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El hielo no es solo de la ‘manosfera’

A través de personajes como Ashton Hall, la manosfera ha impactado en la conciencia pública, pero la conversación sigue lejos de la empatía, de hallar respuestas o futuros alternativos

Despertar a las 3:52. Dedicar seis horas al cuidado personal. Esta es la redefinición del hombre según Ashton Hall, un influencer norteamericano que la semana pasada dio en el clavo de la viralidad. Ha generado tanto asombro como enfado, y ha captado la atención de redes y medios.

“Completa tu mañana sumergiendo tu cara en agua helada”, The New York Times. “Los faciales de hielo de Ashton Hall rompieron Internet”, USA Today.  Este entrenador personal compartía en redes su rutina matutina, inalcanzable y teatral. Su fama despegó cuando una cuenta de X, Tips for Men, lanzó el video a la manosfera. Hoy, el autoproclamado Alpha Male protagoniza titulares, memes y reacciones. Su publicación supera los 750 millones de visitas. Estamos hablando, leyendo y escribiendo sin freno sobre él, y su rutina matutina. La semana que viene, hablaremos, leeremos y escribiremos sobre el siguiente trending topic. Pero que Hall sumerja la cara en hielo a las 5:46, ¿qué significa realmente?

La manosfera, ¿causa o síntoma?

El concepto de la manosfera nació en los años 70 como reacción a los avances en derechos de las mujeres. Su influencia en la victoria del expresidente Trump introdujo el término en nuestro vocabulario colectivo. Su acogida en medios tradicionales y espacios académicos ha sido masiva. De ahí dio el salto a la cultura popular, con series como Adolescencia en Netflix.

Profesionales que llevan años abordando este fenómeno, hoy se ven ahogados por titulares incendiarios, reacciones virales, y la saturación informativa. La manosfera es a la vez espacio de radicalización y eficaz arma de distracción.

La historia se repite

En mi adolescencia, leí en Pinterest que Kylie y Kendall Jenner, de la dinastía Kardashian, usaban hielo para minimizar sus poros. Mis poros de trece años sufrieron la moda, aunque no recuerdo si hubo cambios. Hoy es una anécdota. En 2024, estas influencers promocionaban el Contour Cube, un cubo de hielo con asa, por 26,99 €.

Kendall Jenner promocionando Contour Cube en sus redes sociales | Fuente: Instagram (@kendalljenner)

La moda fue una de las primeras industrias en reconocer la utilidad de los blogueros y los usuarios influyentes de redes sociales” escribe Taylor Lorenz en Extremely Online. Fue en este espacio, marcadamente femenino, donde nació la figura del influencer en los 2010. Hoy la industria vale 650 mil millones de dólares, y crece sin freno desde 2004. Personalmente, observar la línea temporal de modas parece un ejercicio autobiográfico.

La eterna venta

Ser adolescente en 2010 era sinónimo de YouTube (la prehistoria de TikTok). Fue una década de excesos: color, labios grandes, delineados, pómulos saltones, piel bronceada. James Charles agotaba sus paletas, hechas en colaboración con Morphe, en 10 minutos. Kylie Jenner lanzaba el secreto tras sus labios: una gama propia de pintalabios y delineadores.

Kylie Jenner and James Charles Got Together for a Halloween Makeup Tutorial on Youtube
James Charles y Kylie Jenner en 2018 | Fuente: YouTube (James Charles)

En 2025, James Charles ha sido cancelado y Kylie Jenner se ha disuelto el bótox. La pandemia puso fin al maquillaje barroco. Pero no al consumo. Hoy, según Statista, el cuidado facial o skincare supone el 40% del total del mercado de la belleza. Cortisol, rayos UV, retinoides… son nuevas palabras con las que se comercian. Las jóvenes se preocupan por envejecer antes de vivir. Gastan sus ahorros en maquillaje natural, invisible.

En su artículo “El mejor truco para el cuidado de la piel es ser rico”, Amanda Mull señala que el verdadero diferencial es la clase social, no los productos. En un artículo de Elle de 2016 que encuestó a 17 modelos de Victoria’s Secret, ocho de ellas destacaron hábitos como beber agua o hacer ejercicio. Varias más mencionaron trucos baratos, como tiras de poros de farmacia. Ninguna habló de Mzia Shiman, esteticista de las modelos, cuyos faciales empiezan en 200 dólares y pueden incluir LED o microcorrientes (2019).

Ahora, el mercado se expande al hombre joven, prometiéndole el canon de belleza y estilo de vida de Ashton Hall a cambio de seis horas diarias, gimnasio y piscina.

people using phone while standing
Uso masivo de redes sociales | Fuente: Camilo Jimenez (Unsplash)

Todos a una

La conversación sobre la rutina de Ashton Hall se centra en las presiones que enfrentan los chicos de la era digital, pero ignora el factor común entre el hombre del momento y la fiebre por los influencers de belleza: ambos comercian con ideas, en su mayoría, imposibles. Se trazan diferencias innecesarias entre sexos. Las cabeceras hablan en el lenguaje de modas pasajeras. Se obvia, de nuevo, el pleito de la mujer. Se invisibiliza a aquella niña de 13 años, víctima de la industria, y ahora víctima de la manosfera. Y al hombre, poco más que titulares y condolencias se le ofrecen como respuesta.

Entender que es endémico a un sistema es entender que no somos tan diferentes. Yo también he caído en la moda del hielo, chicos. Hall, las Kardashian, el gurú de belleza o de fitness, comparten una lógica común. Tras promesas grandeza, sea por virtuosidad, pintalabios o un madrugón a las 3:50, existe tan solo un secreto: y se llama American Express.

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