«Ahora que comerá las doce uvas se pondrá a dieta», escuchaba esta mañana mientras hacía scroll por TikTok. Habrá quienes lo consideren libertad de expresión, pero es importante indagar en el contexto de esta frase para opinar sobre ello.
De la ficción a la realidad, David Broncano y Lalachus se convierten en los presentadores de Año Nuevo. Después de parodiar Telepasión, el presentador y la colaboradora del programa La Revuelta darán las campanadas de este 2024. Una decisión que ha desatado una oleada de críticas en redes sociales dirigidas, especialmente, a Lalachus.
¿Eres más gordofóbico o más misógino? Esta podría ser una de las preguntas clásicas de La Revuelta a raíz de un nuevo episodio de mensajes de odio. A pesar de los reiterados comentarios peyorativos hacia su apariencia física, la actitud de Lalachus es de admirar. Entre risas nerviosas y lágrimas ha querido mostrar su agradecimiento desde Instagram, corriendo un tupido velo a todas las críticas dirigidas hacia ella. Y así ha seguido eclipsando este debate, a través de un comunicado «de amenaza», ante las cámaras del programa.
Hay quienes están profundamente arraigados a las tradiciones. Tomar las doce uvas al compás del reloj de la Puerta del Sol y hacerlo de la mano de Ramón García y Anne Igartiburu. ¿Y qué hay de comentar el look de Cristina Pedroche? ¡Eso sí que es tradición! Sin embargo, parece que este año el tema para estas cenas navideñas será la decisión de haber elegido a Lalachus como una de las caras protagonistas para dar las campanadas. Y más de uno escuchará al cuñado de turno comparando los cuerpos y looks de Pedroche y Lalachus, en lugar de atender al discurso del Rey. Falta tradición…
Estamos en pleno siglo XXI y la apariencia física de una mujer sigue siendo el tema principal en cualquiera de las agendas: mediática y pública; la política no está para estos berenjenales. Y que en lugar de poner el foco en destacar su talento y carisma innato, se esté criticando su cuerpo. ¿Es realmente eso lo que molesta? ¿O es que se está normalizando la agresión camuflada en opinión?
No recuerdo haber estado en ninguna cena de Nochevieja debatiendo sobre el cuerpo de Alberto Chicote o sobre el look de Ramón García. Pero esa no es la cuestión. El quid de la cuestión está en la facilidad que se tiene de juzgar, sin escrúpulo alguno, el cuerpo de una mujer. Mientras continúe existiendo espacio para actuar y comentar sin respeto, ellas seguirán siendo el centro de la diana.
Quizás, con Lala Chus despidamos este año para dar la bienvenida a un 2025 con más humor y menos odio. Al final, como bien decía Lalachus en una de sus entrevistas para TikTok: «si te vas a reír de mi, lo hago mío y ya se anula». Una manera elegante y poderosa de desmontar la toxicidad de quienes, desde el anonimato, encuentran una carta blanca para criticarla.
Dejémonos de silencios cómplices y comentarios crueles que tanto se respaldan en nombre de dar «una opinión». Se acerca Fin de Año y, como propósito, se puede ir rompiendo con esa «tradición» de no tolerar aquello que se salga de lo normativo. Porque, ¿qué mejor dieta que llenarnos de tolerancia hacia lo diverso?
Más allá de la revuelta generada, este 31 de diciembre volveremos a despedir el año con las doce uvas. Veremos de nuevo el carillón bajar con los propósitos pensados de todos los años: salud, amor y trabajo; yo añado uno más: respeto. No hay tradición ni cadena que justifiquen el odio. Y si no te gusta lo que ves, siempre puedes cambiar de canal.

