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30 años de ‘Chungking Express’ : la morfología del deseo

Tres décadas atrás un joven y aún desconocido Wong Kar-Wai impresionaba a occidente con la llegada de su tercera película. 

Desde la determinación de Fassbinder, quien fue una de sus principales influencias, hasta la actitud de nombres como Antonioni o Truffaut y la importancia de su entorno cultural surgen algunos de los pilares fundamentales de su universo fílmico. El cineasta shanghainés tiene un estilo distintivo y muy personal caracterizado por el poderío apabullante de sus imágenes y la disolución de su mensaje en una relación equidistante entre forma y fondo. Su éxito fue tal que captó la mirada de grandes cineastas haciéndose, de esta manera, un hueco entre los directores consentidos por la crítica. 

Tony Leung y Faye Wong en 'Chungking Express' / Fuente: Miramax
Tony Leung y Faye Wong en ‘Chungking Express’ / Fuente: Miramax

Algunas de las películas más importantes del cine asiático contemporáneo como In the mood for love (2000) o Happy Together (1997) son fruto de su obra. Estas nacen como consecuencia de una filmografía sólida en la que el cineasta fue depurando su técnica película a película. Algunas de las claves de su cine son el uso tan atípico del espacio y del tiempo. Wong Kar-Wai lleva por bandera una concepción del cine practicamente aborigen en la que el escenario y la cultura característica del entorno en cuestión juegan un papel protagónico.

El orígen de todo

Al mismo tiempo es necesario contextualizar acerca del impacto cultural surgido en Hong Kong durante la década de los 90 y el inicio de siglo. Kar-Wai es uno de los principales nombres que encabezaban el movimiento de la nueva ola de cine hongkonés junto a otros como Jhon Woo y Mabel Cheung. Estos cineastas, que la mayoría habían estudiado en universidades extranjeras y fueron instruidos en la televisión local, tenían intereses muy ambiciosos y sinceros. La notable influencia del cine europeo y norteamericano situaba el horizonte de estos jóvenes en territorios nunca antes explorados en el mundo asiático. 

La sinergía que se respiraba entre los directores, actores y en general todos los involucrados en esta nueva corriente, conformaban un sistema de retroalimentación que afianzaba conceptos e ideas que llegaron a captar la atención de los grandes festivales. Este movimiento trascendía lo puramente cinematográfico y se acercaba a la experimentación con otras artes. De este modo surgieron películas como Rouge (Stanley Kwan, 1987), The Killer (Jhon Woo, 1989) y Chungking Express (Wong Kar-Wai, 1994).

Viaje de Hong Kong a Hollywood

De toda la camada de directores que surgieron durante esta corriente, Wong Kar-Wai obtuvo un mayor reconocimiento a nivel internacional con la llegada de su tercera película, la que hoy nos concierne. Cabe destacar los halagos que recibió esta cinta por parte de una de las mayores promesas del cine norteamericano, Quentin Tarantino. Tras el triunfo que supuso Reservoir Dogs (1992), Tarantino se encontraba durante la promoción de su siguiente obra, Pulp Fiction. Es entonces cuando durante el Festival de cine de Estocolmo descubrió Chungking Express y resultó completamente fascinando tras su visionado. Su devoción por el cine asiático no es ningún secreto a día de hoy pero, a pesar de ser un gran conocedor del cine de occidente, destacaba a Wong Kar-Wai por encima del resto. Además, como consecuencia directa de este suceso, Miramax adquirió los derechos de su película para su posterior distribución en los Estados Unidos.

Sin embargo, esta no ha sido la única vez que una estrella de Hollywood ha alabado la obra del cineasta. Durante la ceremonia número 76 de los Premios Óscar, Sofia Coppola durante su discurso de agradecimiento por el premio a mejor guion original por Lost in Translation (2003), nombró a Michelangelo Antonioni y a Wong Kar-Wai como sus influencias más notorias. Nada mal. Es curioso porque la relación de estos dos directores supone un antes y un después en la carrera de nuestro protagonista. El salto al estrellato internacional. Con la colaboración del italiano y Steven Soderbergh surge Eros (2004) que se define como un tríptico que presenta de forma diferenciada la visión de los tres artistas.

1997

Antes de hablar de la película en cuestión, cabe destacar el origen anómalo de la misma. En 1997 Wong Kar-Wai estaba preparando su película más ambiciosa hasta la fecha que tenía por nombre Ashes of Time. Sin embargo, debido al elevado coste de su producción, su rodaje se tuvo que posponer durante un largo periodo. En este instante el director decide llevar a cabo un proyecto más contenido y con un presupuesto menor. De esta manera surge Chungkin Express.

Poster promocional de Chungking Express / Fuente: Miramax
Poster promocional de Chungking Express / Fuente: Miramax

 

El nacimiento del título se remite directamente a un sentido emocional por parte del director pero que adquiere una gran relevancia en el recorrido de la cinta. Chungking  se refiere a las Chungking Mansions en Tsim Sha Tsui donde Kar-Wai creció durante su infancia, esta ubicación pertenece a la primera parte de la película. Por otro lado Express se refiere al puesto de comida Midnight Express, situado en el centro de Hong Kong. En este local transcurre la mayor parte de la segunda mitad del metraje.

Sinópsis

Esta obra cuenta dos historias independientes pero sucesivas en el tiempo que encuentran ciertos nexos entre sí a través de sus paralelismos y sus contingencias. En la primera tenemos a He-Qiwu (Takeshi Kaneshiro), un policía con un temperamento impulsivo que está pasando por una crisis amorosa debido a su última ruptura. Este se enamora de una mujer misteriosa que conoce en la barra de un bar la noche de su cumpleaños. La segunda historia cuenta la relación entre un policía solitario (Tony Leung) y una joven camarera (Faye Wong) tras sucesivos encuentros en el puesto de comida donde trabaja.

La casualidad y la causalidad del amor

Chungking Express aborda la pasión que surge de un encuentro fugaz desde la búsqueda casi desesperada del amor debido a la añoranza de la pérdida del mismo. La cinta juega durante todo su metraje a la consecuencia del causa y efecto. Del rechazo que supone abrazar la desesperanza como última baza y la negación absoluta de la caducidad de una relación. Wong Kar-Wai a través de juegos visuales y estéticos representa esta carrera por el amor como un último tren que acelera cuando más nos acercamos a él. Algo inherente a nuestro propio ser que cuando es sentido resulta casi imposible de entender.

«Todo en esta vida caduca, ya sea un día u otro. ¿Habrá algo en esta vida que no caduque?»

Brigitte Lin y Takeshi Kaneshiro en Chungking Express / Fuente: Miramax
Brigitte Lin y Takeshi Kaneshiro en Chungking Express / Fuente: Miramax

Es así como estos personajes rebuscan en sus recuerdos lo que algún día les hizo felices en aquellas personas que no reflejan en su sonrisa la misma voluntad. Es entonces cuando entra a escena el «dejar ir para seguir amando». Quizás la solución no se encuentra en el pasado radiante que vemos con los ojos del ahora sino en ese futuro lleno de incertidumbre que aguarda una felicidad desconocida. Tal vez el devenir de ese dolor termine conformando un sentimiento de concordia y entendimiento con otra persona. Quizás la solución sea el amor, que no el deseo. El amor propio y duradero.

Triangulación como concepto

Un recurso ciertamente recurrente en el cine de este autor es delegar en un objeto u espacio determinado un valor emocional que sirve como interconector entre dos personajes. De esta manera, es capaz de convertir lo material en emocional. Una vez vista la película nadie pudiera imaginar que una simple lata de piña pudiera dejar un poso tan profundo en el espectador. De la misma manera sucede con los escenarios, el Midnight Express, la casa del policía o incluso la propia exnovia del agente, quien ,de alguna manera, construye la posterior relación del policia con la camarera. Toda acción futura está condicionada por el presente instantáneo de unos personajes anclados en el pasado. Como si de un esquema cronológico se tratara.

La intimidad de la música

Siguiendo con la teoría de la triangulación, el uso de la música como recurso recurrente entra dentro de esta vertiente, pero con un subtexto más poderoso. Hay que resaltar el papel de Faye Wong, puesto que, además de interpretar de manera superlativa a su personaje (dudo que alguien haya molado tanto en una película como lo hace Wong aquí) también es la autora de la canción principal.

Aunque en realidad, la canción con la que más se identifica esta película probablemente sea California Dreamin’. Para alguien que sea primerizo en el cine de Kar-Wai la reiteración de las mismas canciones le pueda resultar desconcertante. No obstante, la relevancia del contexto hace que no estemos escuchando el mismo tema, o al menos con el mismo sentido. Es una forma de manifestar los sentimientos de los personajes. De cantar a pleno pulmón aquello con lo que uno sueña y no es capaz de expresar con palabras. Un alegato por el deseo guiado desde el arte.

Tony Leung y Faye Wong en la casa del policía / Fuente: Miramax
Tony Leung y Faye Wong en la casa del policía / Fuente: Miramax

El protagonismo de lo interno

Algo que siempre queda en entredicho cuando se habla del cine de este director es que se cae en un terreno superficial en cuanto al análisis de su obra. Si bien la parte estética a primera vista es lo que más impresiona, el lirismo poético con el que se construyen sus ideas es lo que le da significado en su conjunto. Sin esta parte de la historia sería inconcebible el impacto cultural que ha tenido su filmografía a nivel internacional. Una película de Wong Kar-Wai supone navegar en un mar repleto de sentimientos y conmociones que conforman un imaginario propio.

Para Tarkovsky, el entendimiento de una obra cinematográfica trascendía lo narrativo y se identificaba con el vínculo emocional que el artista tenía que crear entre el espectador y la película. Un pensamiento más sensorial que racional. En el caso de Wong Kar-Wai esta teoría se ajusta no solo a la forma de comprender el cine como espectador sino también desde la figura del creador. El carácter espontáneo e improvisado con el que el autor medita sus obras define el proceso creativo a través de los impulsos, del instante y del presente.

«Correr es algo privado, no es algo que se hace en público.»

La primera vez en términos cinematográficos siempre supone un reto. Tanto dentro de la pantalla como fuera. El espectador siempre se encuentra con la incertidumbre frente a lo desconocido. Algo que hasta el momento ignoraba y que en breves instantes creará una opinión sobre ello. En mi caso, la primera vez a la hora de entrar en una filmografía desconocida siempre me genera ilusión. Pero desde que vi por primera vez Chungking Express esa ilusión se ha convertido en esperanza.

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