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Campana y se acabó

David Broncano no se habría levantado de la cama pensando que por el Día Mundial de la Televisión tendría que hacer historia en su programa. Pero como bien es sabido, la realidad siempre supera a la ficción, y al final no le quedó más remedio que hacerlo.

Y es que solo el tiempo dirá si en realidad ha hecho historia o no pero, hablar mirando a cámara en horario de prime time sobre las bajezas orquestadas por su contrincante más directo, es sin duda un acto loable. Es algo que se recordará durante mucho tiempo. Sobre todo teniendo en cuenta en qué consisten las bajezas mencionadas. 

Al quedarse sin entrevistado para el día de ayer, al verse despojado violentamente de su manera de hacer televisión, el presentador utilizaba una de las mejores cartas posibles: la de la verdad. Decidía poner punto y aparte a esta rivalidad, ya histórica, entre él y el presentador de El Hormiguero, Pablo Motos. Así, Broncano comentaba al público presente (y a todos los espectadores) que el campeón mundial de moto GP, Jorge Martín, había tenido que abandonar el programa por presiones del pelirrojo. «Ellos no quieren que nadie venga aquí antes que allí… Han movido sus… No voy a entrar en detalles de cómo lo han hecho, pero tienen sus formas de presionar en estas cosas». En definitiva, que Motos se dedica a coaccionar a la gente para sacar ventaja. La buena forma de hacer televisión en su máximo esplendor, desde luego. 

Esto, sin duda, ha sido la mejor manera de quitarle la máscara al monstruo. Broncano decidía ayer poner punto y final a la omnipotencia del maléfico pelirrojo. Y puede ser que desde su programa pretendan hacer ver que no ha habido ningún problema, probablemente harán chistes sobre el tema en unos días para contentar y aplacar a su audiencia, pero el público general no es ajeno a la mala praxis del presentador de Antena 3, y quizá esto haya sido la última gota que colme el vaso. Y aunque es cierto que no es la primera vez que las polémicas rodean a Pablo Motos (recordemos la pésima entrevista que realizó a Sofía Vergara en su programa, sin ir más lejos), probablemente estas declaraciones marquen un antes y un después. Tanto en su programa como en su figura. 

¿Es que acaso no es ya momento de dejar a un lado los formatos cuya única función no es otra que la de agitar la opinión pública, armados con unos «colaboradores» de cuestionable validez y rigor? ¿Vamos nosotros, los espectadores, a seguir consumiendo programas en los que, entre otras muchas desfachateces, se ejerce violencia contra las mujeres? La televisión es, por definición, un medio que depende de aquellos que la consumen. También resulta imperioso ser conscientes de qué programas se eligen, a quién se apoya o quién está detrás de lo que vemos y dejamos de ver, como bien ocurre en este caso.

Tal vez Broncano haya tenido que verse contra las cuerdas para que los espectadores empecemos a regirnos por la lógica y el sentido común a la hora de elegir qué proyectan nuestros televisores a la hora de cenar. Seguramente no haya sido plato de buen gusto para él tener que hacer semejantes declaraciones, lo más probable es que la intención con la que se despertase esa mañana fuera la de grabar con su entrevistado y volver a casa. Pero tal vez también sea este el momento para decir «campana y se acabó», para plantarse y no volver a dar audiencia a un programa tan sumamente atroz que capitanea un aspirante a capo, que considera que por llevar tantos años en televisión tiene la potestad para coaccionar a quien le venga en gana solo por aferrarse a una superioridad que, en realidad, desde hace ya bastante tiempo ha perdido.

Sin duda, al igual que la televisión puede ser maravillosa, también resulta cruel en ocasiones. Sobre todo dependiendo de quién o quiénes estén detrás.

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