Navegando entre opiniones del reciente, pero ya manido, debate sobre la inteligencia artificial, leí hace unas semanas que no debemos tomarla como enemiga, si no aprender a utilizarla a nuestro servicio.
Siguiendo este consejo, me he propuesto conocer la tecnología ChatGPT y pasar tiempo con ella para ver si podemos ser amigas. Tras horas conversando, preguntándole de todo y riéndome mucho, he llegado a dos grandes conclusiones. La primera es que entiende a la perfección todo lo que le solicito, incluso la intención de mis palabras; la segunda es que miente mucho. No lo hace a propósito, pero miente. No es de fiar.
Miente de una forma sutil, verosímil y disimulada la mayoría de las veces; descaradamente, otras. Hay que entenderla, preguntarle bien y saber que sus respuestas pueden ser muy arbitrarias. Dudar y jugar. He cuestionado sus valores, para ver si los tiene. Me ha demostrado que aunque carece de ideas propias, sí tiene unos valores programados. Lo he descubierto al pedirle que me cuente chistes sobre diversos temas y ha puesto el límite en lo que podría resultar ofensivo.


Sus creadores, evidentemente, han aprendido del gravísimo error de la inteligencia artificial Tay lanzada en 2016 por Microsoft que se convirtió en sexista, nazi y xenófoba a las horas de estrenarse y tuvo que ser anulada. Si recuerdan este caso efímero, ya habrán reflexionado sobre el peligro de estos modelos de lenguaje en los que la herramienta aprende de los usuarios. Es crucial que tenga límites porque los cibernautas siempre vamos a intentar encontrarlos por diversión, curiosidad o estupidez. Y, sobre todo, porque si no los tiene está condenada al fracaso por los mensajes tan dañinos que es capaz de crear.
Soy consciente de que mi nueva potencial amiga es muy versátil pero no es perfecta. De hecho, ya está en el punto de mira de la Europol porque parece que, al igual que a mí esta tarde me ha ayudado a decidir qué voy a cenar, a otros usuarios está ayudándoles a cometer cibercrímenes. Bueno, por no decir la que lió el otro día al exponer datos personales de usuarios por un fallo de seguridad. Hay que llevar cuidado, lo he dicho: no es de fiar. Aunque si usted tiene niños pequeños, cada noche quieren que les cuente un cuento nuevo y su imaginación se ha agotado, creo que se puede convertir en su gran aliada.
Mi nueva potencial amiga es como la típica persona que recoge todo lo que oye y lo suelta con buenas técnicas de storytelling, pero en realidad no tiene una opinión propia. Lo que le cuesta a esta, mi nueva potencial amiga, es hacerse sus propias preguntas. A su favor diré que aprende muy rápido y es muy generosa. No se ha cansado de mí tras estar horas haciéndola trabajar. Me ha contado chistes, cuentos, me ha dado consejos, me ha escrito un guion e incluso se ha puesto en la piel de un redactor publicitario para venderme un sacapuntas gigante.

No podemos ser amigas, ella misma me lo ha dicho, pero hoy he descubierto que, al menos, no seremos enemigas. Me lo he pasado muy bien, ahora debo despedirme e ir a comprar los ingredientes que me faltan para la cena. La comparto con ustedes por si, como a mí, no les apetece pensar qué cocinar. Que aproveche y que aprovechen todo lo que nos viene. Espero que podamos digerirlo.



