El ariete, que entró de revulsivo, firmó el 1-0 definitivo en el minuto 87 y le regala a su entrenador Ognjen Zaric tres puntos vitales.
Winterthur es la sexta ciudad más grande de Suiza. Se encuentra ubicada en el noreste del cantón de Zúrich, a unos 25 kilómetros de su capital. No obstante, su club es más bien modesto, humilde. Tiene tres ligas a su nombre, pero todas ellas datan de principios del siglo XX. En 2022 ascendió a la Swiss Super League después de 37 años. Su estadio, el Stadion Schützenwiese, tiene secciones para ver el fútbol de pie, con puestos de comida alrededor. Es pequeño, con una capacidad aproximada de nueve mil espectadores, y una de las gradas ni siquiera tiene butacas. Es un lugar familiar, distinto, identitario. Allí donde el fútbol es un poco más fútbol y donde nosotros somos un poco más nosotros. Pero la gente buena de verdad casi nunca gana, y el FC Winterthur se encuentra en el fondo del pozo con una racha de cinco derrotas seguidas y siete partidos sin conocer la victoria. Al Schützenwiese llegaba un Grasshopper Club Zürich más o menos cercano en la tabla pero ciertamente lanzado por sus últimos resultados. Nada salió según lo previsto: el Winterthur se sobrepuso a las acometidas de su rival y golpeó al borde del final del partido, para jolgorio de sus aficionados.

Sobre el partido: el mesías Kapino
El Grasshopper salió con su capitán Abrashi en el banquillo a causa de unas molestias y con el formidable Tsiy Ndenge portando el brazalete, y apenas en el 6′ el delantero surcoreano Young-joon Lee ya quiso dar cuenta de sus intenciones con un disparo cruzado y un gol anulado por fuera de juego. El Winterthur, rezagado aunque para nada hundido en su área, amenazaba intermitentemente gracias a las pillerías de Matteo Di Giusto, a la sapiencia de Fabian Frei y al corpachón del extremo Lukembila, pero nada de su victoria se entiende sin su portero Stefanos Kapino. Su primera gran intervención llegó tras un cabezazo de Paskotsi. Luego negó un peligroso disparo de Morandi, y a la salida de ese mismo córner desvió a poste el remate a bocajarro de Ndenge.
La primera mitad terminó de morir con un un disparo fuera de Remo Arnold. Esa, junto a un intento de Di Giusto y un centrochut de Lukembila, fueron las ocasiones más peligrosas para el Winterthur hasta pasado el inicio de la segunda. El Grasshopper, no desesperado pero sí volcado al ataque, veía cómo avanzaban los minutos. La entrada de los delanteros Nikolas Muci y Adama Bojang y el debut del argentino Tomás Verón Lupi no acabaron de hacer mella, y el ‘Winti’ se agrandó al son de su grada.

Y así sucedió el gol: el balón, puesto en órbita por Arnold, le fue a caer al central Tobers, ubicado junto a Paskotsi a la altura del centro del campo, ambos muy expuestos. Efectivamente, Tobers erró al querer jugar de primeras, y la juerga ya estaba montada. Durrer se la dio a Baroan, ambos ingresados escasos minutos atrás. Después de aguantar la embestida del propio Tobers, Baroan continuó corriendo en diagonal, solo contra el mundo, contra dos defensas, hasta llegar a las inmediaciones del área y finalizar cruzado con la zurda. Fue una de esas jugadas que llevan escrito el gol: daba igual cómo, daba igual desde dónde chutase Baroan. Esta clase de intuiciones crece en nosotros casi siempre que estamos por presenciar un momento mágico. Lo llevamos dentro: la grandeza, la genialidad, lo extraordinario: todo nace en nosotros. El Stadion Schützenwiese estalló en júbilo. Baroan se quitó la camiseta y se fue a celebrarlo con su banquillo.
Todas las cámaras quieren a Antoine Baroan | Fuente: Alejandro Alonso García
De esta manera, el FC Winterthur suma su segunda victoria liguera del curso y abandona virtualmente el último puesto de la clasificación a expensas de lo que haga el Young Boys en su visita a Basilea. A la vuelta del parón de selecciones habrá de viajar a Vaud para enfrentarse al Lausanne-Sport, rival directo, mientras que el Grasshopper se batirá con el FC Zürich por el derbi de la ciudad.

