Una llamada a la libertad

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Fuente: Pixabay.com
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La Guerra de Ucrania nos recuerda a las épocas más oscuras de la historia de la humanidad

El ser humano es el animal más peligroso del mundo. Su capacidad para crear el mal a su alrededor es una de las verdades más incuestionables y a la vez más transgresoras sobre nuestra especie. Esa que, si bien puede crear sentimientos y acciones tan maravillosas como el amor, la paz, la democracia, la ciencia, la filosofía, el saber…etc., también es capaz de caer en los más bajos instintos y crueles comportamientos que cualquiera haya podido conocer jamás.

La guerra es cruel, desangra el alma de los países y de sus ciudadanos, y deshumaniza por completo la sociedad. La guerra es división, muerte; es miseria humana. Es el acto de violencia más deplorable y miserable que nadie haya podido inventar. Dos pueblos peleándose ¿por qué? ¿Por un pedazo de tierra? ¿Por cuestiones identitarias? No hay nada más absurdo ni inhumano.

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Vladimir Lenin, cuyos comportamientos en vida se alejan muchísimo de ser éticamente aceptables, vino a expresar en su día de forma muy contundente un pensamiento sobre la guerra que creo es muy conveniente compartir en estos momentos donde nuestro continente, la Vieja y amada Europa, se ve inmiscuida de la noche a la mañana en un nuevo conflicto bélico después de casi ochenta años.

Decía el líder soviético algo parecido a que la guerra la hacen los burgueses para que se maten los obreros.

Rusia no es culpable, lo es su presidente; Rusia no es imperialista, lo es su gobierno; los rusos no invaden Ucrania, lo invade su ejército dirigido por burócratas nostálgicos de la aquella Gran Rusia zarista que pretenden destruir la libertad, la democracia- con todas las deficiencias que tiene- y la soberanía de otro estado. En definitiva, son esos burgueses (como bien argumentaba Lenin) quienes pretenden gobernar occidente a su antojo y conveniencia, los que están provocando que miles de ucranianos se vean obligados a elegir entre defender su patria o su familia.

Esos mismos personajes, a los que la historia y el destino juzgarán como se merecen, son los que están dejando y permitiendo imágenes que creíamos ya olvidadas, que no eran más que un oscuro pasado que permanecía en la memoria colectiva como un recuerdo en blanco y negro que jamás la humanidad iba a volver a contemplar. Pero, como bien se ha repetido en redes sociales durante estos días: no hemos aprendido nada, hemos vuelto a caer. Naturaleza humana.

Fuente: Flickr.com

Metros llenos de personas durmiendo en el metro para refugiarse de las bombas, carreteras colapsadas miles de vehículos que buscan huir hacia un futuro mejor, alarmas en plena madrugada alertando de un ataque inminente, población civil armada y preparada para poder defender a su familia si así fuese necesario, niños buscando un hombro que les proteja y les seque las lágrimas, soldados llorando por tener que irse de casa…Si, esto es 2022. Bienvenidos.

Qué lástima, qué tristeza, qué involución. Estamos viviendo en una época donde desgraciadamente poco a poco se están volviendo a imponer los sentimientos y la irracionalidad frente al sentido común, la coherencia y la convivencia. Cuando los nacionalismos vencen, la humanidad pierde; cuando las banderas se alzan, la libertad retrocede. Cuando las ideologías se imponen, las familias se rompen.

Esto es lo que nos enseña la historia, es el camino que nos han mostrado nuestros mayores, aquello por lo que tanto lucharon y con lo que soñaron durante décadas y siglos. Pues bien, hoy esos pseudo gobernantes (porque no merecen que se elimine ese prefijo), en pleno siglo XXI, quieren destruirlo como si estuviéramos en la Edad Media. Por ello, hoy más que nunca, gritar libertad, gritar democracia, gritar Europa.

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