Sin pódium y con la entrega clandestina de premios, Madrid fue testigo de un hecho histórico
Las imágenes de La Vuelta hablan por sí solas: manifestantes propalestinos irrumpiendo en el circuito, cargas policiales, balas de goma, vallas de seguridad tiradas y el pelotón en tierra de nadie. Una postal inaudita.
Mientras unos se dedican a apartar la mirada y señalar al Ejecutivo de ser «responsable de los actos de violencia que podrían avergonzar a cualquier país», otros mantienen firme su postura de condenar esta barbarie en Gaza. Quizás la pregunta no sea tanto si puede o debe quedarse al margen el ciclismo o no de lo que está pasando. Al igual que tampoco podemos preguntarnos si deben o no posicionarse —políticamente hablando— las celebridades. No hacerlo ya es, en sí mismo, una forma de posicionarte.
La cuestión está en que volvemos a ver que la banalización de la violencia sigue presente. Aún siendo un conflicto ajeno a nosotros, como país, no puede dejarnos indiferentes. Por eso, decenas de Artistas con Palestina como Almodóvar, Silvia Abascal o Rosa Montero han alzado la voz contra la masacre en Gaza.
En la lectura de nombres de los niños gazatíes asesinados, el director español, Pedro Almodóvar, resumía así la situación que atraviesa Gaza: «Alguien llega, ocupa, te mata, te echa y se queda allí». Una denuncia que también ha estado presente en la ceremonia de los Premios Emmy 2025 con Bardem llegando con un pañuelo palestino. El mundo de la cultura se está movilizando, ¿por qué en el deporte no se debería?
Toda acción cuenta y esto lo vemos con la propuesta del presidente de RTVE para la salida de España de Eurovisión si Israel sigue concursando. Sin embargo, hubo quienes se preocuparon más de su propia imagen señalando la protesta como algo «bochornoso», como comparecía Almeida.
Condenar como «actos violentos» la protesta acaecida nos lleva a revisar qué entendemos por violencia. Bombardear un edificio donde viven civiles sí es un acto de violencia. Atacar contra escuelas que servían de refugio, sí es violencia. Ya son 320.000 los desplazados de Ciudad de Gaza y unos 65.000 palestinos muertos. La cifra crece sin descanso.
Pero volviendo a la pregunta inicial —blanqueamiento o condena—, habría que preguntarse qué implica mantener la neutralidad en el deporte o cualquier escenario público. Las imágenes de La Vuelta demostraron, más allá de una protesta propalestina, que el deporte es ajeno a la realidad en la que vivimos. Este no puede ser un espacio apolítico o amoral porque incluso el silencio habla por sí solo. Guste o no, esta Vuelta la ha ganado Palestina.

