Entre las palabras de Lela se hace evidente las crisis de salud mental que deriva de la crisis climática
En mis 21 años de vida ha habido grandes cambios. Cada día poso los pies sobre tierra incierta y estoy aprendiendo a aceptarlo. Sin embargo, añoro la seguridad. En mis momentos desesperados, he conocido siempre una guarida. Un oasis donde la rutina domina las pasiones, ansiedades e inquietudes de mi juventud. Conozco a mi Lela (abuela), conozco su piso y conozco Valladolid. Hasta que el verano quemó la certeza, y dejó algún que otro superviviente escondido tras persianas bajadas, a escondidas del abrasador calor.

Un hogar en el que no cabe vivir
Lela es una mujer vallisoletana de pura cepa, en concreto del pueblo que presume de cuatro catedrales: Medina de Rioseco. Construyó este mismo pueblo un quinto templo: una mujer de fé con cimientos en lo que le importa (Castilla, las tres comidas de cada día, los pequeños placeres seguros), inamovible pero feliz. Tras años en el extranjero, en 2004 volvió a la ciudad que le esperó durante sus viajes. Otra ciudad de la que ella presume, pues “tiene el mejor castellano de España, Eva”…Nunca tendré el corazón para reprocharle su leísmo y la palabra cocreta, que de vez en cuando se escapa.
Sin embargo, vive hoy sobre tierra hecha arena, pero como un barco sin anclar y a la deriva. La rutina y Castilla han sido los arquitectos de su vida. Unos artistas que hoy la han dejado atrás, por las que ahora está en duelo, triste por una ausencia, con un toque de amargura como si de una ruptura se tratase. Porque su tierra hoy la rechaza, y su rutina ya no es una que pueda soportar.
En el bus Oviedo-Valladolid que he cogido le mando un mensaje, preguntando si antes de cenar vamos a tomar un vino (como siempre). Me dice que no, y al llegar, me da la bienvenida un pequeño piso con las persianas bajadas, una abuela en la penumbra. Y a pesar de ello, me sonríe, y veo que por lo menos ya no esta sola. No sabía que hasta ahora había sido así. No sé como no he venido antes.
Medalla de oro en records de temperatura

Hace pocos días hemos despedido un mes marcado por los records de temperatura. Barcelona alcanzó los 40ºC, mientras que Zaragoza y Bilbao experimentaron mínimas nocturnas altas poco comunes de 28,1ºC y 21,7ºC. Estos datos no solo reflejan un mes caluroso, sino una amenaza creciente del cambio climático a la gente que hay tras el número. No se siente solo en unas gotas más de sudor, o infinitas y necesarias horas en la piscina. Esta alza de las temperaturas esta cambiando ya la vida de muchos, convirtiéndose en un riesgo para la salud física y también mental. Esta segunda fue la que se me hizo aparente, y la que tomó forma ante mis ojos, escuchando a mi abuela hablar de su verano. Cuanto más pega el sol, veo como sus ojos se apagan más. Y para otros muchos esta es la realidad de la época.
Hablando con nuestros mayores
Sin darme cuenta, este espectro ensombrecido del cambio climático se ha llevado por delante la vida social, la rutina, la estabilidad y el bienestar de mi abuela. Y siento no haber hablado con ella antes sobre cómo le afecta.
Pregunta: ¿Cómo han cambiado tus hábitos diarios debido al cambio climático?
Respuesta: Pues me toca quedarme en casa mucho más. Por supuesto, en verano, con este calor no puedo salir.
P: Noto que has cambiado tus horarios.
R: Pues claro, han cambiado mis horas de salir. Salgo mucho menos porque el calor es insoportable. Bueno, pero es verdad qué intento qué mi humor no cambie mucho (sonríe).
P: Pero a mucha gente me imagino que sí.
R: Si, hay mucha gente qué se pone de muy mal humor.
P: ¿Notas que Valladolid cambia mucho en verano?¿Mucha gente se va?
R: Si si. Está vacío. Yo vine en el autobús el otro día iba en el último autobús, a las 10 de la tarde. Es el de la cisterniga. En la plaza Zorrilla, mientras esperaba, no había nadie. Suele haber mucha gente joven, cómo era un sábado. Pero en cada parada se subieron solo una o dos personas, y las erratas estaban vacías. Porque no se puede sentar uno en una terraza. Si ayer cuando hemos vuelto tu y yo a casa a las 11 había 30 grados.
P: ¿Y tus amigas siguen aquí?
R: No, se van al pueblo todas. En los pueblos están mejor. La mejor casa es la de Rosita (su hermana). Ahí hace falta una chaqueta. ¿Pero qué hago yo en un pueblo así? Si no conozco a nadie.
P: ¿Desde cuando son así tus veranos?
R: Desde la pandemia no ha sido lo mismo.
“Desde la pandemia”. ¿Puede que más que un punto y aparte, el confinamiento de 2020 fuera un punto final?

Aislamiento social
Elena Sagristá Soria, del servicio de Psicología de la Residencia de Mayores Cruz Roja San Fernando Cádiz, apuntaba en 2023 que, entre los impactos psicosociales de la pandemia de la COVID-19, existen algunas secuelas particulares a la población mayor. En cuanto a la afectación cognitiva, desde su experiencia en el centro nombra los siguientes síntomas compartidos: deterioro de las funciones cognitivas (mayor desorientación espacial/ temporal y personal, pérdida de memoria, disminución de la atención, falta de iniciativa para hacer tareas…), síndrome confusional agudo (se manifiesta como un estado de gran somnolencia e inactividad, acompañado normalmente de síntomas similares al deterioro cognitivo), alteraciones conductuales y cambios en la personalidad, que trae consigo agitación, agresividad, desinhibición o irritabilidad y alteraciones del sueño y de la alimentación. Todo es consecuencia de la modificación de las rutinas.
“La conexión documentada entre epidemias virales y afecciones psicológicas se remonta a más de 100 años, cuando se relacionó la gripe española con complicaciones psiquiátricas. Autores señalan que las pandemias pueden actuar como un factor de estrés debido a la incertidumbre y falta de conocimientos ante la misma. La alta contagiosidad del virus SARS-CoV2, el crecimiento de casos confirmados, los fallecimientos y la duración de confinamiento obligatorio domiciliario como medida pública han repercutido negativamente en la salud física y psicológica de la población anciana. Especialmente, la cuarentena junto al aislamiento social ha provocado una disminución en la participación de actividades sociales y las redes de apoyo social. Además, el exceso de información durante la pandemia también ha causado ansiedad, miedo, tristeza y soledad, provocando un empeoramiento en los trastornos de salud mental previos” (Perez del Castillo, A. 2022).
Con la palabra aislamiento es inevitable ver la correlación de los efectos del confinamiento con aquellos del cambio climático y el alza de las temperaturas. Es así como uno supone que el capítulo que se inició en 2020 (el declive psicológico de la población anciana) quizás nunca haya visto su fin. El verano no es más que otro virus a los ojos de Lela. Y como mi abuela, habrá muchos.
Una lucha de todos
Con ello se distingue en su futuro un camino pesimista si no dotamos entre todos luz al día a día de personas vulnerables. Este será parte de la lucha por salvar al mundo del cambio climático, y un herramienta necesaria en la construcción de un futuro sostenible medioambiental y psicológicamente. En nuestra lucha por mañana hay que tener a pie de cañón a los que vinieron antes, y evitar que la edad se relacione con la soledad. ¿Has llamado este verano a tus abuelos?


