El legendario jugador suizo se recrea en Winterthur con un gol y tres asistencias y lanza a su FC Basilea a los puestos altos de la Swiss Super League. Los de Ognjen Zaric, por su parte, continúan cuesta abajo y sin frenos. 1-6.
Uno puede ser todo un virtuoso jugando al fútbol, puede tener un físico privilegiado, una calidad única, un disparo potentísimo, puede ser el más rápido, el más sutil, el más flexible, el más ambidiestro, pero nunca nada igualará la sapiencia de los mayores. Hudson Hornet. El Señor Miyagi. El Maestro Shifu. ¡Xherdan Shaqiri! Bayern, Inter, Stoke, Liverpool. Las Eurocopas. Los Mundiales. Si los ídolos son ídolos de verdad es por haberse clavado como una estaca en nuestra memoria. Después de abandonar Liverpool en verano de 2021, Xherdan marchó a Lyon, y apenas ocho meses después, a Chicago. Ahí se mantuvo hasta regresar a su casa este pasado verano. El FC Basilea, bajo los mandos del entrenador Fabio Celestini, viene andando errante por las últimas Swiss Super League, pero con su aplastante victoria en Winterthur asoma el hocico por la zona alta de la tabla.

Del revés
La situación del FC Winterthur desde hace unas semanas viene siendo crítica. Agonizando en el fondo de la clasificación, y a pesar del quinto puesto del año pasado, el alma característica del equipo y su gente parece estar apagándose. Pixar llevó esto al cine hace algunos años. Tiene suerte, eso sí, de que el Grasshopper esté dispuesto a sacrificarse por su causa.
El Basilea comenzó dejando claras sus intenciones desde el principio, o bien el Winterthur (sorna). Kapino mandó a córner un remate del habilidoso extremo Bénie Traoré, pero en realidad firmó su propia sentencia: Shaqiri centró y el delantero español Kevin Carlos cabeceó con potencia al fondo de la red. Minuto 8.
El once de los locales varió algo respecto a lo que se venía viendo, pero la dependencia de la lámpara del pequeño genio Di Giusto es tal que el propio Matteo parece escapar de esa responsabilidad. En el 22′, Xherdan spoileó a Kapino, aunque sin saberlo —sí, es de esos—, y estampó un lanzamiento de córner directamente contra la cruceta. Apenas tres minutos después, envió un caramelo que Traoré empaló a gol con una bonita volea. Di Giusto llegó a probar fortuna con una gran jugada individual negada en última instancia por Marwin Hitz, pero luego Shaqiri se encontró un balón muerto en la frontal y, ajá, lo envió a la jaula. 0-3 en apenas media hora.

El aluvión rebajó su intensidad, y no fue hasta el 48′ que Romário Baró firmó el cuarto tanto: Shaqiri recibió dentro del área haciendo un giro y le cedió al portugués la gracia de definir. Luego, lo del spoiler: Shaqiri botó un córner tan cerrado que Kapino, con la pena encima, con desatino y esperando de sus compañeros algún tipo de rechace, no acertó a detener: tocó el balón, dio en el palo y entró. La estadística no opina lo mismo, pero el gol, o en todo caso la asistencia, fue de Xherdan. Y así habrían ido uno y cuatro, o dos y tres. Por desgracia, Celestini le mandó a descansar en el minuto 71. El golazo de Šotiček pasó casi desapercibido, y el de Randy Schneider en el descuento fue celebrado con ironía por su afición.
Vivir para contarlo es la ley
Desde fuera sí, claro, Shaqiri nos parece un gran jugador, pero ya. Bien: hace falta ver en primera plana lo que significa para la gente de su país. Recientemente retirado de la selección nacional absoluta siendo el segundo máximo representante de su historia con 125 apariciones, los niños y los no tan niños se agolpaban en la grada para conseguir aunque fuera un saludo de Xherdan, que andaba firmando trámites con las cadenas de televisión. En el tren, otro niño de apenas cuatro años no paraba de mencionarle. Seguro que no decía nada malo.



Shaqiri hizo del Winterthur su muñeco de vudú y firmó definitivamente su eternidad. En palabras de Marcel Beltran: sería la hostia si el mundo amaneciera siempre soleado y se acostara con una chilena de Shaqiri. Pero el mundo es como es: un sitio bastante menos divertido de lo que nos merecemos.


