El pasado lunes 30 de enero, al mediodía, se produjo una explosión en la mezquita de Police Lines en la provincia de Peshawar, en Pakistán. El ataque ha dejado, de momento, 93 víctimas mortales y, al menos, 170 heridos. La mayoría de las víctimas son policías, dado que la mezquita está localizada en un distrito formado principalmente por oficinas de policía y unidades antiterroristas. De momento ningún grupo se ha atribuido la autoría de los hechos.
Muchos parientes, desesperados, buscan aún a sus familias en los hospitales de la región. Este atentado responde a una cadena de actos violentos dirigidos hacia las fuerzas policiales que vienen produciéndose en esta ciudad del noroeste de Pakistán, cercana a la frontera con Afganistán.
Tal y como ha afirmado Asim Khan, portavoz del hospital Lady Reading de Peshawar, a la Agencia EFE, al menos 170 personas han resultado heridas a causa de la explosión, que provocó el derrumbe de la planta alta de la mezquita mientras más de 300 fieles llevaban a cabo el rezo de mediodía. Así, muchos de los que se encontraban en la parte baja siguen aún enterrados bajo los escombros.
Es precisamente por este motivo que Riaz Mashud, un gobernador local oficial, asegura que es muy probable que el número de víctimas aumente en las próximas horas. Ha declarado a la agencia Reuters que han logrado retirar tres importantes vigas de la estructura de la mezquita, pero que siguen empleando todo su esfuerzo por derruir la que queda. El problema es que no pueden hacer uso de maquinaria pesada porque temen hacer daño a quienes permanecen bajo las ruinas, tal y como relata a EFE Bilal Faizi, el portavoz de los servicios de rescate de Peshawar.
El gran interrogante sigue siendo cómo logró el terrorista entrar en la zona con el chaleco de explosivos. Ghulam Ali, gobernador de Khyber Pakhtunkwa, región a la que pertenece Peshawar, asegura que está en marcha una investigación para clarificar los hechos, dado que la zona está protegida por varios puntos de control custodiados por personal policial y militar.
Uno de los policías heridos declaró a la televisión Geo TV que en el momento de la oración en que se decía “Alá es grande” fue cuando se produjo la explosión. Khawaja Asif, ministro de defensa, ha afirmado que el terrorista permanecía en primera línea en el salón de rezo cuando detonó los explosivos. Además, según la policía, el terrorista era un hombre afgano que residía en Pakistán junto a su familia desde hacía varios años, pero que preparó el atentado en Afganistán.
Peshawar es una zona localizada en el límite de las tierras tribales de Pashtun, una región sumida en la violencia durante las últimas dos décadas. El grupo más activo en la zona son los Talibanes Paquistaníes, conocidos como Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP), un “grupo paraguas” en el que se agrupan facciones sunníes e islamistas sectarias que se oponen al gobierno de Islamabad, así como grupos separatistas de Baluchistán, una provincia más al sur.
El TTP ha negado ser responsable del atentado del pasado lunes. Sin embargo, esta cuestión contradice a la actuación de Omar Mukaram Khurasani, actual líder de Jamaat-ul-Ahrar (JuA), un grupo que, aunque dista del TTP, forma parte de su consejo de liderazgo. Poco después de la explosión, Mukaram Khurasani afirmó que su grupo era responsable del atentado, que servía de represalia tras el asesinato el año pasado de su hermano y anterior líder de JuA, Omar Khalid Khurasani, según informan Long War Journal y South Asia Media Research Institute.
La disyuntiva viene de la respuesta de Mohammad Khurasani, portavoz del TTP y miembro abiertamente alejado de JuA, que ha asegurado que nunca han tenido como objetivo atacar mezquitas, seminarios, o cualquier otro lugar religioso. Ha añadido que aquellos que cometan dichos actos deben ser castigados tal y como ordena la política del TTP.
Cabe mencionar que el TTP lleva 15 años cometiendo atentados con el objetivo de mostrar su repulsa al gobierno paquistaní, entre los que se incluye el intento de asesinato de Malala Yousafzai en 2012 o un ataque en 2014 a una escuela dirigida por el ejército en Peshawar que les costó la vida a 154 personas, la mayoría niños. Además, en marzo de 2022 tuvo lugar un atentado en una mezquita de minoría chií en esta ciudad que dejó 64 muertos y casi 200 heridos. Fue el atentado más mortífero en Pakistán desde 2018.
Aunque los atentados fueron disminuyendo en 2014 tras una importante ofensiva paquistaní, el empeoramiento de las relaciones entre Pakistán y Afganistán con la toma del poder en este último por parte de los talibanes en agosto de 2021 está provocando un nuevo resurgimiento de la actividad terrorista. Pakistán culpa de los atentados a los talibanes afganos, Kabul lo niega. Lo cierto es que en estos últimos meses la seguridad se ha visto severamente mermada en la zona, y han aumentado los atentados orquestados tanto por el ISIS como por grupos separatistas baluches y el TTP.
Además, aunque el TTP trata de desvincularse de los talibanes afganos, comparte ideología y orígenes con ellos, y está detrás de numerosos ataques que se han ido produciendo desde noviembre de 2022, incumpliendo el acuerdo de paz que firmaron con el gobierno paquistaní el año pasado. Existen también informes datados del 21 de enero de este año en los que se alertaba de que los TTP estaban planeando una oleada de ataques en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, de la que forma parte Peshawar.
Otra cuestión esencial a tener en cuenta es que la explosión ha tenido lugar en un momento muy delicado en relación con la situación económica de Pakistán, que sigue enfrentándose a una grave crisis. El país ha solicitado una primera entrega de 1.100 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, parte del paquete de ayudas de seis mil millones de dólares destinado a este estado. Sin embargo, las negociaciones con el FMI se han estancado en los últimos meses. Con ello, las condiciones económicas dificultan que el gobierno desempeñe la labor de protección de la ciudadanía.
Se ha celebrado una despedida ceremonial para los policías fallecidos. Como las víctimas procedían de distintos distritos, el luto se ha extendido por toda la región, tal y como lo describe Kamal Hyder, reportero de Al Jazeera.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, visitó el lunes a los heridos junto con el jefe del Estado Mayor del Ejército, Asim Munir. Ha prometido tomar acciones severas contra los autores del ataque, y ha mostrado a través de Twitter sus condolencias a las familias de las víctimas, afirmando que su dolor “no puede ser descrito con palabras”. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha descrito el bombardeo, a través del portavoz de la ONU Stéphane Dujarric, como “particularmente abominable”, al ser el objetivo un lugar de culto.


