Joder y gracias muestra la vida en crudo, como un ciclo sin historia definida
Paula Reyes, escritora y cantante del grupo Pipiolas, publicó joder y gracias el pasado marzo, dejando que completos desconocidos intentaran comprender cómo ella entiende la vida. En un libro con una protagonista que no es ella pero con la que algo comparte, la autora realiza un ejercicio de introspección al más puro estilo de su generación, en las notas de su móvil.
Un libro de autoficción en el que se mezcla la prosa y el verso, o como la propia Paula define, “de género fluido”. Una obra que refleja el duelo, el sufrimiento y la autoexploración de alguien que confiesa sentir cierto “gusto por la incertidumbre”.
En el relato, que empieza hablando de un suicidio, vemos momentos de oscuridad y de ira, pero también amistades y reflexiones sobre el amor y la vida. Para cada lector esta no-historia tendrá un significado distinto. Paula escribe para sí, sin pretensión de explicarle a nadie lo que debe sentir al leer sus palabras. Es una escritora generosa que disfruta escuchando las conclusiones que otros sacan con su obra.
La autora ha permitido que conozcamos un poco sobre su mundo y lo compartimos con los lectores de El Generacional en crudo, al igual que escribe ella, para que saquen sus propias conclusiones.
Pregunta: Este libro tiene mucho de ti. Vamos a empezar por tu protagonista, Enriqueta. ¿Quién es ella? ¿Es parte de ti o es pura ficción?
Respuesta: Todo escritor al final siempre parte de una vivencia o experiencias que ha tenido. Y eso es algo innegable. Incluso cuando hasta cuando haces fantasía, siempre ciertos personajes, los tiras de recuerdos. La propia memoria en sí ya es ficcionada.
Entonces es innegable que lo que escribo, y más en este tipo de novela o de género fluido, que es que es al final lo que es el libro, es autoficción y tiene algo de autobiografía. Aunque no es no es autobiográfico, mi hermano está vivo, no he tenido un suicidio cercano. Creo que simplemente uso la ficción como excusa para hablar de cosas de la vida de las que me interesa hablar y que esas cosas, por supuesto, parten de mí.
P: ¿Pero al igual que Enriqueta eres alérgica a las flores?
R: Soy alérgica a las flores, por ejemplo, en eso absolutamente nos parecemos. Hay cosas que cuento que sí que son mías. Pero también es chulo que quien lo lee y me conoce sabe que es verdad y que no y quien no me conoce pues se queda con la duda de saber si es parte de la vida de la autora.
P: Hay una parte del libro que habla de Sant Jordi, un poema en forma de captura de pantalla que me hizo preguntarme cómo estarías pasando ese día con el libro recién publicado.
R: Pues me fui a Barcelona, a celebrarlo con unas amigas. En el momento en el que escribo ese poema, aunque no sé si lo podemos llamar poema, lo escribo justo en Sant Jordi del año pasado. Que fue muy triste y lo viví en Madrid. Este año me fui a vivirlo allí y una de ellas no me regaló flores porque sabe que soy alérgica y otra una rosa de chuche. Fue muy bonito y se ha hecho un poco de justicia poética también.
Ha habido una evolución entre un año y otro. Si miramos para atrás a los años y no hay ningún tipo de evolución, es horrible. A mí al menos como me inspira un gusto por la incertidumbre, que eso es algo que no me había pasado nunca. Antes me generaba más ansiedad que otra cosa y sí que con el tiempo estoy en un punto vital en el que la incertidumbre de la vida me ha demostrado que puede ser hasta divertida. Supongo que la medicación también tiene algo que ver. Ahora estoy en ese punto de decir “¿Dónde estaré?” No me voy a preocupar por el porvenir ya.
«Me inspira un gusto por la incertidumbre, que eso es algo que no me había pasado nunca. Antes me generaba más ansiedad que otra cosa y sí que con el tiempo estoy en un punto vital en el que la incertidumbre de la vida me ha demostrado que puede ser hasta divertida.»
P: Hablas de la ansiedad. Olivia Sudjic dice en su Ensayo sobre la ansiedad que una vez publicado su primer libro se sentía prisionera de lo que había escrito. Ahora que ves este libro en las manos de otras personas, que tu familia lo ha leído, ¿te sientes prisionera de tu libro?
R: Pues este es el primer libro que consigo publicar, pero no el primer libro que escribo. Y no lo revisito porque ya no puedo hacer nada al respecto de lo que ya está publicado. Sé que voy a ver fallas constantes y además es que he buscado siempre publicar y una vez lo he conseguido empiezo a ver la problemática.
Efectivamente mis palabras han quedado ya en una cárcel, que luego puedo sentirme identificada con el tiempo y otras veces no. No sé si dentro de 3 o 4 años me veré identificada o no. Yo ahora veo los libros que escribí anteriormente, con 14 y 15 años y claro los revisito desde un lugar que digo “qué tierna”. Pero lo que ha quedado ha quedado y con lo autopublicado siempre podía dar marcha atrás y con esto no.
Entonces creo que es muy pronto para saber cómo me siento al respecto, pero sí que no lo vuelvo a leer porque lo intenté leer otra vez y lo hago desde el juicio. Y no me parece justo que un libro que no es nada juicioso, de repente esté yo juzgándolo. Lo voy a dejar estar y simplemente estoy como esperando a disfrutar sobre qué tiene la gente que decía al respecto de mis palabras, que también me parece como interesante.
P: Porque es un libro súper crudo.
R: Es muy crudo, es muy cínico y es muy claro también. Pero sobre todo no es nada juicioso. Creo que lo que me gusta es que tiene tantas aristas que creo que alguien de 20 años se puede sentir identificado con un poema o capítulo y alguien de 55 con otro.
Al final quise como traducir. Cuando alguien en casa decide leer un libro es un espacio absolutamente privado y eso hay que respetarlo. Yo odio cuando estoy leyendo y el propio narrador he sentido que me estaba diciendo que debía sentir, o incluso me estaba aleccionando, porque su voz narrativa claramente estaba coartada y al final a eso le llega al lector. Y no lo quería hacer. En ese espacio privado quería regalar un lugar de entendimiento y de comprensión, como si se lo estuvieras contando a una amiga.
P: Es cierto que parece que estás escuchando cómo una amiga te cuenta sus dramas por Whatsapp, ¿tus amigas te han acompañado en el proceso de escritura?
R: Mi mejor amiga Albanta ha leído todo, ha ido fase por fase conmigo con los borradores. Con ella me gustaba compartirlo, porque lo comparto absolutamente todo. Ella ha leído poemas que no se han publicado aquí, porque me dio una neura y borré 7 u 8 porque me parecían derepente malísimos. Incluso antes de publicarlo, me acuerdo que mandé un audio como desesperado diciendo “Albanta dime, ¿de verdad que no soy un fraude publicando esto?”.
P: ¿Has lidiado con el síndrome de la impostora?
R: Supongo que cuando llevas tantos años intentando publicar y lo consigues, empiezas a reflexionar desde puntos mucho más concretos: “¿por qué esto? ¿Qué siento una vez lo he conseguido? ¿Realmente es lo que esperaba?”. Y he sentido que era egocéntrica por creerme que era válida para publicar. Te planteas cosas que son un poco autodestructivas la verdad.
El síndrome de impostora que yo he tenido ha sido fuerte. Pero también es un lastre muy patriarcal. Es normal cuando también no tienes muchos referentes femeninos, aunque estuvieran, pero no nos los mostraban. Yo he tenido que buscar autoras a las que leer, de más pequeñas, los referentes que teníamos siempre era una voz narrativa masculina. De hecho, si te preguntabas de quién era la voz del narrador omnisciente, cuando eras pequeña siempre era una voz masculina. Es fácil sentirte una impostora cuando te hacen sentir que tienes que demostrar mucho más que un hombre.
P: Pero ahora entre tus referentes está Annie Ernaux, muy presente en el libro, no solo en las citas del principio, sino en los poemas. ¿Cuánto te ha acompañado su figura en este proceso?
R: Para mí fue una amiga. Es una persona que abre sus entrañas para para que otros encuentren y se identifiquen en cualquiera de ellas. Y no tiene miedo a ser juzgada, que eso me liberó muchísimo. Creo que eso es lo más importante que ella. Ella cuenta cosas sobre su vida que moralmente no están bien, está abierta a que se la pueda juzgar y le da igual. Porque al final se reconoce como humana que siente una pasión y se hace cargo de ella y la vive como puede. Es una vida que te la regala y te deja que la mires por un agujero. La figura de Annie Ernaux a mí me envalentonó.
P: Porque en cuanto a pasiones tienes la escritura y luego la música. En este libro también encontramos letras de Pipiolas. ¿Para ti cuál es la diferencia entre escribir un poema o una canción?
R: Es exactamente el mismo proceso. De hecho Pipiolas nace porque yo conversaba con el mundo y procesaba el dolor escribiendo. Pero estaba en un momento de mi vida, con cierto dolor, con el que se me quedaba pobre escribir por escribir y quise ver a qué sonaban los poemas. Yo no soy músico pero hay poemas que ya tienen una propia musicalidad y luego hay que hacer que encajen. A mí me parecía chulo que quien me conozca por Pipiolas viera el backstage de las canciones, porque yo siempre compongo a partir de las letras.
P: ¿Algún poema del libro será canción de Pipiolas en un futuro?
R: Lo va a ser, sí. Hay algún canciones que cuando alguien las escucha va a saber que han partido de aquí.
P: Has dicho que para ti escribir es conversar con el mundo. ¿Entonces eres de las que escriben y luego hablan?
R: Escribo siempre y luego veo de todo lo que he escrito lo que digo o no. De hecho antes hacía algo que con el tiempo he dejado, que es mandar sábanas. ¿Qué es una sábana? Ese es el momento de mensaje largo de Whatsapp, del que luego te arrepientes sumamente de haber mandado, no por no por lo que pone en sí, sino porque hay que saber con quién vulnerabilizarse.
Eso es algo que he aprendido. Yo no tenía filtro y al final eso es masoquismo puro. De hecho Bolaño decía que escribir es un acto de masoquismo y al final mandar una sábana de Whatsapp no es escribir, pero sí es escribir. Es que también es hacer poesía realmente es un tipo de lenguaje para explicar y expresar los sentimientos y las emociones. Entonces que tú le mandes a la persona que te gusta una sábana arrancándote las vísceras confesándote es un poema confesional, es hacer poesía también. Pero también hay que saber quién se merece un poema y quién no. En la vida hay que saber quién se merece una sábana.
Hay que saber con quén vulnerabilizarse. Hay que saber quién se merece un poema y quién no. Hay que saber quién se merece una sábana.
P: ¿Y las mandabas en crudo o las editabas?
R: Yo las mandaba en crudo. Aunque algunas las escribía a varias manos, es decir, con mis amigas. Por supuesto, tomábamos decisiones. Algunas me decían: “Paula, mira, si vas a abrirte en canal bájale un poco aquí”. Es bonito escribir una sábana a seis manos. Pero cuando tomaba la decisión era un impulso muy primario.
P: Tú eres veinteañera, pero este libro parece que conecta con cualquiera dando igual su edad.
R: Me encanta que pase eso. A mi padre le pasó. Obviamente es difícil desligar que soy su hija. Pero me acuerdo que me dijo: “siento que esto lo ha escrito alguien que ha vivido mucho”. Y me ves con la edad que tengo hoy y me pareció bonito. Porque yo sí que pensaba que iba a ser una cosa más de nuestra generación y creo que es lo más bonito que me estoy llevando de haber publicado el libro. De repente me he quitado un estigma, el hecho de que lo escriba alguien joven no tiene por qué ser literatura para jóvenes.
Creo que es chulo que nuestros padres lo puedan leer y de repente digan “estoy leyendo algo que me está conectando, no sé por qué”. Porque a la generación de nuestros padres les ha faltado mucha conversación con las emociones y no les culpo porque es que es la educación que han tenido.
P: Volviendo al libro, una de las primeras cosas que aprendemos de Enriqueta es que no le gusta su nombre, ¿tu también?
R: No, aunque creo que es algo que nos ha pasado a muchas que de repente te buscabas un apodo, para que te llamaran de otra forma. Por eso también pienso mucho en los nombres que van a tener los personajes. Y busco nombres más anacrónicos para que no haya una imagen asociada con tu vida. Porque al final, si tú lees un Paula, tú te has podido tener una Paula en el colegio, una Paula que se ha acostado con tu novio y entonces creo que es muy complicado alejar a veces el nombre de ahí. Y de repente, pues una Enriqueta o nombres más anacrónicos liberan mucho al lector de un prejuicio que pueda tener por razones propias.
P: ¿Este es un libro sobre el duelo?
R: ¿Tu has visto el dolor?
P: No sé si es un proceso de duelo, pero parece que estabas liberándote un poco a través de la escritura.
R: Esto lo he reflexionado mucho y quizá no, no he llegado a ningún punto en concreto, pero creo que al menos ahora te diría que realmente escribo para sentirme comprendida. Y no lo escribo desde ahí, desde el duelo, sino que yo lo veo como un libro sobre la propia vida. Que tiene estas cosas, tiene duelos, tiene dolor, tiene preguntas y a veces no hay respuestas. Muchas veces tiene reflexiones o tiene paseos en los que pensamos sobre cosas y no se llega a ningún lugar. Y también el abismo de la existencia y las propias relaciones humanas.
Entonces es guay que a ti te lleve al dolor y a lo mejor a otra persona le lleva la incomprensión. Yo parto de que es un libro que no hace falta que se entienda, pero como yo lo escribo, empieza con el cierre y termina rompiendo la promesa que se hizo ella de no volver a escribir a alguien. Entonces, al final el libro empieza y termina haciendo un círculo, que en sí es la propia vida constantemente. No hay finales perpetuos, solo momentáneos. Para mí el punto es que no hubiera una historia concreta en el libro. Es mi manera de reflejar como yo concibo la vida.
P: Has dicho antes que hay que saber a quién mandarle una sábana. ¿Este libro se lo has escrito a alguien?
R: No se lo he escrito a nadie, me lo he escrito a mi, a mi yo de pequeña que está aquí detrás en la cubierta. Ha sido como darle un besito en la frente y decirle, “tía, vengo del futuro y lo hemos conseguido”. Ha sido un espacio que ha coincidido en tiempo y contexto con duelos que yo como autora he tenido.

P: ¿Y esta portada de dónde ha surgido?
R: Me encanta que me lo preguntes porque es que estoy súper orgullosa de la gente con la que trabajo. Esta portada la hizo Marina Hurtado, que es también a su vez la bajista de Pipiolas. Y es mi amiga y ella es diseñadora, y desde la editorial pues pedí que por favor me dejaran que lo hiciera ella porque para mí es muy importante la portada. No era algo baladí. Cuando entendieron lo importante para mi, me dieron la oportunidad de poder contar con alguien que me entendiera y Marina lo consiguió. Al final ella me dijo que el libro en sí era una nota de iPhone, que es desde donde yo empiezo a escribir y me pareció perfecto.
P: Hace años que buscas publicar, cuando eras adolescente fuiste finalista del concurso Jordi Sierra i Fabra. ¿Cómo fue el proceso de publicación de este libro?
R: Pues una amiga dentro de la editorial me dijo que estaban buscando algo y sabía que yo escribía, pero no sabía que quería publicar. Fue en una conversación en la que se lo comento y ella sin decírmelo se lo enseñó a los editores y les gustó. Y a partir de ahí me dejaron empezar desde cero.
He mandado manuscritos durante toda mi vida y no lo he visto como una derrota, porque sé que es muy complicado que te que lean los manuscritos que mandas. Y con 16 años quedé finalista del concurso sí, y a Jordi Sierra i Fabra yo le admiraba mucho de pequeña porque él hace literatura juvenil y era un autor muy cercano con los jóvenes. Y creo que ve la importancia de fomentar ese impulso de escritura, y te apoya. Para mí fue importante. De hecho, a los finalistas nos llamó por teléfono y que a mí me llamara con 16 años para decirme “oye, no has ganado, pero enhorabuena por tu libro, sigue escribiendo”, fue importante. Incluso me gustaría decirle que seguí escribiendo porque la llamada aquella de teléfono me impulsó a seguir haciéndolo.

