Los jóvenes deben afrontar los problemas económicos de la sociedad actual
Época de exámenes. Tal vez, el momento más traumático de cualquier estudiante. Cada uno se hace su propia rutina de estudio. Algunos deciden estudiar en casa, mientras que otros se pasan las mañanas y tardes en la biblioteca o en la sala de estudio.
La segunda opción es la más efectiva para mí, ya que me distraigo con una mosca. Mi alarma suena a las 7 de la mañana todos los días, a las 8:00h ya me tienen esperando en la puerta para coger sitio y poder estudiar. Para la hora de comer, vuelvo a casa y por la tarde, alrededor de las 15:00h, pongo rumbo a la biblioteca de la universidad. Una cosa que agradezco de mi universidad es la cantidad de vegetación que tiene y lo bien cuidada que está.
Gracias a eso, sobre las 15:00h, siempre veo a dos mariposas posadas en las mismas flores. Parece ser que ellas también tienen su propia rutina, o tal vez no conozcan más allá del campus universitario. Y con ello, me paro a pensar en nosotros, los jóvenes, “el futuro del país” como muchos dicen. Igual somos como esas mariposas, revoloteamos en los mismos lugares diariamente sin saber si volamos por elección o por costumbre. Si nuestras alas no alcanzan más lejos porque estamos bien con lo que tenemos o porque no podemos permitirnos despegar.
La presión que sufren los jóvenes españoles desde los 16 años, donde tienen que elegir su futuro profesional, es asoladora. En primer lugar, tienes que especializarte en un ámbito para poder trabajar, y en el caso de querer entrar a la universidad, llegar a la nota de corte que piden en el sitio donde quieres seguir formándote. Pero ya no es solo ese problema. Resulta que cuando consigues estudiar en la carrera y el sitio que querías, tienes que hacer frente a los gastos desmesurados de los alquileres.
Actualmente, el precio del alquiler ha subido un 14% respecto al año 2018. Y no parece que vaya a bajar. Comprar pisos ya no está de moda. Parece ser que hay un nuevo negocio que hay que explotar. Todavía se sigue escuchando a personas mayores, con una vivienda propia y su familia formada, decir que “los jóvenes ya no quieren formar una familia y no están interesados en comprar pisos”. ¿Quién se lo puede creer a estas alturas de la historia? No olvidemos que, para poder mantener un piso, ya sea comprado o alquilado, hay que trabajar. Y ahí entra otro dilema más en toda esta historia: ¿los jóvenes tienen oportunidades de empleos dignos en España?

España se considera el tercer país de la Unión Europea con más paro juvenil en 2025. Un 25,3% de los jóvenes en paro. Y no, no es “por vagos”. La realidad es que muchos jóvenes con formación universitaria o técnica se encuentran atrapados en un mercado laboral que apenas les ofrece contratos temporales, jornadas parciales o sueldos dignos para cubrir gastos básicos como el alquiler. Esto no solo afecta su vida económicamente, sino también a su salud mental.
Desde pequeños, siempre hemos crecido con la idea de un futuro ideal, casados a los 25 años, con una casa y un trabajo estable. Hoy en día, quien cumpla todos esos requisitos es un privilegiado. La realidad es que muchos jóvenes no pueden plantearse vivir en el sitio que realmente desean, estudiar o trabajar en lo que les apasiona. La juventud tiene un futuro incierto, eso es innegable, pero a mí siempre me gusta ver las cosas desde un punto de vista optimista.
Sea como sea, si ese futuro es lo que realmente quieres y estás dispuesto a enfrentarte a lo que haga falta, tienes más posibilidades de conseguirlo. Eso no quiere decir que tus preferencias no vayan a cambiar, pero lo importante es disfrutar de la experiencia y el empeño puesto para lograr tus metas. Al final, igual que esas mariposas que parecen quedarse siempre en el mismo rincón del campus, podemos elegir si queremos la vida que conocemos o si abrimos las alas para conocer nuevas experiencias. Nadie debe cortarnos las alas, así que, vuela.


