilidad para explorar temas como la soledad y la identidad, resuena con muchos lectores. Significa un referente en mi poesía”.

Este eco, este diálogo entre generaciones, es parte de lo que el nuevo libro sobre la prosa de Alejandra, Una traición mística, revela. En esta obra, Pizarnik se muestra no solo como madre de versos desgarradores, sino como una escritora versátil que cultivó diarios, ensayos y otras formas de prosa que contienen el mismo brillo cegador de su poesía.

Su escritura no solo resiste el paso del tiempo, sino que invita a una relectura constante, una reinterpretación que desvela, en cada lectura, algo nuevo.

«Yo intento evocar la lluvia o el llanto. Obstáculo de las cosas que no quieren irse camino de la desesperación ingenua. Esta noche quiero ser de agua, que tú seas de agua, que las cosas se deslicen a la manera del humo»,

Alejandra Pizarnik; Una traición mística.

Cristina Piña y su estudio sobre Alejandra

Pese a algunas dificultades en cuanto a la diferencia horaria entre Argentina y España, pude charlar con Cristina Piña sobre Alejandra. Cristina ha dedicado gran parte de su vida a estudiar a la poeta argentina. En 2021 publicó Alejandra Pizarnik: Biografía de un mito, junto a Patricia Venti.

Cristina me contó casi al inicio de nuestra conversación que, en Francia, su apellido se pronunciaba Posádnik, que significa fuego, incendio. Le comenté que me parecía curioso que lleve en su nombre tal destrucción natural. Un fuego que, en su poesía, no es solo una metáfora, sino una presencia constante, casi como un destino.

Alejandra nunca dejó de estar en contacto con esa destrucción, ese dolor; su vida y su obra estuvieron siempre cruzadas por la muerte, un concepto que la acompañó desde temprana edad. A los 14 años, Pizarnik escribió por primera vez sobre el suicidio.

“Ella piensa siempre en suicidarse. No porque ame la muerte sino porque considera que el sufrimiento deviene demasiado grande y sabe que llegará un día en el que ella, pequeña como es, ya no podrá contener tanto dolor”,

Alejandra Pizarnik. Verano 1950 (con 14 años)

Hablar de sí misma en tercera persona, como si fuera un ser ajeno, refleja la desconexión que sentía de su propio ser. A través de esas palabras se asoma una joven que ya veía la muerte como una opción más allá del dolor… como una cuestión profunda.

Una traición mística nos invita a descubrir otra faceta de Alejandra, una que va más allá de la tragedia y que muestra su capacidad para romper con las convenciones literarias. Piña lo señala al mencionar La bucanera de Pernambuco y Hilda la polígrafa, recogido en este nuevo libro sobre la prosa de Alejandra, donde Pizarnik no solo transgrede el lenguaje, sino que lo destruye. A través de estas obras se desprende de las ataduras que le imponen las palabras, creando un nuevo espacio literario donde las fronteras del lenguaje se desvanecen.

«¡Qué damnación este oficio de escribir! Una se abandona al alazán objetivo. y nada. Una se abandona, y también nada»,

Alejandra Pizarnik; Una traición mística (La bucanera de Pernambuco o Hilda la Polígrafa)

Ivonne Bordelois; una amiga, un testigo.

Ivonne Bordelois es otra de las figuras que aparece constantemente en los recuerdos de Pizarnik. Aunque Alejandra se mostró crítica y desconfiada de muchos de sus círculos literarios, nunca habló mal de su amiga. Gracias a Cristina Piña, que me puso en contacto con Ivonne, pude hablar con ella sobre su gran amiga: Alejandra Pizarnik.

«Alejandra tenía una poderosa personalidad que no era para nada convencional. Se presentaba siempre con un total desprecio por las normas de la elegancia burguesa y buscaba la provocación» recuerda Ivonne Bordelois, y añade: «de todas maneras siempre se veía, a través todo esa protesta, una lucidez muy especial. Atraía mucho esa mezcla de inconformismo y de inteligencia, talento crítico… esa simbiosis era muy interesante».

Pizarnik, conocida por su obra cargada de simbolismo y densidad emocional, no encajaba en las normas de la vida cotidiana ni en los moldes literarios. Según Bordelois, era profundamente diferente: «Ella no miraba la superficie de las cosas sino lo que está detrás y te lo insinuaba de una manera que no era para nada intrusiva, ni indiscreta, sino que era una manera de iluminarte sobre ti mismo».

«- Dijiste que me fuera. Intento hacerlo desde que me parió mi madre»,

Alejandra Pizarnik; Una Traición Mística (Casa de citas)

El refugio en la palabra

La poesía no era para Alejandra simplemente una forma de expresarse, sino mucho más: «Para ella la poesía era su destino. No se veía sino en la palabra y en la construcción de un lenguaje que permitiera de alguna manera romper las barreras. Cuando ella dice ‘Si digo pan, comeré; si digo agua, beberé’, quiere ir más allá del límite del lenguaje. Esa es una de las circunstancias que le empujan a la autodestrucción«, comenta Ivonne. 

Aunque era sensible a las críticas, como lo demostró con comentarios sobre el recibimiento a La condesa sangrienta, Alejandra no lograba apropiarse de su valía. «Había una especie de abismo en ella. No podía aceptar del todo el reconocimiento que recibía», reflexiona Bordelois, quien cree que este desequilibrio contribuyó a su autoimagen dañada: «Se sentía muy sola. Esa frase terrible ‘ayúdame a no pedir ayuda’ y ‘qué diría el mundo si Dios le hubiera abandonado así’, son frases que están escritas desde el fondo mismo de la desesperación. Hay como una especie de desequilibrio entre lo que se le daba y lo que ella podía aceptar.»

«¿Acaso es nada la vida? ¿Por qué conceder tanto tiempo a tan inútil aprendizaje?»

Una amistad marcada por la lealtad y las tinieblas

Bordelois y Pizarnik compartían largas conversaciones en medio de la inspiración. «Era absorbente y exigente. Cuando ibas a su casa, tenías que estar dispuesto a pasar horas trabajando juntas en traducciones, críticas o diálogos apasionantes», recuerda.

Sin embargo, esta intensidad también tenía un costo: convivir con Alejandra implicaba lidiar con una personalidad difícil. «Era una náufraga en los requerimientos básicos de la vida cotidiana», explica Ivonne. «Para ella ir a la farmacia o al banco eran hazañas muy difíciles, había que acompañarla… Su madre tenía que venir de un barrio lejano a su casa para cocinarle cuando ya tenía treinta años».

Ese tipo de actitudes de Alejandra eran difíciles de sobrellevar: «Creaba una serie de conflictos con la gente que la rodeaba porque tampoco éramos nosotros ni enfermeras, ni acompañantes, ni sirvientes«, dice Bordelois. 

A pesar de ello, su relación fue un espacio de profunda complicidad. «Alejandra percibía en mí una dualidad entre mi vocación científica y mi alma de poeta. Me llamaba ‘polvorita gozosa’, quizá porque veía en mí un optimismo que ella no compartía», comparte Ivonne.

La complejidad detrás del personaje

La figura de Pizarnik, a menudo retratada como trágica, tenía matices que solo quienes la conocieron personalmente pudieron ver. «Era una persona muy divertida cuando quería serlo. Su ingenio y su manera lúdica de ver el universo eran extraordinarios», señala Bordelois. Sin embargo, esa chispa convivía con una fragilidad que conmovía a sus amigos: «Uno oscilaba entre la admiración y la compasión al verla tan desamparada frente a las cosas simples».

La relación de Pizarnik con su sexualidad también ha sido objeto de interpretaciones y polémicas. Bordelois descarta las teorías que la presentan como perseguida por su identidad sexual: «Ella se aceptaba perfectamente. Le molestaba más lo que la sociedad podía proyectar sobre ella».

«¿Debo agradecer o maldecir esta circunstancia de poder sentir todavía amor a pesar de tanta desdicha?»,

Una traición mística: Alejandra Pizarnik

El final de Alejandra

El suicidio de Pizarnik dejó una cicatriz imborrable en quienes la rodearon. Ivonne Bordelois estaba en Boston cuando ocurrió. Recuerda la última carta que recibió de Alejandra: «Hablaba de la fidelidad, ‘ser fiel hasta la muerte’. No contesté esa carta a tiempo, algo que siempre lamentaré».

Ivonne Bordelois me explicó que la razón por la que no contestó la última carta fue por una pequeña rencilla entre amigas. Habían traducido juntas un poemario de Yves Bonnefoy y el diario La Nación le pidió a Alejandra publicar algunos de esos poemas. «Ella eligió unos poemas sin decirme nada y los publicó. Me tomé un tiempo para contestar, estaba molesta, y ahí es cuando ella se suicidó yo no sabía que estaba tan mal», se lamenta su amiga. 

Sin embargo, encuentra consuelo en la amistad que compartieron. «Me quedo con ese pacto de lealtad y de tinieblas que teníamos. Ella aceptaba mi mundo y yo aceptaba el suyo», y continúa diciendo que «de toda la gente que cita en su diario las referencias a mí siempre son gratas. En ningún momento dice alguna cosa negativa como ocurre con casi todo el mundo, de modo que en ese sentido sé que para ella yo fui una persona positiva«.

La muerte y su suicidio

Es imposible leer su obra sin notar que la muerte no solo la acechaba, sino que se convertía en un personaje. Cristina Piña lo explica claramente cuando habla de La condesa sangrienta, una obra recogida en este nuevo libro sobre Alejandra Pizarnik donde la muerte se personifica en un ser tangible, bello y terrible, casi místico, como la figura histórica de Erzsébet Bathory; «es quizás el libro donde más configuró la figura de la muerte como una mujer bella y terrible«.

 «Desnudar es propio de la Muerte. También lo es la incesante contemplación de las criaturas por ella desposeídas (…) ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta como y donde quiere. (…) Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte?»,

Alejandra Pizarnik; Una traición mística (La Condesa Sangrienta)

En la obra de Alejandra la muerte no es solo un tema, sino una obsesión que moldea el lenguaje y la visión del mundo. En la vida de la poeta, tal sentir se intensificó con el paso de los años, especialmente cuando, enfrentada a la bulimia y a la autocrítica constante, recurría a anfetaminas para adelgazar y también para mantenerse despierta y trabajar en su escritura.

La relación de Pizarnik con la muerte y el dolor fue tan compleja que incluso sus intentos de suicidio fueron parte de su búsqueda de sentido. Cristina Piña recuerda cómo, a pesar de sus internaciones, Alejandra nunca dejó de escribir. Y aunque se sentía profundamente sola, sus cartas reflejan una faceta completamente diferente de la poeta. «En las cartas se convierte en otra. Es alguien preocupada por sus amigos, cariñosa, divertida, empática… es maravilloso ver ese cambio«.

Alejandra Pizarnik | Archivo de imágenes
Alejandra Pizarnik | Archivo de imágenes

«Yo siempre me he preguntado si la pregunta no es por qué se suicidó sino por qué no se suicidó antes» dice Ivonne, y añade: «el suicidio está desde muy temprano en el diario, en todas partes… Se ve que hay una vocación de autodestrucción terrible en eso. En ese sentido yo siento que la acompañe mucho, pero no hasta el final».

«Escribo para no suicidarme (…) Escribo para defenderme, para ganar mi espacio silencioso»,

Alejandra Pizarnik. Diarios. 

Entender su prosa para entender a Alejandra

Cuando uno lee a un escritor de la talla de Pizarnik debe estar preparado para meterse a fondo en su obra. La facilidad con que escribe la apatía y refleja en sus escritos el desgaste de una vida en ocasiones puede ser abrumador. Su manera tan sugerente y atrevida de explicar y dar un uso al lenguaje va más allá de todo lo escrito. Sin duda alguna, si uno, como lector, quiere conocer fielmente a Pizarnik, debe leer esta recopilación de su prosa.

Una traición mística, la nueva obra sobre la prosa de Pizarnik no es solo un libro más, es un mapa del alma de la poeta, donde el dolor, el lenguaje y la muerte se entrelazan para ofrecernos esa mirada única de una de las voces más complejas de la literatura argentina; la voz de Alejandra Pizarnik.

Este volumen revela, quizás, una de las facetas menos conocidas, pero igualmente deslumbrantes, de alguien que nunca dejó de escribir y de cuestionarse, a través de las palabras, qué esperar de la vida.

«El hombre presenta en sí mismo una herida que desgarra todo lo que en él vive, y que tal vez, o seguramente, le causó la misma vida»,

Alejandra Pizarnik: Una traición Mística (Los perturbados entre lilas)

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