El actor reflexiona sobre su gran trayectoria teatral y el hito que supone El Favor en ella
¿Qué estarías dispuesto a hacer por un amigo? 4 hombres que se conocen de toda la vida, íntimos. Se reúnen para cenar en casa de uno de ellos, Martín. Pero el quiere hacerles una gran pregunta. ¿Estarían dispuestos a donarle a él y a su mujer semen para quedarse embarazados? El Favor escenifica la realidad que viven las parejas que optan por la inseminación artificial en España. Y lo hace de una manera desternillante. Jorge Kent nos habla sobre su primera comedia y la siempre cambiante carrera en el teatro que le ha llevado a ella. Desde su formación entre bambalinas en Irlanda hasta la terapia de choque que le supuso adoptar el papel de director, pasando por la conjugación del activismo y el arte. El actor comparte su experiencia acerca de cómo dejar atrás la supervivencia y comenzar a vivir en la industria teatral.
Pregunta: Tu último proyecto es una comedia que trata temas de bastante profundidad, como el significado de la paternidad. ¿Qué crees que se puede llevar el espectador de la obra?
Respuesta: Aparte de un buen rato, porque la verdad que la gente se ríe mucho, la actual lectura de la realidad de la inseminación artificial. Querer quedarse embarazado ya con los 40 y tantos que podemos tener y que no se consiga tan fácilmente. Lo bonito es que son cuatro tipos, con cuatro personalidades, que afrontan cada uno ese tema desde su masculinidad. Sale mucha comedia de cuatro tíos enfrentadose a este favor que nos pide nuestro amigo. Pero, luego debajo de esa comedia, está toda la realidad que vive él y que nos expone en la función. Todo ese proceso que pasa una pareja para intentar tener un hijo, cuando de verdad es lo que quieren. Hay esa parte que es totalmente contemporánea, todos tenemos a alguien cerca que lo intenta y no puede.
P: ¿Cuál es tu escena preferida de la obra?
R: En el estreno oficial un amigo que vino a ver la función dijo que lo fuerte de ella es que es una escena única. Es un entrar, hora y media, y salir. Tiene momentos, mejores, peores, en el sentido de cada personaje, de entendimiento, de no entendimiento. Yo creo que hay ciertos momentos que son los culmen. Ese momento en que nos dice porqué nos ha reunido, el momento donde nos dice cómo hacerlo y entonces ya no volvemos locos. Para mí están siendo muy agradables y me están enganchando mucho a esta función.
Tener al público tan metido, porque al final, en este tipo de funciones, el espectador es uno más. Tener que estar con esa atención plena en el público en los momentos muy álgidos de humor para poder meter el texto. Todo ese juego me fascina. Como soy nuevo en la comedia, lo estoy disfrutando muchísimo, porque es algo que no tenía yo todavía bien pillado de no haberlo hecho demasiado. Y estoy encantado.
Edu, un personaje sin miedo
P: ¿Cómo describirías a tu personaje en la obra?
R: Edu no se calla nada. No es macarra, pero sí que quiere saber y preguntar sin que le preocupe cómo afectará al resto. Para eso somos amigos, digo lo que pienso y ya mañana me perdonas si eso. Con los colegas hay una condescendencia de este en mi lugar sagrado, mi lugar de estar a salvo y digo lo que quiero. No se corta un pelo. Es el que lo dice todo claro, el que pregunta sin miedo, el que quiere crear situaciones incómodas.
P: ¿Qué es la amistad para Edu?
R: Todo. El favor trabaja que la amistad es todo. Estos son cuatro amigos que realmente yo soy el que está separado, y claro en la reunión vengo a tope. Él día a día, el trabajo, pero luego vengo y la reunión con los colegas es lo más. Mi día ideal . La amistad lo es todo ahora en ese momento vital de Edu. Tiene a su familia, a sus hijos, su trabajo, pero juntarse con los colegas es la noche perfecta. Entonces yo creo que para él la amistad lo es todo.
La mirada íntima de Kent
P: ¿Y en tu caso? ¿Qué es la amistad para Jorge Kent?
R: Para mí la amistad es muy importante. Creo que siempre tienes tienes gente cercana. Últimamente me doy cuenta que depende las circunstancias vitales. Soy de los que, se me puede echar la culpa por ello, no la cuido demasiado. Soy bastante dejado en ella. Igual que mi personaje en la vida real soy padre separado, con tres hijos. Tengo la custodia de mis tres hijos. Entonces yo tengo esta cosa de mis hijos, mis amistades, mi gente, que cuando quedo voy a todo, voy a tope y es el estar en todo y super agradable. Pero me cuesta mantener esa cosa. Y me gusta las amistades que siguen manteniéndose a pesar de que yo sea un dejado.
Mi gente de Albacete, que son del instituto, que son ya de 40 años de amistad, te tiras sus dos años y un día llamas y parece como que hablasteis ayer. Digo “pero qué conversación más corta si llevamos sin hablar mogollón de tiempo”. Y es como “no que tú está bien”. “Pues ya está tío, a ver si subes para Madrid”. Esas conversaciones que después de mucho tiempo te ves y en poquito te has puesto al día y es como «sí, perfecto, pues ya estamos al día, ya estamos otra vez renovados, sigamos para adelante». Eso me parece que es bonito. Así es la amistad. Que sea tranquila, que sea fluida, que sea desde el cariño y como vaya a sucediendo, tiene que suceder. No me estresa esta cosa de tener que estar pendiente. Me encanta cuando están pendiente de mí, pero yo no sé hacerlo.
P: Si alguna vez has tenido que hacerle un favor importante a un amigo, ¿te ha llevado a sentirte como los personajes, tener que cuestionarte todo?
R: El otro día nos preguntaban también en otras entrevistas por grandes favores. Me costaba mogollón pensar en favores que haya hecho. Pensaba, tengo que haber hecho algo, entonces dije: “fui a recoger a un amigo a la otra punta de España porque se quedó tirado”. Pero que lo exagere, porque he ido a recoger amigos, pero a Alicante, no he hecho ninguna barbaridad. Luego, dándole vueltas, pienso yo, que cuando son favores que le haces a un amigo, se pasan rápidamente, no los tienes tan tan localizados porque se hacen desde un lugar de la amistad. Son como cosas que se han hecho y ya está.
Yo no tengo tanta conciencia de ir como si fueras guardando en un contador las cosas que he hecho por tal persona. No, no tengo conciencia de lo que he hecho, y los que he hecho, los he hecho de tan buena gana que no me han dejado ninguna secuela. No tengo nada que no volvería a hacer. Si he hecho alguno gigante, lo volvería a hacer porque sigo aquí.

Cómo pasar de sobrevivir a vivir en la industria teatral
P: En ocasiones utilizas tus redes sociales y apariciones públicas como canal de comunicación de Movimientos sociales. También en , ‘Azul (breve epopeya de un ojo entre la vida y la muerte)’, obra que dirigiste, has hablado de la violencia policial, además de de la violencia estatal por la falta de libertad de expresión qué critica la obra. ¿Ves tu profesión como una forma de hacer activismo?
R: Sí, yo creo que es una manera más. A mi Azul me gustaba como texto, como tal lo que cuenta. Creo que cualquier obra de teatro tiene que decirte algo, sea desde un punto de vista u otro. Me gusta una obra que cuando la veo, me signifique algo, que no sea una cosa que he visto y ya está. No que diga, pues no me ha tocado nada. Son las obras que aprecio y si tengo que producir y dirigir o hacer, las que digo, pues esto es interesante porque como a mí me hace pensar, yo voy a hacer que esta obra haga pensar a los demás. Creo que sí, que sirve, osea , el teatro, ya que tenemos este espacio nosotros para comunicar algo pues utilizarlo para siempre activar a quien tenga que que activar.
P:¿Qué les puede enseñar a los actores ser directores y viceversa?
R: Todo, te lo digo así, todo, se aprende todo. Azul era la primera vez que dirigía, lo hice con Raquel Camacho. Para mi ella es una directora enorme, gigante. También es amiga y de Albacete. Cuando yo me vine a Madrid hace años, me vine a su casa, le debo el estar aquí. Tuve mucha ayuda por su parte para esta dirección. Hubo una parte que yo hice solo y luego otra parte que hicimos conjuntamente. Cuando, después de esa parte solo, yo la llamaba, le decía “lo siento”. Nunca me había dado cuenta de la soledad del director.
Un actor, vengo al teatro, yo hago lo mío y quiero mi atención. Pero también luego la reclama el otro actor, el de vestuario y el de iluminación. Entonces es el director esa persona que tiene que conjugar todo y que muchas veces tiene que sufrir casi todo en soledad. Al final son muchos flancos, todos hacemos nuestro grupo y luego el director es como un ente. Cuando son montajes de estos grandes deberíamos abrazarnos cada día y decir “olé, otro día superado, vamos equipo”. He descubierto eso, que hay que saber que todos estamos en el barco y no pensar que es que el capitán está aquí para hacernos la vida imposible. Estamos todos para sacar algo positivo para adelante y desde el mejor rollo posible.
P: Durante tu carrera has actuado en muchos géneros dramáticos: drama, terror y ahora comedia, ¿cuál es el secreto de la versatilidad?
R: Esa pregunta es difícil. No sé. Al final son personajes que te vienen y al principio, cuando uno los afronta, no analiza qué género está trabajando. Simplemente el primer encuentro con un personaje es ¿qué es el personaje?. Luego, cuando tienes el personaje, ¿qué circunstancias son dadas? Ahí ya vas hacia el género que te toque trabajar.
Está es la primera vez que hago comedia. Al principio era ¿cómo se afronta esto? Pero es seguir las instrucciones del director, que gracias a Dios para eso está, escuchar al compañero, ver qué es y aprender yo creo que de todos.
La versatilidad viene de querer aprender. Yo siempre he sido autodidacta. Los pocos estudios que he tenido son los que he ido eligiendo poco a poco. Todo lo que sea un reto nuevo que no he hecho antes, me tiro de cabeza, como esto. No he hecho verso, pues lo hago.
P: ¿Podrías dar un consejo a los actores noveles que son fans de El Generacional?
R: Hacer. Yo no sé estar parado. Mis amigos me decían: “¿ Pero por qué has montado Azul? ¿Por qué te has metido en una producción? Porque tenía cuatro, cinco meses, que sabía que no iba a tener trabajo y para estar en mi casa, me monto un espectáculo. “Ya, pero, la puedes palmar y perder dinero”. «Ya, pero he hecho algo que no había hecho. He escrito un texto, he dirigido, he estado actuando unos personajes que no había hecho nunca».
A mi me gusta hacer. Creo que haciendo, aprendo, aprendiendo, crezco, y creciendo, llego, y me llegan más cosas. Tengo un tatuaje, el Aún aprendo que pintó Goya cuando tenía 84 años. Para mí es como esta gran frase de decir yo tengo que seguir aprendiendo, tengo que seguir creciendo, tengo que conseguir porque hay mucho, todavía mucho que no, que no conozco. Y es hacer, hacer, hacer, dejar y hacer teatro y sino te llaman esta cosa también cuando uno está aquí en Madrid, que parece como que tienes que esperar a que alguien te llame, que te llames. No, tu haz, ya coincidirá algún día que alguien te vea y entonces te llama, pero va a estar en tu casa sentado nunca llegarás a tal, alguno sí. Osea que la suerte siempre aparece pero que mejor estar trabajando o haciendo lo que uno quiere que estar esperando.

Irlanda contra España: todo el drama
P: Fuiste a las escuelas de actuación Gaiety y Ringsend en Dublín, donde estudiaste por 4 años. ¿Por qué elegiste hacer tu formación en teatro en Irlanda?
R: Mi familia es irlandesa. Entonces con 19 me fui a trabajar un verano a Irlanda de camarero. En aquel momento era el trabajo que había. Y bueno estaba allí. Yo venía de haber hecho desde que tenía 14 años teatro en el grupo amateur del instituto. Me encantaba. Estando allí quise empezar a hacer cursos sueltos en el Gaiety y luego me salió la oportunidad de estudiar en el Ringsend. Era como una especie de ayuda del gobierno; salió un curso de año completo para producción y gestión teatral con una parte de interpretación. Lo hice y lo fui combinando. Fue justo terminarlo y tenía que volverme a España por la mili. Y eché currículos aquí que no era mi idea para nada. Era venir a España y volverme otra vez para Irlanda Yo no quería volver a España. Y nada, eché currículos y aquí me quedé.
P: Entonces allí te trataron bien.
R: Sí, sí, vamos para mi Irlanda… Además, fui en el 95 y luego volví en el 99. Era una época donde Irlanda estaba económicamente genial. Era la tercera potencia europea. Había trabajo de sobra, muchos españoles nos íbamos para allá a buscar. Ibas, cogías un trabajo, te salías y cogías otro. Era muy fácil. Luego aparte, yo tengo familia allí. Toda mi familia por parte de madre sigue viviendo allí, para mí era un sitio muy accesible. Y luego que el carácter irlandés conmigo va mucho. Entonces a mí me encantó. Me encantó Irlanda. Yo estaba allí mejor que quería. Lo que pasa es que las circunstancias me hicieron volver.
P: ¿Ves diferencias entre el mundo de la actuación en Irlanda y en España?
R: Ahí lo que encontré son muchas dificultades. Tenía un acento bastante neutro tirando hacia irlandés, pero ellos son muy protectores de sus textos. Creo que es el único país del mundo que tiene tres premios Nobel en literatura dramática. Es como que los personajes que hay son de la Irlanda rural. Ellos defienden mucho su acento, su idioma. Entonces a mí me costaba encontrar trabajo allí. Cuando estaba ya terminando de estudiar y entraba a echar currículums, me costaba encontrar porque realmente yo no tenía un acento irlandés. Entonces, para muchos personajes, no valía mi carácter o mi acento, mis formas.
Y luego, en Irlanda son de palabra, como los ingleses. Son de ese texto, de esa palabra bien dicha y bien colocada. Nosotros estamos más pegados a ese teatro más latino, argentino, de la emoción. Son como a lo mejor dos aspectos diferentes.
Pero tampoco tuve la oportunidad. La espina que se me quedó allí fue que no tuve la oportunidad de realmente dedicarme a ser actor. Trabajé en teatro de iluminador, de acomodador, de muchas cosas mientras estudiaba. Pero como actor no.
P: Puede que con la gran inmigración que el país ha visto, ahora el teatro sea mucho más inclusivo.
R: Pienso que sí. Yo creo que ahora en todos los aspectos. Ahora realmente también cualquier autor contemporáneo irlandés que leas, igual que cualquier contemporáneo español, ya no solo escribes sobre la cultura o la base de esa Irlanda profunda. Yeats, Bernard Shaw, son como de una Irlanda de una época. Ahora cuando lees los textos contemporáneos, cualquiera trabaja de todo, cualquiera puede hacerlo. Ya es una cosa del texto y ya quién lo afronta, quién lo coge, cómo lo dice. No hace falta que se vea que eres de Limerick y entonces entender que eres de allí, que es lo que cuando yo estaba era más el teatro que nos ofrecían. Ha cambiado muchísimo, Irlanda ya es multicultural, sobre todo Dublín. Yo creo que ya hay más gente de fuera que de allí.


