Ovidie señala las realidades, reflexiones y los hechos que subyacen su huelga del sexo
La carne es triste. Por qué dejé de follar con los hombres es el título del último ensayo de la autora y directora Ovidie. La reconocida feminista francesa relata los pasos que llevaron a una huelga de sexo que, en el momento de escribir este libro, duraba ya cuatro años. Hoy, este «grito liberador» contenido en apenas 120 páginas, está en librerías españolas gracias a la labor del traductor Daniel Esteban Sanzol y la editorial Alta Marea.

Ovidie (1980), escritora y directora de Lille (Francia) comenzó a explorar el concepto de pornografía feminista en la década del 2000 a través del cine documental. Ha realizado varios trabajos aclamados, como Pornocratie (2017) o Là où les putains n’existent pas (2018), y escritos diversos ensayos y libros. Pero es la experiencia del sexo heterosexual, vivencias y desesperadas reflexiones que comparte con amigas y, probablemente, muchas lectoras, las que desembocan en este librito. El que llama «un grito liberador cuyo aluvión de palabras se dirige a la catarsis, un aullido de rabia que aspira a hacerte reflexionar».
Este es un ensayo escrito para comentar entre amigas y servir de reconfortante compañera. Se inspira en filósofas como Kate Millet y autoras contemporáneas como Louise Perry, autora de Contra la revolución sexual. Escribe con la sensibilidad y el humor de Dolly Alderton en Todo lo que sé sobre el amor y bebe del espacio que se abre hoy para la rabia femenina en la cultura popular: la serie Fleabag, la película Gone Girl, o el libro Un momento de ternura y de piedad...
Todo ello lo complementa con una perspectiva particular que, desde lo autobiográfico, abre un espacio seguro en el que realmente reflexionar sobre la violencia sexual del día a día. Aquella tan desgarradora como silenciosa, hasta que cobra la forma de palabras.
Huelga de sexo, no celibato
En el año 411 a.C, Aristófanes presentaba su obra de teatro Lisístrata. La protagonista, del mismo nombre, encabeza a un gran grupo de mujeres que niegan acostarse con sus maridos, con el fin de garantizar la paz y poner fin a la guerra del Peloponeso.

Saltamos al presente siglo. Desde la década pasada, una ola de mujeres se suman en Corea del Sur al Movimiento 4B. Supone renunciar al matrimonio, las relaciones sexuales, la procreación y las citas con hombres. Bebió en sus inicios del fenómeno #MeToo y fue respuesta a una cultura donde sus voces no contaban. Se opone no a los hombres, sino directamente contra el Estado coreano y sus políticas natalistas. Hoy se estima que entre 4.000 y 5.000 mujeres siguen adheridas a esta protesta. Y, saltando el charco, desde la reelección del presidente Donald Trump también ha motivado interés en este modo de revuelta.
La huelga sexual no es un fenómeno inventado ni singular. Y tampoco es sinónimo de celibato. Es un acto de rebeldía, fruto de un desesperado «basta ya». Pero,en estas páginas, Ovidie lo lleva a lo conocido. Lo describe en términos mundanos, lejos de ser una comedia clásica o alejado movimiento social. Simplemente, estamos cansadas. Y este cansancio, la autora lo explora y extiende en palabras. Lo concreta en la acción de renuncia. Y da forma a algo fácilmente reconocible, pero hasta ahora más sigiloso.
Resistencia y rechazo
Previo al prólogo, la autora incluye una advertencia. No se profesa como manifiesto ni lección, sino como “una rabieta, un grito liberador […]. Este libro lleva la furia que llevo (Ovidie) dentro”.
Emprendí mi lectura con un entusiasmo que compartieron mis amigas cuando les hablé de él. Desde la portada al propio nombre generaban un cosquilleo y alguna risita. Como la primera vez, en retrospectiva siempre demasiado jóvenes, que entre amigos se comparten unas primeras e inocentes gotas de alcohol. Las que vienen de las viejas botellas de navidad sobre un estante polvoriento de mamá y papá. «Shh«, codazos, mejillas sonrojadas y ojos bien abiertos. Es un paseo por el mundo «de mayores», hasta entonces alejado y prohibido. El despertar de una ebria excitación y fascinación. Ese gusto incesante pero humano por lo indebido.
La idea de liberación sexual siempre ha sido tan atractiva como aterradora. Es, aún hoy, post revolución sexual de los 60 y 70, un espacio vacuo donde palabras como deleite, pasión y placer conviven con algo más oscuro y difuso. El lenguaje usado por muchos es el de la libertad, igualdad y progreso; en películas, ensayos, novelas, canciones. Piezas de una mitología que aún hoy atrae a las nuevas generaciones por su espíritu innovador y rebelde. Sin embargo, desvistiendo de romance a una continuada subyugación de la mujer, Ovidie ofrece otra alternativa, postulada en La carne es triste. En mi entorno, y hoy, esta se vuelve más excitante. Esto sí que es rompedor, y quizás los inicios de una nueva revolución.
Nuevas perspectivas
Desde esta postura crítica, Ovidie conversa sobre el orgasmo, la asfixia erótica, la comercialización del sexo y el creciente desencanto en la cama, que va de su mano. Esto y mucho más llega a su crescendo en su gran «¡basta!«. Una abstención que simboliza ni más ni menos que un respiro de aire fresco, que desviste de romance lo preconcebido y aprendido sobre el sexo igualitario y liberal. Se trata de una ruptura con la herencia ideológica del verano del amor.
La perspectiva de la cineasta se enriquece con su pasado como actriz pornográfica, sus reflexiones, investigaciones y experiencia. Sin embargo, su prosa, tan humana, beben del mero hecho de vivir como mujer. Lejos de simplista, es esta la base de una perspectiva de género que parece haberse perdido en la madurez de la revolución sexual. Se adentra en los grises de una conversación que siempre se pintó como una dicotomía. Blanco o negro. Tener o no sexo. Ser o no ser sexual. Pero, ¿es esa la cuestión?
Estos ingredientes dan lugar a un ensayo iluminador. Una nueva objetividad con la que mirar a la propia mirada sexual, que ridiculiza al que intente calificar a la autora de loca o frígida. No deja hueco a estos adjetivos, pues a través del tiempo, estrechado en palabras, el enfado, una emoción tantas veces malgastada en acaloradas conversaciones polarizadas, sortea todo tipo de refutaciones. Este libro es un enfado bien hecho. Una rabieta encantadora de leer. Y, realmente, diría que una lectura obligada.

