Los del cantón de Valais se imponen en el Stadion Schützenwiese por 1-3 y sellan la distancia con el equipo de Ognjen Zaric, que soñaba con volver a puntuar y acercarse al pelotón que puebla la zona media de la tabla de la Swiss Super League.
El olor del café y de los periódicos. El domingo y su tedio. Es de suponer que cuando Jorge Luis Borges escribió aquello no andaba precisamente tomándose unas copas por ahí, ni bailando, ni durmiendo, ni yendo al cine o a un concierto. Menos probable aún es que lo hiciese mientras veía un partido de fútbol: se sabe que no era el mayor fanático —¡que se lo pregunten a Menotti!—. ¿Pero no es acaso esa en realidad la única función que tienen los domingos? La de brindarnos partidos de fútbol. Nah, Borges no tenía ni idea. Tras sumar cuatro puntos de los últimos seis, en Winterthur soñaban con rascar algo frente al FC Sion y acercárseles en la clasificación. Su indulgencia en defensa volvió a pasar factura, esta vez frente al irrevocable Chouaref y al titiritero Kabacalman, que completaron junto a su capitán Schmied el podio de los mejores jugadores del partido.

Mal comienzo
Nunca es buen augurio eso de jugar en tu propio estadio con tu segunda equipación. Por lo demás, los hombres de Ognen Zaric se presentaron un poco como siempre. Arriba, los rimbombantes Lukembila y Baroan trataban de imponerse merced de su físico, mientras que Di Giusto y Frei jugaban al ratón y el gato. Sí, desde luego: seguro que la mayoría de niños en Winterthur sueñan con jugar como Matteo Di Giusto. Y seguro que al resto, o sea, a nosotros, adultos de muy distintas edades pero adultos, al fin y al cabo, nos encantaría decir que nuestro jugador favorito es Fabian Frei, sabio y comedido, pero a quién vamos a engañar: todos querríamos ser Matteo. Winterthur necesita más de su ’10’. Y no solo por los puntos.

Los primeros minutos se sucedieron entre balones en largo y bregas en el centro del campo, sin demasiadas ocasiones de peligro más allá de un larguero de Théo Berdayes. Ylyas Chouaref volvió loco a Sidler y al capitán Lekaj por el costado izquierdo, y así acabó dándose el primer gol: tras hacerse hueco en la frontal del área, el disparo del ‘7’ rebotó en Lekaj y cambió por completo su rumbo. Kapino no llegó, a pesar de su reacción.

Una magnífica virguería de Di Giusto en la frontal del área tras el descanso sirvió de preludio del penalti que provocaría después al ser arrollado por el central Diouf. La alegría del empate, firmada por Granit Lekaj, no duró más de 10 minutos: en el 65′, y con el extremo Burkart dolido en el suelo, Kabacalman filtró un magnífico pase para dejar a Chouaref en mano a mano con Kapino, y el rechace de la parada del griego, presa de Berdayes, no acertó a despejarlo el mismo Lekaj bajo los palos, a pesar de llegarle franco. A los tres minutos, Schmied sentenció en una jugada algo embarullada a la salida de un córner.
El Winterthur no hizo amago siquiera de remontar. Sintió el insoportable peso de la realidad: de quedar quinto la pasada temporada a agonizar en los puestos de descenso ofreciendo una imagen pobre. Lekaj, que aparece en todos y cada uno de los goles del partido, refleja bien el estado de su equipo.

Salir, beber… el rollo de siempre
Lo bueno es que estos días habrá Schweizer Cup. Sí, se vienen esas típicas eliminatorias a partido único, de noche, intersemanales, con puré de cenar y colegio al día siguiente. La del FC Winterthur, de nuevo frente al Lausanne y de nuevo en el Stadion Schützenwiese, como un par de jornadas de liga atrás, podría servir de paréntesis para mantener vivo al Di Giusto que todos llevamos dentro. A los sioneses no les ha corrido la misma suerte, y habrán de viajar a Basilea el miércoles para intentar echar de la competición a Celestini, Shaqiri y compañía. Winterthur: los camareros también son psicólogos, ¡y encima dan de beber!


