0.6 C
Madrid
domingo, 11 enero, 2026
0.6 C
Madrid
domingo, 11 enero, 2026

Globos de Oro 2026: todo lo que necesitas saber de los premios

Los premios de Hollywood están preparados para...

El Deportivo Guadalajara rasca un punto ante el Cacereño

Los de Pere Martí, sediento de puntos,...

Jugando a las oficinas

Algunos consejos para gestionar tu tiempo, imagen y palabras en la oficina

A menudo resuena en mi cabeza esa canción de The Smiths que dice “I was looking for a job and then I found a job / Heaven knows I’m miserable now”. Normalmente me golpea la voz de Morrissey a eso de las ocho de la mañana, cuando tengo que despertarme para coger el tren los pocos días que tengo que acudir presencial a mi trabajo.

Algo que antes me vendía a mí misma como ventaja, se ha convertido en mi peor pesadilla bajo el lema terrorífico de «gestionar tu propio tiempo». Aunque en más ocasiones de aquellas en las que me encuentro comprometida entre dos axilas de diferentes sujetos en un vagón me sacude ese “I was looking for a job…”. Por lo general, mientras trabajo, o juego a las oficinas.

Trabajar, como señala Beatriz Serrano en El descontento, es solamente un papel que interpretar. Siempre y cuando tu trabajo no se trate de un trabajo manual, físico o de cuidados. Siempre y cuando no seas autónoma o, más comúnmente, falsa autónoma. Trabajar es un papel que interpretar en aquellos trabajos que permiten jugar a las oficinas. Y esto también lo recoge Serrano. 

Jugar a las oficinas es como aprenderse unos esquemitas de protocolo. Hay unas normas, unas formas de mover las manos, de situar el cuerpo, de referirte al otro, de abrir la libreta y fingir que estas escribiendo algo, de convencer al resto de que una tarea requiere más tiempo del que requiere. Y existen, sobre todo, unas maneras muy concretas de referirse a las cosas, de hablar de tu trabajo, de calificar tu puesto y de apelar a tus emociones

Por ejemplo, hay ciertas palabras en inglés a las que siempre está bastante bien acudir para dejar constancia de tu formación y, sobre todo, para que quede muy claro que tú sabes de qué va la cosa, aunque por lo general, no lo sepas. Recomiendo enormemente nombrar tu puesto de trabajo en inglés. Dota de cierto estatus a algo que realmente no requiere de más que de saber utilizar otro par de palabras en inglés que apelan a la organización y la autogestión, al emprendimiento y a la (auto)explotación. En esta línea, resultan muy útiles conceptos como bullet points. Aquí vamos a lo que vamos. Al meollo. Rápido, que hay mucho que hacer.

Te presento mis bullets points después de un poquito de mindfulness y otro poquito de management emocional porque de algún lado habrá que sacar fuerzas para darte estos bullet points en los que tuve que pensar fuera de horario laboral. Ahora, otro poquito de stabilo tono pastel en mi journal para evitar quedarme en la cama pensando en todo el horror que recorre el mundo y mi nevera mientras miro durante horas en Internet varios tutoriales sobre qué rutina coreana se adapta mejor a mi rostro pecoso y acneico. Rutina de skincare que puedo comprarme con el dinero que gano gracias a mis cualidades óptimas, eficientes, competentes, útiles, capacitadas, maximizadoras para utilizar un par de palabrejas en inglés.

Se me ocurren muchos ejemplos más. Y casi todos están ya tratados y con más gracia de la que se me ocurre en El descontento de Beatriz Serrano y en Oposición, la nueva novela de Sara Mesa. En esta última, Mesa captura la red de palabras, términos, conceptos y todo tipo de maneras de referirse a las cosas sin referirse a ellas que configura la dinámica de la administración pública. En este caso, sin muchas palabras en inglés pero con muchas siglas y palabras esdrújulas porque cada oficina, cada juego, tiene sus propias reglas. 

Aunque en este juego de las oficinas no solo hay que saber hablar con el otro, también hay que saber hablar con una misma. Solo muchas fórmulas secretas para un lavado de cerebro eficaz pueden sostener esto. Solo muchas frases copiadas en tazas, paredes, camisetas, agendas, calendarios y bolígrafos pueden conseguir que te creas que “hoy puede ser un gran día” cuando tienes que pasar ocho horas mirando a una pantalla y moviendo las manos de forma que transmitas seguridad según lo aprendido en no sé qué curso de emprendimiento. 

Para poder mantener el jueguecito de las oficinas una no puede decirse a sí misma que está explotada y sobrepasada, que no puede soltar el ordenador por si acaso, por si prescinden de ella. Una tiene que decirse a sí misma que es una control freak, una workalcoholic. Es más fácil decir “no puedo soltar el ordenador porque amo mi trabajo” a confesar “no puedo soltar el ordenador porque pueden echarme en cualquier momento”. Para poder mantener este ritmo frenético, es necesario recordarse a una misma que puede con todo; do it yourself. Y cuando no puedas, has fracasado. Has perdido al juego de las oficinas. Prueba otra vez. Esta vez trata de no sentir nada. 

 

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

‘La fiesta’: descubrimiento y deseo

Tessa Hadley recoge en La fiesta una nouvelle de aprendizaje atravesada por el ansia de vivir Como si de una crónica se tratase, La fiesta (Sexto Piso, 2025) de Tessa Hadley narra el recorrido innegociable por el que toda chica...

En contra del consenso

Sobre la restitución del conflicto y la política en la cultura Basta con encender la radio, la tele o tu dispositivo informativo de confianza para chocar de frente, como si se tratara de un muro infranqueable, con un debate acerca...

Todo aquello anterior a la palabra

Olalla Castro desafía los límites de la palabra con Mañana, su debut narrativo "Cuando mi hija desapareció, esa casa que antes era el habla se vino abajo listón a listón". Así comienza a enunciar Virginia, una de las protagonistas de...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo