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Wendy Guerra: «La moda siempre ha sido un arma contra la escasez, la pobreza y el hambre»

«La moda no es algo que existe solo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, tiene que ver con las ideas, con la forma en que vivimos, con lo que está sucediendo», dijo Coco Chanel, la mujer que transformó el vestir en una declaración de independencia. Pero ¿qué ocurre cuando la historia borra a quienes cosieron en la sombra?

Desde El perfume de Patrick Süskind, donde los aromas construyen un relato tan potente como cualquier biografía, hasta La modista de Rosalie Ham, en la que la costura se convierte en una herramienta de venganza y redención, la literatura ha sabido captar la moda como un lenguaje que va más allá de la estética. En La costurera de Chanel, Wendy Guerra se suma a esta tradición para narrar la vida de Simone Leblanc, una diseñadora que, entre agujas y telas, desafió su tiempo.

La novela sigue el camino de Simone desde sus inicios como heredera de un pequeño atelier hasta su encuentro con Gabrielle Chanel, quien reconoce en ella un talento innato para la costura y la innovación. Pero más allá de la alianza entre ambas mujeres, el relato se sumerge en los claroscuros de una amistad compleja, marcada por la rivalidad y la admiración, por las oportunidades y los silencios impuestos por la historia. En este entramado, la figura de Teresa, ama de llaves y confidente de Simone, se erige como un ancla entre el pasado y el presente, entre la tradición y la transgresión. Pero Guerra no se limita a narrar el auge de la moda moderna: en su novela, la vestimenta es un símbolo de liberación, de clase y de resistencia. La ropa no es solo un adorno, sino una armadura, un manifiesto político. Como en El amante de Marguerite Duras, donde un sombrero de ala ancha y un abrigo de hombre construyen la identidad de una protagonista que desafía las normas, en La costurera de Chanel cada prenda habla, oculta y revela.

La prosa de Guerra está impregnada de sensorialidad: La costurera de Chanel huele a incienso y lavanda, suena a valses de Chopin y a la brisa del Atlántico, y su textura es tan envolvente como la de un buen tweed. En sus páginas, la moda es un lenguaje y una trinchera, una forma de resistencia frente a las normas impuestas. Entre el lujo y la guerra, entre la ambición y la memoria, la novela nos recuerda que la verdadera elegancia no está en los vestidos, sino en la determinación de quienes se atreven a cambiar las reglas.

“Solo vives una vez. Haz que sea divertido”.

Pregunta: ¿Cuál fue tu primera inspiración para esta novela? ¿Qué fue lo primero que te deslumbró para empezar a escribir sobre Chanel?

Respuesta: La familia de mi exesposo. Ahí existió una mujer que tuvo un gran impacto en la vida de Chanel, pero de la que nadie sabe nada. Estaba presente en los antecedentes y, de pronto, yo vivía en el Caribe, donde había un mito sobre la abuela de la familia. Se decía que había muerto en circunstancias desconocidas, que había aportado mucho, que cosía… pero, al mismo tiempo, tenía mucho dinero. No parecía simplemente una costurera. Imagínate estar en Cuba, en medio de la escasez, abrir un gran escaparate y ver cosas de Chanel. La revolución, la falta de recursos, la ausencia de comida y ropa… y, de repente, este escaparate repleto de lujo. Ahí comenzó mi pregunta. Cuando me divorcié, decidí que quería reflexionar sobre ello, conversar conmigo misma y llenar los vacíos. Inventar. Es una historia construida a partir de algunas zonas de luz y muchas de sombra.

P: Entre Simone y Chanel hay una tensión constante entre admiración y rivalidad, similar a la que puede darse entre compañeras de trabajo, hermanas o amigas. ¿Crees que es posible la verdadera amistad entre dos mujeres cuando una de ellas aspira a trascender a cualquier precio?

R: Sí, la otra le recuerda que los precios a pagar existen y que hay que afrontarlos. Creo que si Chanel le escribe constantemente a Simone pidiéndole que vaya, que la ayude, es porque sabe que ella es como su Pepe Grillo, su conciencia. Si una de las dos da el paso, la amistad es posible. Además, cuando duermen juntas, queda claro que son como hermanas, como pareja o como algo más difícil de definir. En la adolescencia descubrimos que hay relaciones que no encajan en etiquetas tradicionales: ni de amigas, ni de novias, ni de familia. Son vínculos que el ser humano aún no ha nombrado del todo. Lo mismo ocurre con los hombres. He tenido amigos con los que he dormido, pero que no eran simplemente amigos ni tampoco parejas. Creo que hay personas que trascienden las etiquetas que usamos para definir las relaciones. Simone y Chanel tienen un lazo inseparable, como las estrellas: una ilumina a la otra. No podrían vivir la una sin la otra.

P: Teresa me parece clave en toda la historia. ¿Qué representa para ti dentro del universo de Simone? ¿Es una especie de conciencia?

R: También, pero en su raíz. Cuando no sabemos de dónde venimos, estamos en una búsqueda constante. Simone está llena de misterios; cada vez que abre una puerta, surge un problema. Por ejemplo, cuando interroga al italiano, este le revela algo de su familia que la hace dudar sobre su origen. Luego, el hombre más poderoso de Francia le dice que existe un nexo entre su madre, él y ella. En medio de estas incertidumbres, Teresa es la única que no tiene nada, pero lo da todo. Representa la raíz más pura de Simone. Teresa toca el piano espléndidamente, pero su piel y su forma de andar evocan algo más que Europa. Su apellido, Lenormand de Merci, es un homenaje a la literatura caribeña y a Alejo Carpentier, quien exploró la migración del Caribe en sus novelas. Esta novela puede parecer menos cubana porque está impregnada de Chopin y de danzas europeas, pero es profundamente caribeña en su esencia. El mar, la manera en que las protagonistas ven La Habana con delicadeza y distancia… todo eso es muy caribeño.

P: Los lugares en la novela no son solo escenarios, también moldean a los personajes. Siguiendo esta línea, ¿en qué medida los espacios funcionan más allá de su función ambiental? Hay una gran diferencia entre París y La Habana, por ejemplo.

R: Si yo te hubiera conocido anoche y me habrían pedido que construyera un espacio para ti, no sería este. Me hubiera gustado hacer esta entrevista contigo en un palco vacío de un teatro, o quizá en una juguetería. Por nuestras personalidades, probablemente estaríamos en el suelo. Así se construyen los espacios: no puedes sentarte hasta saber dónde encajas mejor. Es dificilísimo. Tu pregunta es muy buena porque encontrar un espacio adecuado es muy complicado. Por ejemplo, intenté que muchas conversaciones de la novela ocurrieran en el teatro en ruinas que Simone tiene que recuperar. Pero ese lugar es demasiado fuerte: su olor a humedad, el derrumbe inminente, el peso del pasado… O las caballerizas, donde los caballos están a punto de desaparecer porque nadie los quiere. Construir espacios es lo más difícil porque pueden robar el alma de los personajes. Lo importante es que no compitan entre sí. Alejo Carpentier, con su estilo barroco, hace lo contrario: juega con el pulso entre personaje y decorado, a ver quién domina a quién. Lo mismo ocurre con John Malkovich en Las amistades peligrosas: todo es bello, abigarrado, y él se enfrenta al entorno. Pero cuando los personajes son tan fuertes como los de mi novela, crear espacios sin perder en el intento es todo un reto.

P: La historia transcurre hasta la ocupación nazi en Francia. Con todo lo que me has contado, ¿cómo influye ese contexto histórico en las decisiones de Simone?

R: ¿Cómo influyen hoy en día, para ti y para mí, los problemas de nuestros países? La política siempre marca un punto de giro en la vida de uno. No es solo conseguir un pasaporte, es tener que tramitar una visa, comprar una casa para estar a salvo porque se avecina una guerra. No estamos tan lejos de eso. Creo que esto se refleja en la forma en que los personajes corren a ponerse a salvo. Piensa en esa escena en la que Simone sale del bar acompañada de un niño que la guía hasta la casa de su tío. En plena madrugada, encuentra la llave correcta entre un manojo y se queda sola. No toca el piano porque están de luto. La política la acorrala, pero también la engrandece. Si yo no hubiera crecido rodeada de embargos, machismo y dictaduras, probablemente no habría escrito ninguna de mis ocho novelas. Tal vez me habría casado con un hombre sin complicaciones y me habría dedicado a nadar en el Caribe. Pero la política me hizo reaccionar, me obligó a encontrar mi lugar en el mundo y a ponerme a prueba cada día. Y ahora, fíjate, sin querer, el mundo me ha llevado a Estados Unidos, en un momento crucial. Aquí, si no actúas con integridad y altura, terminas atrapado en un mecanismo del que no puedes salir. Lo mismo ocurre en la novela: estos personajes saben que afuera hay una guerra y que adentro también la hay. Hay que protegerse de ambas.

P: ¿Cómo crees que la novela dialoga con la clase social y la movilidad de las mujeres en esa época?

R: Muchísimo. Mira la casa en Arcachon: no es un lugar frívolo, es un espacio para debatir cuestiones sociales. En el momento en que entra la frivolidad, todo se desmorona. Es como si un caballo irrumpiera y rompiera la silla. Cada vez que Simone entra en una habitación donde hay nobles o figuras de la realeza, ella lo desmonta todo. Es como si, con su presencia, la superficialidad se hiciera añicos. La moda, en este contexto, es mucho más que una vitrina. Es un acto de creación, de interpretación, de ruptura. Es un momento de acción, de transformación.

P: Pasando a la moda, que es un gran protagonista de la novela: ¿cuál era tu visión sobre ella antes de escribir y cómo ha cambiado ahora?

R: Para mí, la moda siempre ha sido un arma. Un arma contra la escasez, contra la pobreza, contra el hambre. Contra la vergüenza de ir al colegio con zapatos rotos. Yo vengo de ahí. También es un arma contra la represión. En Cuba, cuando la policía política me registraba para ver si llevaba algún artículo que iba a publicar en El País, lo único que encontraban era un dedal, porque yo misma cosía mi ropa. La moda es un secreto entre mujeres. Una amiga que regala lencería hermosa porque está enamorada. La moda, en mi intimidad, no tiene nada que ver con el dinero ni con la arrogancia. Para mí, cada tejido es un lugar: angora de Lyon, la Ruta de la Seda… La moda son sentimientos. Tocar una tela es recordar a mi madre, pensar en lo que no pude darle en vida. En los lugares pobres, muchas veces los hijos se convierten en los padres de sus padres.

P: Hay un intercambio de roles.

R:  Exacto. En la novela, la moda está ligada a la vida en Cuba. Simone usaba camisas rusas porque era lo poco que había. Yo odio las telas sintéticas porque todo lo que venía de Rusia era caluroso y picaba. La tela es la proximidad entre la realidad y el cuerpo. Escribí esta novela como una venganza. Todo lo que no pude tener en mi vida lo puse ahí y se lo regalé a la gente. Por eso hay tantos capítulos, para que cada lector elija lo que le convenga. Por ejemplo, la compositora prefiere el lino porque quiere ir planchada, uniforme, lista para dirigir una orquesta. Pero Simone insiste en que el algodón es el futuro, porque nosotras vivimos en algodón todo el día. Para mí, la moda es un gran secreto bien guardado entre dos mujeres.

P: ¿Crees que la moda también puede estar ligada a la ideología?

R: Mucho. Pongo la televisión española para aliviarme un poco al final de la tarde, y me da mucha gracia y admiración ver a las mujeres españolas cuando se plantan frente a un hombre. Llevan perlas, abanicos, colores, maquillaje… todo eso. En Cuba, era impensable que una mujer de izquierdas pudiera ir tan arreglada a hablar sobre la izquierda. Para nosotras, las mujeres revolucionarias, la imagen era la de una guerrillera. No podíamos tener adornos porque todo era considerado pequeño burgués, todo venía del extranjero, todo era del enemigo. Por eso me divierte ver a las chicas de Podemos, todas bien vestidas. O a las mujeres del gobierno de Pedro Sánchez, tan elegantes. Pienso en lo que significarían esos códigos para Fidel Castro: habrían sido inaceptables. Todo depende del contexto, del votante y de los prejuicios que cada uno tenga sobre lo que significa la moda en un movimiento político.

P: ¿Cómo era en Cuba?

R: La Revolución Cubana y la moda son un ejemplo claro de cómo la vestimenta puede ser una ideología. Miras a los barbudos, vestidos de verde olivo, sentados en la plaza mientras el pueblo desfila. No hay una sola mujer con falda blanca, como una perla. Todas están al final, vestidas de milicianas, cerradas hasta el cuello. Como las mujeres árabes, no con el rostro cubierto porque no es nuestra cultura, pero sí con el cuerpo cubierto como una penitencia. Vestíamos botas, cañeras, uniformes rígidos en un país donde el calor sofoca. La moda puede ser un castigo. Los uniformes rusos, hechos con telas soviéticas para el frío, resultaban insoportables en el clima caribeño. La pañoleta en el cuello, la boina roja de lana en un país donde el sol te cocina. Todo eso es una ortopedia tremenda. Esta novela es una liberación. Imagínate que te dieran un presupuesto solo para comprar ropa para tu madre, tu abuela, tus amigas. No podrías gastarlo en otra cosa. ¿Sabrías qué elegir? Ahí te das cuenta de cuánto las conoces realmente, de los tesoros que ellas te han dejado y que tú les has dejado a ellas. La moda es el lugar más secreto entre mujeres, entre amigos, entre personas con las que tienes intimidad.

P: En la novela tratas el corsé como una jaula, como un símbolo de la opresión femenina. ¿Crees que hoy existen corsés invisibles en la moda o en la sociedad que siguen limitando la libertad de las mujeres?

R: Tengo amigas con hijas que no quieren afeitarse ni usar faldas, porque tienen otros valores culturales que defender. En muchos casos, la diferencia entre la falda y el pantalón está ligada a la sexualidad. Cuando a una niña se le impone llevar falda en su graduación, a pesar de que su forma de ver la moda y la vida es distinta, se la está obligando a parecerse a su madre o su abuela. Quizás ella prefiera identificarse con su novia, su amiga o su hermana, pero de otra manera, de una forma más personal. Si la sociedad y los padres imponen normas como usar velo, caminar detrás de los hombres y vestir de forma recatada, ¿no están ya empezando a salir las alas?

P: ¿Cómo crees que la moda afecta a la feminidad? Hay mujeres que no quieren usar falda, pero aún existe la idea de que todas deberían hacerlo. Si una elige pantalones o rechaza prendas consideradas femeninas, parece que se sale de lo normativo. ¿Cómo crees que influye esto?

R: No hay nada que evite más que ponerme un pantalón. Hoy lo llevo porque hace frío, pero me marca demasiado las curvas. Muchas mujeres eligen los pantalones para no llamar la atención, pero, en realidad, resaltan la silueta y pueden hacer que la feminidad se vea más extrema. Lo mismo pasa con la masculinidad: hay hombres que se ven increíbles con pantalones, y mujeres que se ven espectaculares con ellos. La clave está en la libertad de elegir lo que te haga sentir bien. Vestirte con comodidad es como jugar: necesitas sentirte libre para moverte, sentarte como quieras, fumar, leer, correr o jugar al fútbol. Las prendas han cambiado porque la mujer ha ocupado espacios antes dominados por los hombres. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras ellos iban a la guerra, las mujeres tuvieron que conducir, trabajar en fábricas y ensamblar armas. Por eso las piezas funcionales se hicieron parte de su día a día. En el fondo, todo se reduce a la búsqueda de libertad.

P: Hablando de libertad, en la novela la creación de un perfume es un acto de identidad y reafirmación. ¿Crees que los olores también pueden contar historias, como lo hace la ropa?

R: Los olores aíslan y conectan. Es difícil predecir qué aroma le gustará a alguien, pero pueden emocionarte o hacerte sentir vulnerable. No hay nada más fuerte que caminar y oler un perfume que te recuerda a alguien que extrañas. Puedes seguir ese aroma durante cuadras sin darte cuenta. Escribí sobre el perfume porque creo que Chanel se equivocó al intentar encerrar su grandeza en una sola fragancia. Ella diría que cada mujer hace que ese aroma sea distinto, que es caleidoscópico. Para mí, los perfumes son como los libros: cada persona los percibe de manera diferente. El perfume en la novela funciona como los libros, porque nos apropiamos de ellos de la misma manera. Es curioso cuando las lectoras me dicen qué parte de la historia les gustó más; es como elegir una nota de un perfume. El aroma cambia según tu piel, tu clima, tu historia. También son como pequeñas cajas chinas llenas de recuerdos y sensaciones.

P: Sí, totalmente. Hay gente que asocia olores con recuerdos de manera muy fuerte. Sé que eso tiene un nombre, pero ahora no lo recuerdo…

R: Sinestesia, lo has dicho bien. La novela está construida sobre cosas que no vemos, pero que están ahí, esperando a que las descubramos. Es un juego de capas. También está el palimpsesto, que es la superposición de recuerdos. Cada vez que la protagonista abre un armario, se encuentra con prendas que pertenecieron a su tío, a sus antepasados. Cada objeto cuenta una historia. Es un texto sobre otro texto, una memoria sobre otra memoria.

P: ¿Cuál es para ti ese perfume?

R: Para mí, el incienso en los perfumes. Fíjate en el que llevo puesto… No sé si puedes olerlo, pero es muy intenso. Un perfume debe tener misterio. Si es simplemente jazmín, rosa o notas demasiado evidentes, nadie se preguntará qué hay detrás. Yo quiero que, hasta el último día de mi vida, la gente siga buscándome, como si sacaran trucos de la chistera de un mago.

P: Hemos hablado de moda, pero la moda también está ligada a la belleza. ¿Cuánto crees que importa la belleza en la sociedad actual?

R: La belleza es una categoría estética muy elástica. Creo que es necesario centrarnos en construir algo edificante, donde lo bello y lo feo pierdan importancia. Las artes visuales están explorando mucho este concepto. El arte emergente, por ejemplo, interviene en el espacio público con fenómenos que pueden reconstruir nuestra percepción. La moda es parte de esa obra, sobre todo en manos de mujeres jóvenes que están transformando su significado. En mi trabajo para CNN, entrevisté a varias sombrereras en España. Hacer sombreros puede parecer un oficio innecesario, pero en realidad nos protege, nos cobija, nos enaltece. Es una forma de reconstrucción de la belleza. Lo mismo ocurre con los diseñadores web. Nos bombardean con información todo el día, pero también crean espacios vacíos que nos permiten respirar, pensar. La belleza puede estar en cualquier gesto, y es importante reconocerla porque cambia la forma en que interactuamos con el mundo.

P: ¿Crees que la belleza es algo que se posee o algo que se proyecta?

R: Algo distinto. La belleza es como un imán para la posesión. Todos queremos poseer belleza, aunque su significado varíe para cada persona.

P: Chanel decía que «la moda pasa, pero el estilo permanece». Si la belleza es efímera, el estilo parece tener una permanencia. ¿Qué crees que nos atrae realmente de una persona o de su obra? ¿Su impacto inmediato o su capacidad de perdurar en el tiempo?

R: Creo que la reinvención es lo más importante. Cuando ves a alguien después de muchos años y sigue exactamente igual, te da cierta tristeza, ¿no? Pero si esa persona con estilo se va reformando, reinventando, es como un espiral que crece y se expande. Crecer es fundamental en todo.

P: ¿Qué ha sido lo más importante para ti al escribir esta novela?

R: Tener tres mujeres a quienes querer. Cuando uno está en el exilio, la soledad pesa. He tenido suerte en Miami porque he encontrado amigas maravillosas, incluso con sus esposos, pero siguen siendo mis amigas. Aun así, veo muchas mujeres solas en Estados Unidos. Cuando voy a Nueva York, en el metro, o a Los Ángeles, atrapadas en jaulas que son automóviles, siento esa soledad. Esta novela es un regalo para recordarnos que siempre hay mujeres a quienes querer y que la amistad es fundamental. A veces me pregunto qué habrá sido de Teresa en Cuba. ¿Habrá restaurado el palacete? ¿Se sentirá a gusto o extrañará Francia? Cuba, en esa época, era un lugar salvaje. ¿Y Chanel, después de todo lo que supongo que hizo? ¿Y Simone? En donde sea que esté, quiero creer que me ayuda a que todo salga bien. Eso es lo más bonito de la novela: tenerlas a las tres. Como también tengo a Nieves Guerra, la protagonista de todo, que me ha abierto muchas puertas en más de veinte lenguas.

P: Has mencionado Cuba varias veces en esta conversación. Es un tema muy importante para ti. Más allá de la historia, del país, ¿cómo te ha construido personalmente todo lo que viviste allí?

R: Nunca me habría ido de Cuba, porque yo amaba mi país. Pero Cuba se fue de Cuba, nos abandonó. Estuve 50 años allí resistiendo, pero es difícil. Cuba necesita belleza, necesita nutrirse, necesita ternura, sofisticación… Pero antes que todo, necesita comer. Los niños necesitan zapatos. La gente necesita salir de la pobreza extrema, del abandono. Necesita liberarse de una dictadura militar que mantiene a la población en silencio. Las mujeres no pueden protestar, no pueden hablar de los problemas de sus hijos. Me encantaría, algún día, poder volver y reconstruir con belleza todo lo que nos han quitado. Me encantaría.

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