El periodismo no debe tomarse a la ligera, tiene que despertar un espíritu crítico basado en la tolerancia
Nuestro querido periodismo. Tan bello y a su vez tan manipulable. Esta profesión es muy vocacional, ya que, con un sinfín de palabras sincronizadas, pretende informar o entretener. Esta profesión no tiene que ser susceptible al “posiblemente”. Eso marca el inicio de las fake news.
Recientemente, leí una noticia que me dio un vuelco al corazón. Esa noticia es muy importante para la sociedad, pero ha acabado siendo víctima de expresiones racistas. Digamos que el medio cometió una de las mayores barbaridades que pueden llevar a los prejuicios: especificar una nacionalidad. El mensaje que transmitió el medio se podía percibir con tan sólo ver los comentarios de Twitter. En ese momento, entendí qué la verdadera noticia pasó a un plano secundario, y que un detalle insignificante como la nacionalidad se convertía en el foco principal. Como Ryszard Kapuscinski dijo: «El deber de un periodista es informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia».

Tras leer ciertas noticias, te invade el deseo de querer lanzarte a la piscina y contar la verdad. Sin tapujos, sin detalles que inciten al odio. No obstante, en la vida del periodista, no puedes lanzarte a la piscina de cabeza. Es triste, pero un periodista “sin prestigio” no puede opinar de ciertos temas abiertamente. No por falta de espíritu crítico, sino porque esta sociedad, tan humanizada y a su vez aterradora, ya se ha encargado de instaurar cierta “política del miedo”. Tal vez ese deseo, “valentía”, sea porque estoy en esa época de «rebeldía». Considero que es muy importante abordar ciertos temas desde un punto de vista verídico y tolerante, pero con conocimiento.
Es importante que las personas sepan la historia desde el principio, o sino las fake news llamarán a la puerta. El periodismo es una profesión a la que le temen por contar la verdad. Esta labor, tan bonita y bella que están marchitando con sus manipulaciones. Tal y como dijo Ryszard Kapuscinski: «Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante».


