¿Jugar o aparentar? El dilema silencioso de los juguetes actuales
Cada vez es más difícil encontrar espacios donde la infancia sea respetada tal y como es: libre, creativa y sin presiones. Incluso los juguetes, que deberían alimentar la imaginación, ahora reflejan las mismas exigencias de imagen que vemos en redes sociales. Estamos enseñando a los niños que antes de jugar, primero deben gustar.
El otro día entré a una juguetería con una amiga, desde entonces no paro de darle vueltas a lo mismo. Cómo llegamos hasta allí con veintidós años fue sencillo, a ambas nos invadió la nostalgia mirando el escaparate. Al final acabamos dedicando unos minutos de la tarde a buscar en cosas sencillas, como lo son los juguetes, la felicidad que un día nos hizo sonreír por última vez. Para nuestra sorpresa, salimos de ahí con una sensación agridulce.
Vimos las muñecas que un día invadieron nuestras estanterías, mientras otras nuevas eran totalmente desconocidas para nosotras. Figuras de Lego a las que les dediqué horas de montaje, juegos de mesa que en su día reunieron a mi familia durante horas y algún que otro juguete más que no faltaba ningún año en las cartas a los reyes magos de cualquier niño.
Antes de irnos vimos unas estanterías repletas de productos de la marca Top Model. No dudamos en acercarnos para ver cuánto habían cambiado. Para nuestra sorpresa, fue una pequeña desilusión. Es cierto que siguen siendo juguetes que fomentan la creatividad y la autoexpresión de los más pequeños. Encontramos cuadernos para diseñar ropa coloreando o recortando cartulinas estampadas, sets para crear atuendos para mascotas e incluso maquillar rostros dibujados en papel. Descubrimos productos de maquillaje que, más que juguetes, parecían pertenecer a una tienda de cosmética para adultos.
En un mundo en el que por la influencia de las redes sociales los niños buscan crecer a pasos agigantados, jamás pensé que una marca de juguetes fomentaría ese mismo salto de etapa. Intentamos alejar a los más pequeños de la influencia de las redes sociales, pero ¿cómo lograrlo si hasta los juguetes, que antes fomentaban la creatividad y el juego libre, ahora reproducen los mismos modelos de apariencia, consumo y perfección que vemos en las pantallas?
Coloretes en crema, iluminadores en polvo y paletas de sombras de ojos disfrazados de inocencia infantil, pero que en realidad imitan los mismos productos de cosmética adulta que se venden en perfumerías. El problema también empieza a ser emocional, empiezan a creer que verse bien es la única forma de sentirse bien. Esto pone en riesgo la autoestima de los más pequeños, que aún se está formando, haciéndolos depender de una validación superficial.
Los juguetes no deberían usarse para imponer estándares de belleza adulta en quienes apenas están empezando a descubrir el mundo. Si permitimos que también en el juego se cuelen complejos y las apariencias, estaremos robándoles a los niños algo que no van a poder recuperar nunca: su infancia. Proteger la infancia debería ser una responsabilidad compartida, desde las marcas de juguetes hasta cada uno de nosotros.

