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¿El pincel o el píxel?

Las exposiciones inmersivas cuestionan el concepto de los museos

En los nuevos museos ya no existen lienzos. Tampoco esculturas ni murales. El espectador no encuentra ni un resto de pintura, carboncillo o piedra. Las líneas rojas del suelo para mantener la distancia con los cuadros han desaparecido porque ahora la obra lo inunda todo: proyecciones de 360º, realidad virtual y explosiones de color y de sonido. ¿Se puede conocer realmente a un artista sin estar en contacto con su obra auténtica? ¿Existe un nuevo arte que conecte con nosotros de forma diferente?

Las exposiciones inmersivas llegaron a España en 2019, con una producción dedicada al pintor austríaco Gustav Klimt. Desde entonces, encontramos iniciativas que estimulan los cincos sentidos para dar a conocer pintores, películas, hechos históricos e incluso nuevos conceptos.

Atraer al público

Experiencia inmersiva con realidad virtual. | Fuente: Freepick

Frente a las exposiciones tradicionales, surgen nuevos proyectos que implementan la tecnología y atraen al público en una sociedad cada vez más digital. “Últimamente hablamos de exposiciones blockbuster [rompedoras de taquillas] que buscan impactar y atraer a la gente”, explica Ignacio Granero, historiador del arte y creador del blog La Cultura Social.

Dentro de las exposiciones blockbuster se encuentran las inmersivas, en las que el propio visitante se introduce dentro de la obra y la interacción es directa. “Lo que nos diferencia de un museo tradicional es la manera en la que involucramos a la gente con el arte; aquí nosotros te facilitamos la experiencia”, afirma Francisco Borges, gerente de Sweet Space, un museo interactivo dedicado al dulce y las experiencias sensoriales.

Ya desde la entrada de Sweet Space el olor a golosinas impregna el aire y la estética de color violeta evoca a un mundo de ensueño. Todos los trabajadores llevan un mono del mismo tono que recuerda a un traje de astronauta y te ofrecen chuches en cada sala. “El dulce nos conecta con la infancia, por lo que usamos la memoria emotiva para llegar a los adultos igual que hacemos con los niños”, cuenta uno de ellos durante la visita.

Sweet Space, el museo del dulce. | Fuente: Mª Ángeles González Delgado

Estimular los cinco sentidos

Estas empresas buscan estimular constantemente a su público y apuestan por la inmersión para ofrecer un plan familiar distinto. Para Eduardo García, director del Museo de las Ilusiones de Madrid, la calidad de servicio es una prioridad. “Incluso tenemos una sala de espera que hemos decorado como si fuese un circo para provocar un wow effect en la gente”, añade.

Como ellos, surgen otros negocios centrados en temas como la luz, la felicidad o las imágenes para crear nuevos “museos” donde el público se relaciona con estos conceptos de manera lúdica. “Yo fui porque me parecía un plan distinto y divertido”, nos cuenta una visitante del Museo de las Ilusiones que quedó satisfecha. “Esperaba entretenerme jugando con cosas y es lo que haces, pero no es educativo”.

Los museos «no museos»

Tanto Sweet Space como El Museo de las Ilusiones han defendido su base artística y divulgativa, aunque el público no lo tiene tan claro. En el primer caso, se inspiraron en el arte de instalación de los años 60, que concibe la obra como un espacio, y en la artista japonesa Yayoi Kusama. En El Museo de las Ilusiones se basaron en la psicología y tomaron como referencia a Albert Einstein por su interés en el cerebro y las Matemáticas.

Ilusiones ópticas en el Museo de las Ilusiones de Madrid. | Fuente: Mª Ángeles González Delgado

Aunque el concepto de arte sea subjetivo, Granero considera que “remitiéndonos a las definiciones exactas del ICOM, no son museos”. Ricardo Cano, director de EVE Museos e Innovación, coincide con él: “Hay muchas franquicias que se venden como museos e intentan sacar dinero a la gente. Son exposiciones visuales, eventos diferentes, pero no tienen nada que ver con los museos”.

Eduardo García se refiere al Museo de las Ilusiones como “un museo para la gente que no va a museos”. Defiende su capacidad divulgativa y educativa, logrando atraer al público y acercarlo a la cultura de una forma estimulante. De hecho, entre sus visitantes se encuentran grupos de colegios.

Pero la inmersión y la estimulación sensorial no son una novedad. Desde las pinturas rupestres hasta nuestros días, el teatro y distintos rituales han utilizado olores, sonidos y juegos de luces para generar distintas experiencias.

Visitantes del Museo de las Ilusiones de Madrid. | Fuente: Mª Ángeles González Delgado

Un mundo digital

Hoy no podemos concebir la inmersión sin el componente digital. El gran reto de las exposiciones es saber adaptarse a estos avances tecnológicos e implementarlos a su favor. Tanto en Sweet Space como en el Museo de las Ilusiones, están desarrollando nuevas salas donde incluir más pantallas, inteligencia artificial, proyecciones audiovisuales e incluso robótica.

No obstante, las exposiciones que más destacan por su uso de la tecnología son las que dan vida a cuadros o hechos históricos. Por ejemplo, la exposición de Van Gogh permitía conocer al artista a través de técnicas inmersivas. “Podías ver los trazos y detalles de la pintura, incluso escuchar al pintor contarte su historia. Si eres un apasionado de Van Gogh, lo disfrutas mucho”, cuenta uno de los asistentes.

Exposición inmersiva de Van Gogh. | Fuente: El mundo de Van Gogh

Para lograr el éxito, estas exposiciones deben estar cuidadas, contar con un audiovisual de calidad e información fidedigna. Otra partícipe de estas experiencias se queja de una exposición de Van Gogh en la que la vida del pintor se resumía en “cuatro carteles” y en cuya sala inmersiva los vídeos eran “cutres y aburridos, una estafa”.

Madrid Artes Digitales (MAD) es un proyecto de experiencias inmersivas en Madrid que aborda temáticas históricas como Tutankamón, Pompeya o el Titanic. Su equipo considera que la tecnología es un gran aliado para contar el arte y la cultura de forma acorde en el tiempo en el que vivimos. Míriam Huéscar, la comisaria de la exposición Los últimos días de Pompeya, lo tiene claro: “Conecta mucho con el público joven y puede acercarlos al arte y la cultura”.

«Una manera de interactuar que no consigues a través de otra exposición»

Algunos visitantes reivindican la necesidad de información tradicional y datos históricos. “Creo que falla porque pesaba más el entretenimiento que la divulgación”, opina un asistente a la exposición de Pompeya. Por su parte, los visitantes de La leyenda del Titanic han dado buenas reseñas de sus experiencias: “Lo que más me gustó fueron las gafas de realidad virtual, podías pasear por el barco y era una manera de interactuar que no consigues a través de otra exposición”.

Exposición La leyenda del Titanic. | Fuente: Madrid Artes Digitales

Otra de las claves de la inmersión es contar con una buena coordinación de los equipos. Para Míriam Huéscar, las reuniones de coordinación entre departamentos eran necesarias para mantener una misma línea estética y la fidelidad histórica. Su objetivo era mostrar cómo era la vida en Pompeya de manera inmersiva y para ello debían armonizar el trabajo de guion, diseño, decoración, colores e ilustraciones.

La unión hace la fuerza

Let´s Go Company es otra empresa dedicada a producir espectáculos y experiencias inmersivas y cuenta con un método de trabajo similar. Remedios Gómez es parte del equipo creativo y explica que parten de una idea de su director y entre los distintos departamentos arman la exposición. “Tienes que aunar todos los conceptos. Es fácil llegar y poner unos cuadros, pero tienes que darle una historia, cuidar el contenido y el recipiente. Eso es lo que lo hace especial”, explica.

Mientras que las exposiciones de MAD se basan en la historia y los trabajos arqueológicos, las de Let´s Go Company expanden universos cinematográficos como Tim Burton o El juego del calamar, por lo que deben contar con la colaboración y los derechos de las oficinas de cada empresa.

Remedios Gómez trabajando para una exposición de Let´s Go Company. | Fuente: Remedios Gómez

Las entradas de estas exposiciones son caras y cada proyecto debe ofrecer algo distinto, ya que el público demanda calidad y novedad. Gómez destaca el “sello loco” de Let´s Go, con el que consiguen sorprender, y la libertad que tienen los creadores. “Es un trabajo muy imaginativo, pero también estamos bajo presión y eso te desgasta. Te enseña a espabilar, entrenar tu cabeza y abrir la mente”, agrega.

La inmersión en el futuro

Granero cree que la fiebre por las exposiciones inmersivas se acabará pasando y que “en un futuro solo quedarán las exposiciones buenas y que tengan algo de valor”. Este uso de la tecnología ha abierto un nuevo camino que va más allá del entretenimiento. Tanto consumidores como productores de las experiencias inmersivas coinciden en que estas técnicas pueden ser un buen complemento para los museos.

Cano defiende la necesidad de apostar por la innovación tecnológica en la museología: “Los museos tienen que estar en sintonía con la sociedad, pues si no dejan de ser relevantes”. En EVE Museos e Innovación publican muchos artículos sobre el tema y señalan que la principal limitación es la falta de recursos económicos de los museos. “En el ámbito español no hay criterios de innovación tecnológica, los grandes museos nacionales son personalistas y muchos están desvinculados de la tecnología”, incide Cano.

Realidad inmersiva. | Fuente: FreePik

La transformación de los museos

Mientras que las exposiciones inmersivas de ocio se difunden por todo el mundo de la misma forma, el caso de los museos es muy distinto. Granero apunta a Japón y a los países del Este como los principales referentes en arte digital e inmersivo y Cano añade a los países nórdicos, México y Estados Unidos.

Los museos tienen que imponerse, tienen las obras originales y deben trabajar por la divulgación”, explica Granero. “Pero pueden aprender la participación, hacer que el público se involucre en la exposición”, añade.

El píxel no sustituye al pincel. Las exposiciones de cuadros, los trazos y la materia seguirán emocionando a los amantes del arte, aunque la inmersión puede ser un gran complemento divulgativo. Puede descubrir el arte a nuevos públicos o solo aportar un plan de entretenimiento.

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