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Rosario Raro, premio Azorín: «Emily Hobhouse es una hippie de 1901»

La novia de la Paz retrata a la activista que luchó contra los campos de concentración británicos en Sudáfrica

La novia de la paz es la sexta novela de Rosario Raro, quién dedicó media vida a ayudar a otros escritores como profesora de escritura creativa, ahora vive de su sueño. Su último éxito ha sido ganar el premio Azorín de novela 2025 con este alegato total al pacifismo. En él dramatiza la historia de dos defensores de los derechos humanos, el mismísimo Gandhi y la olvidada Emily Hobhouse. A la par que nos relata cómo el amor transforma la vida de personajes inventados, guiándolos en una metamorfosis para alcanzar la paz.

Shayna Orliens, la co protagonista femenina, llega al sur de África en 1901. Huye de la investigación de la policía sobre la desaparición de su marido, pero también de su propia intuición sobre el suceso. A sus preocupaciones se suma el horror que siente ante los abusos del imperio británico en la guerra anglo-bóer. ¿Su refugio? Las palabras de la activista Emily Hobhouse y las de un misterioso escultor escocés.

Raro habla sobre cómo incorporar la epicidad de la paz en la literatura, y en nuestras vidas,  la construcción de la igualdad a través de personajes femeninos con mucha fuerza, y su opinión sobre el empresario sudafricano Elon Musk.

Amando se encuentra la paz

Pregunta: Como dice el personaje de Friz, que todas las piezas estén en su lugar es algo más habitual en la literatura que en la vida, ¿al construir la novela pensaste en que el romance de Shayna y Denys podía dar un toque demasiado irreal a la historia?, entre tanta tragedia…

Respuesta: Como es una novela pacifista y para mí Emily Hobhouse es una hippie de 1901, pues quería que todos estos personajes se rigieran por aquello de «haz el amor y no la guerra». Por eso también hay una reflexión sobre por qué se culpa a alguien por amar. La homosexualidad es un delito, en cambio la guerra, que es el mayor crimen, se ensalza.  En conexión con las ideas pacifistas, Shayna y el escultor escocés amando encuentran la paz y la calma. Me interesaba también reflejar que supone tener el ánimo tranquilo a escala no   solo de conflictos bélicos, sino en la vida de cada uno. Shayna después de la traición está en un estado de guerra y y se siente morir. Hasta que entra, como el resto de personajes que están en ese estado de crisálida, en una metamorfosis hacia otro estadio suyo, renovado y mejorado.

Los referentes de la paz para Rosario Raro

P: Decías en la presentacion del libro que “de alguna manera la historia de la humanidad es la historia de sus Guerras”. También hablabas de una frase de Óscar Wilde en la que expresaba que a las personas les fascinaba la guerra porque era vista como mala. («Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad.)»

R: Tenía muy presente a Óscar Wilde a la hora de escribir porque él sufrió que la homosexualidad fuera delito en esos momentos. Claro, era un esteta, entonces  reprobaba la guerra en todos los sentidos. Quería recoger la postura de todos esos personajes, de Tolstói, que es él que realmente alienta con sus ideas a a Gandhi a través de su relación epistolar, y luego enfrentarlos a toda la ideología del imperialismo, del supremacismo, que era todo lo contrario: no tener fronteras geográficas para expandirse, pero morales tampoco.

Hacer literatura épica de la paz

P: De hecho, en este sentido me llama la atención que ahora, aparte de que la novela bélica tradicional sigue teniendo relevancia, se han hecho populares historias de conflictos como Los Juegos del Hambre, saga en la que se toca el imperialismo, o El juego del calamar.  Vemos que tienen un trasfondo de lucha, pero también hay a personas a las que les parecen interesar solo por su faceta aventurera. ¿Cómo consigues tratar la guerra para que no se quede en mera aventura para el lector?

R: En el caso del personaje de Darrell sí que sucede exactamente lo que tú dices. Él y Shayna se quedaron huérfanos de madre cuando eran bastante pequeños. Se refugiaron en la literatura y sobre todo leían las obras de de Walter Scott. Entonces para Darrell la guerra era literatura, o sea, el quería vivir esas aventuras de los héroes de las novelas del escritos escocés. Mientras que para Shayna era el horror. Ella durante toda la novela tiene miedo de que maten a su hermano.

Yo lo que digo es que tiene mucha más épica la paz que la guerra, que se se reviste, al menos en estos momentos de principios del siglo xx de honor, de gloria, y en realidad es la mayor catástrofe en la que se puede ver la condición humana.

Para crear paz, igualdad

P: Si tuvieras que dar una solución que nos acercara más a la paz mundial que Emily quería, ¿cuál sería?

R: Hay pruebas manifiestas de que a los conflictos bélicos siempre subyace la codicia. En el caso de mi novela era por las minas de diamantes y de oro de del sur de áfrica. En la actualidad estamos escuchando hablar de determinadas materias o elementos que hay en Groenlandia. Entonces es una cuestión estructural, ¿por qué quiénes ya tienen suficiente siempre quieren más? y a costa de lo que sea, a costa de que se pierdan millones de vidas humanas.

Entonces yo creo que necesitamos un reseteo mental y valorar otras cosas. No nos vamos a llevar nada, nos vamos a ir muy ligeros de equipaje, como decía Machado. Pero claro, vemos que la realidad nos desmiente. Cada vez veces es mayor la brecha entre ricos y pobres, hay menos clase media. Esa yo creo que también es el germen de muchos conflictos: la desigualdad social.

Elon Musk, un personaje disparatado

P: En relación con esto, ¿te acordaste el escribir la novela de Elon Musk que ahora está en boca de todos y tiene relación con Sudáfrica? Hace poco denuncio el uso de la canción Matar al bóer, surgida durante la lucha contra el apartheid.

R: Claro es que estamos hablando de un país, la actual Sudáfrica, que en el momento de la novela no se llamaba todavía así porque estaban los territorios bóers, el Estado Libre de Orange y República de Transvaal, que eran los que estaban en litigio. Pero todos sabemos lo que sucedió en Sudáfrica con el Apartheid. Yo era muy pequeña cuando salían esas noticias en la televisión y tengo imágenes terribles grabadas. Cuenta muy bien Paloma Sánchez-Garnica en su novela Victoria, toda la cuestión del Ku Klux Klan en Estados Unidos. Igual que allí, toda esa situación de injusticia, de supremacismo, de que una raza se consideraba superior a otra y por tanto quería imponerse y dejarles prácticamente sin derechos a la población negra, también hizo surgir a otra gran figura del pacifismo, Mandela.

Siempre me ha llamado mucho la atención que los mayores patriotas casi nunca pertenecen o han nacido en ese país. En el caso de este personaje, es un personaje que si perteneciera a una novela, nos dirían que se nos ha ido la mano, que es demasiado disparatado y que hemos cargado las tintas. Pero es real. Yo creo que que el hecho de que sea sudafricano, por tanto afroamericano, tendría que ser el material de reflexión también, sobre todo para él.

Heroínas naufragas, en necesidad de un rescate del mar del olvido

P: Una de los temas del libro es cómo la sociedad olvida a los héroes que no le convienen políticamente. Hay un personaje al final del libro que nos recuerda que esto sigue pasando, mientras los activistas continúan su lucha. ¿A qué crees que se debe este olvido colectivo?

R: Se debe a lo que ahora se cita tanto: el relato de quién cuenta la historia. Como tú has dicho Emily Hobhouse era una persona muy incómoda para el imperio más poderoso en esos momentos. Una mujer sola, ya bastante madura, porque 35 años de entonces es como ahora, no sé, 55 o más, desafío a todo un imperio. Los hechos demuestran que fue una figura incómoda. En el sur de África tuvo un funeral digno de una princesa, mientras que en su pueblo, que ella decía que era minúsculo, St. Ives, Cornualles, no apareció ni siquiera una nota necrológica en la prensa local. Fue intencionadamente borrada. Entonces yo creo que ahí sí que hay que hacer una una labor de rescate del mar del del olvido

P: Bueno, que de hecho he visto que ahora, tú lo comentabas en la presentación del libro, estaba viendo que en el periódico The Guardian conmemoraban que hace 165 años que nació, pero aunque un poco rescataban su figura incluso en el titular ni siquiera la llamaban activista, sino whistleblower (en inglés es el nombre que se da a los que revelan información confidencial sobre actuaciones del Gobierno).

R: Y menos mal que el Manchester Guardian fue el único que le permitió publicar sus columnas. El resto de de la prensa era un poco como la Fox ahora en Estados Unidos. Vaya que no querían que ascendiera.

Un vínculo personal con el activismo

P: ¿Tú también has sido activista o has tenido contacto con el activismo?  ¿Te has visto reflejada en alguno de los personajes en este sentido?

R: Yo sí. Me considero hippie todavía y también soy de haz el amor y no la guerra. Porque creo que en nuestro entorno tenemos que evitar dañar a nadie y que eso sea como una onda expansiva. Porque, no sé, total, nos vamos a morir. Entonces no tienen ningún sentido conductas como el rencor, las ansias de venganza, el que más daño se hace es uno mismo. A veces pienso en la imagen del rencor, que es como arrastrar maletas llenas de piedras. O esa otra frase que dice que si estás preparando una venganza, caba dos tumbas.   En el ámbito político mundial en estos momentos nos falta muchísimo de esos comportamientos: falta diálogo, sobre todo falta educación y falta mucho respeto.

Portada de ‘La novia de la paz’ | Fuente: Editorial Planeta

Una obra enraizada en la escritura creativa

P: Hay autores que se muestran reticentes a estudiar escritura creativa, piensan que podría sofocar su estilo personal. ¿Cuál ha sido tu experiencia como profesora y escritora?

Respuesta: Me gusta mucho la la pregunta porque yo di el primer taller de escritura creativa con 20 años y, durante más de 35 años, creo que he sido la principal beneficiada de las clases. Han supuesto una continua reflexión sobre todo el hecho narratológico: personajes, acción… He visto alumnos que han sido auténticos bestsellers y he tenido el privilegio de ser la primera persona que leía obras recién nacidas. Entonces creo que todo lo que nos puedan aportar los demás, los lectores cero, nuestros editores, es un añadido porque que alguien nos lea es un un acto de generosidad, ¿no?, habiendo tanto para para leer. Cuando escucho a alguien que dice: «pues a mí no quiero que me toque ni una coma», me parece un planteamiento equivocado. En este oficio no hay otro papel que el de aprendiz y lo que tenemos que intentar es mejorar día a día. Yo intento cada vez superarme, la competencia y la competición es conmigo misma.

La escritura, la mejor profesora de empatía

P: En este sentido, ¿podrías dar algún ejemplo de cómo ser filóloga o saber de escritura creativa te ha ayudado al escribir este libro?

R: Además de ser sobre una protagonista que escribe en el Manchester Guardian (conocido hoy en día como The Guardian), yo creo que a mí, sobre todo, la facultad que se me ha desarrollado estos años es aprender a conocer a las personas a través de su escritura, de hacerme una especie de retrato psicológico muy completo de cómo es alguien. En ese sentido, el desentrañar que los insultos que le lanzaban a Emily, por ejemplo, solterona histérica, apelaban a la vez a su condición femenina, a su estado civil y a su situación mental. No somos del todo conscientes del poder de las palabras, a veces un poder incluso de invocación. Tenemos que manejarlas con mucho cuidado porque se convierten en nuestros pensamientos. Los pensamientos se convierten en nuestras acciones y las acciones determinan nuestro destino.

Hay cambios que traen paz

P: Dices en el postscriptum de la novela.

R: Ahí sí que soy yo.

P: Que trata sobre algo que todos hemos vivido, una segunda oportunidad para mudar de piel. ¿puedes contarnos alguna de las tuyas?

R: Claro, lo que pasa, que luego sí que digo que llevarla a cabo, es otro cantar. Yo creo que todos nos hemos reencarnado varias veces en vida. Ahora se llama reinventarse. Pero también hay que tener la valentía porque muchas veces nos escudamos en la frase de Ortega de «yo soy yo mis circunstancias». Pero bueno tenemos que intentar ser lo más genuinos posibles y en mi caso te puedo contar mi lucha titánica por ser escritora.

No es nada fácil haber apostado por esta profesión, el haber dejado de ser profesora en mayo. La decisión fue que tenía que dejar de dedicarme tanto a los libros de los demás para dedicarme a los míos. LLevaba 20 años siendo una ONG literaria: escribiendo prólogos y sinopsis, revisando libros, poniendo frases en la portada, presentando libros de de otras personas, organizando clubs de lectura… Dije: «ahora que ya me me he probado a mí misma que estas cinco novelas anteriores, han gustado, que el número de electores no deja de crecer.» Llegué a la conclusión de que había aprendido mucho a través de todos estos años de mis lecturas analíticas y tan en profundidad, viendo todos los resortes de la ficción, pero que ya era el momento de centrarme en mi. Y estoy muy, muy a gusto después de haber cambiado de piel.

Las mujeres como constructoras de igualdad

P: ¿Quién ha sido el personaje más interesante para escribir?

Yo he pensado a veces que mis personajes femeninos me han hecho más fuerte. De tanto convivir, tanto analizarlas y tanto ver cómo pensaban y actuaban a través de su escritura, pues se han convertido en referentes para mí.

En La novia de la paz me parecieron fascinantes las dos protagonistas y la amistad entre ellas. Porque es una amistad entre seguramente una de las mujeres más famosas en ese momento en gran Bretaña y otra anónima y desconocida, pero que no por eso era menos importante. Ahí también hay una defensa de la igualdad, de que las personas tienen que ser consideradas iguales y nadie es más importante que nadie. Eso también tendríamos que tenerlo muy, muy claro y mejoraría la convivencia. Son cosas tan básicas que, pensar que a estas alturas del segundo milenio estamos tan sofisticados tecnológicamente y luego ese tipo de de cuestiones no están más desarrolladas da qué pensar.

P: ¿Qué crees que le pueden enseñar las dos protagonistas femeninas, Emily y Shayna, al lector? 

R: No hay mejor venganza tras una traición que la felicidad, siempre es posible mudar de piel y las cicatrices tras las heridas indican que el dolor ya terminado. Una enseñanza, ¿no?

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